Archivo por días: 29 diciembre, 2008

Firma

Una de las cosas más agradables que me han pasado en los últimos tiempos ha sido firmar un ejemplar de “La Idea del Norte” para Peter. Lo he hecho esta noche aunque se lo daré mañana, a la vuelta de un viaje que sólo me llevará unas horas.

Peter, sí. El blog pensaba que ya no me acordaba de él pero qué va aunque, de hecho, yo creo que el propio Peter pensaba lo mismo hasta que la tarde de la pasada Nochebuena, como hago siempre desde hace muchos años salvo contadísimas excepciones que puedo justificar con tarjeta de casa, me escapé un rato de los preparativos domésticos de la cena para felicitarle la Navidad. Casi un año después, te plantas frente a Peter y es inevitable decirte por dentro: está igual. Claro, por algo es Peter. Todos los niños crecen excepto uno: Peter. Se lo dije a él con asombro: estás igual igual, y contestó diciendo bueno, no creas. Pero sí, que me crean a mí, está igual que hace quince años, cuando me lo encontré por primera vez. Soy yo el que no está igual, añadí. Peter no dijo nada, que es su forma de asentir cuando algo es obvio.

A los dos días llamó por teléfono para pedirme que firmara dos libros. Uno para una amiga que viene del norte de Europa y por eso le pega el título del libro. El otro para él. No lo tienes ya?, pregunté. Sí, pero así contribuyo a la causa. Así es Peter. No como otros, por lo menos como aquel otro, que me paró por la calle y me preguntó si yo era el emejota que había escrito un libro. Sí, lo has leído? No, es que estamos en crisis, sabes?. Pero a continuación me habló de algo que consideraba de mi interés, a saber, mira lo que llevo en los pies. Sí, unas deportivas. No, no son unas zapatillas a secas, son un invento de no se qué científico que las ha diseñado tras observar la forma de andar de una tribu africana que camina descalza y nunca tiene problemas de espalda y tal. Ah. Se las estoy recomendando a todo el mundo, añadió. Y cuánto vale andar como si lo hicieras en África y descalzo?, pregunté por curiosidad. A partir de 180 euros, me dijo. Me quedé pensativo unos segundos y llegué a la conclusión de que prefería pasearme por un libro, igual por el mío no que ya me conozco todos los caminos; otro, no sé.

No me acordé de decirle a Peter cuando fui a felicitarle las navidades que un día, de golpe, me acordé del lugar adonde llegamos un anochecer de invierno rodeados de nieve de cuyo nombre tantas veces hemos querido acordarnos sin resultado. Unos goznes medievales chirriaron quejumbrosamente y de un portón surgió una nubecilla de vaho helado que dijo con voz lenta: el frío va en el precio. Fue en Covarrubias, seguro que luego se me olvida y no se lo digo. Peter tiene mejor memoria que yo por lo general, probablemente porque yo voy haciéndome mayor y él no. De vez en cuando me recuerda, por ejemplo, que yo ya escribí un libro una vez, y que el libro está en un cajón, sin editar, así, en plan encuadernación de andar por casa. Tiene razón. El libro es sobre Peter y a veces me pregunta si se lo voy a dejar leer y yo siempre le respondo que no, que aún no, que más adelante igual.