Nochebuena

En mi casa, la Nochebuena eran los olores.

Los cristales de la cocina empañados y el olor de la sopa de pescado para los abuelos que se empezaba a preparar por la mañana. Desde que era pequeño, desde una mañana lejana de 24 de diciembre como la que estoy recordando viéndome con el pijama puesto, recién levantado y observando desde la puerta de la cocina, no soporto el pescado, es que no puedo ni verlo, pero el olor de la sopa y los langostinos, y contemplar la actividad de mi madre desde muy temprano y a Maribel a su lado me reconfortaba y significaba el inicio de un día especial.

Maribel fue durante muchos años la persona que ayudó a mi madre en las tareas de la casa. Yo me crié con ella. Era una mujer algo mayor, menuda, te miraba a los ojos con ternura pero tenía los labios muy finos y muy mala leche. Un día llamaron a la puerta unos Testigos de Jehová. Cree usted en el reino de los cielos? preguntaron con sonrisa cándida. Maribel torció los labios y respondió: no está mi ama, y cerró entre murmuraciones. A mi me dio un ataque de risa y mi madre salió por el pasillo escandalizada diciendo pero Maribel, por Dios, que yo no soy ama de nadie, y Maribel dijo qué más da y siguió su camino. A mí me volvió a dar el ataque de risa y me mandó a tomar viento fresco. Muchos años más tarde me la volví a encontrar. Estaba igual pero ya no tenía la mala leche anunciada en la línea de los labios. Era abuela. Igual era por eso.

El olor del pavo en el horno. Desde que tengo uso de razón la Navidad en casa es el pavo que prepara mi madre. Lo han probado quienes ya no están y quienes han venido después porque nunca ha faltado a la mesa. Lo hace con paciencia, con su relleno, regándolo de salsa y licor, dándole vueltas en el horno que empieza a calentarse después de comer, hacia las tres y media, porque el pavo se hace lento, requiere horas, y conforme la tarde cae el olor va saliendo de la cocina, se expande primero por el pasillo y el salón y luego sale de casa. Cuando llegas de la calle fría y abres la puerta del ascensor te recibe ese olor que te dice que hoy es Nochebuena y que todo va bien porque mamá ha vuelto a hacer el pavo para todos.

El olor del árbol de navidad. Los setenteros pertenecemos a esa generación responsable del desastre ecológico del planeta, es cierto. Pero veíamos natural tener un árbol de navidad en casa; cierto es que aunque no existía una conciencia ecológica tan acusada teníamos nuestro corazoncito y de eso se aprovechaban cuando nos decían, señora, árboles de vivero, con raíces y todo, luego los recolocamos en el monte.

Ya.

Pero el olor del pino, sí. El olor más maravilloso del mundo era despertarte la mañana del 25 muy temprano, cuando todo el mundo dormía, y desde la esquina de la cama asomabas la cabeza al pasillo y ahí, a lo lejos, veías el ocasional parpadeo de una brizna de espumillón, como si te saludara, y cuando salías de puntillas para comprobar que los juguetes de la noche anterior no eran una ilusión y que seguían allí percibías ese olor a monte y a verde, a nieve y a luces de colores intermitentes que más tarde se grabarían en la conciencia junto con los saltos de esquí de la tele, el turrón en las bandejas y el cava en las copas de los mayores.

La Nochebuena en casa quedó fijada en los olores y en la ilusión que ponía mi madre para que todo estuviera dispuesto; y también en la nostalgia que percibí una vez, fugazmente,  en la mirada de mi padre, tendría yo seis o siete años pero percibí algo parecido a una tristeza momentánea, después volvió de su ensimismamiento y sonrió. Mientras llegaban los turrones y mi madre me preguntaba desde la cocina adónde vas, yo atravesaba el pasillo y me asomaba a la ventana que daba a la calle donde las guirnaldas de luces se mecían atrás y adelante suavemente iluminando la calle solitaria y silenciosa.

