Cartas

TolkienNo encuentro el libro que recoge las cartas que cada Navidad