5 pensamientos en “Nochebuena

  1. ypuntoaparte

    En mi casa tambien eran (y son los olores) pero de mi niñez, de la noche de Reyes, me quedó en la memoria musical un sonido muy especial, el que hacian las babuchas de los Reyes Magos sobre la alfombra del pasillo de casa y como crugían las telas de sus trajes…aquel sonido me despertaba y me llenaba de ilusion-nervios-esperanza…lo mas electrizante que te puedas imaginar, despues mi madre daba unos golpecitos en la puerte y salíamos a ver que nos habian traido y allí estaban los tres, grandes y brillantes, jamas me di cuenta que Baltasar estaba pintado…algo increible para un niño, y es que a mi casa venian los Reyes Magos en persona.
    Melchor era hermano de mi madre, Gaspar y Baltasar dos amigos y venian a primera hora de la mañana a vestirse a casa, desayunaban, nos daban los regalos y mi padre les prestaba el cohe para ir al hospital y a la casa de la misericordia a visitar a los niños jajaja pero de eso me enteré siendo mayor.
    Todavía el recuerso sonoro de aquellas mañanas… los murmullos, las pisadas amortiguadas y el rozar de las sedas me produce emoción.
    Que disfrutes estos días…y haber si tengo mejor este enlace para dedicarte unos villancicos:
    http://es.youtube.com/watch?v=lTfRuTkhJCk

  2. ypuntoaparte

    No, yo solo te he visto en las fotografias de Kantika, sigo a ese grupo desde que nació, incluso cuando Basilio se estrenaba en el conservatorio de Leioa, en cuanto edite te mandaré algún video de esos días, mas o menos sobre el año 2000.
    Como muchos cuelgan cosas de Kantika, yo me he dedicado mas a Lumega y reconozco que me duele que sean ahora San Juan Bautista…porque pienso que son dos proyectos diferentes y…que se le va a hacer, seguramente será alta política que a mi se me escapa.
    Te leo porque me gusta tu oficio, y empecé a hacerlo, porque hablabas de Kantika, ya ves.
    Y Tudela me resulta un lugar cercano, mi padre estudió allí, en los Jesuitas, el es nacido en Ejea de los Caballeros.
    Que tengas unas felices fiestas
    Un abrazo

  3. emejota Autor

    Lo que demuestra que el mundo es un pañuelo. Curioso. Celebro encontrar por aquí a un Kantikeño de pro. En cuanto a esos Jesuítas me debió pillar mal porque quienes estudiaron antes y después parece que no notaron nada raro; sin embargo, yo duré tres meses y salí de allí con verdadero espanto. Como para perder el curso, por supuesto; aún me dura (el espanto, el curso lo hice en otro centro)

    De la conversión de Lumega en San Juan no tengo apenas noticias y se quedan en los titulares. Lamenté que San Juan se perdiera, al menos el San Juan de los dvd´s, y lamento ahora no haber asistido a ningún concierto de Lumega. Espero al menos que los integrantes de Lumega pasen a San Juan. En los Lumega están algunas de las voces que formaron el “Dream Team” del Kantika que me llegó al alma y que todavía sigue allí.

    Será interesante y bien recibido todo material que hable de los inicios. Muchas gracias y feliz año.

    Un abrazo

  4. toni

    los olores. y los colores, no te olvides de los colores. porque todo es de colores brillantes a partir de las semanas antes de Navidad. y el colofón del día de Reyes, impresionante. en casa de los abuelos de Llucmajor también venían en persona. pero no eran de la familia, sino ellos en persona, que se paseaban (y aún lo siguen haciendo) casa por casa por todo el pueblo repartiendo los juguetes en mano a los niños. es algo fascinante. sí, su realísima majestad, les dije una vez, con reverencia y todo, seré muy bueno. el año pasado me enteré de que en el pueblo también vienen a casa si tiras la carta en el buzón de la plaza. pero este año no nos ha dado tiempo. el año que viene, seguro.
    y esos olores. mmmm… la mesa. el brillo del día fresquísimo, pero de colores. cuánto de todo.

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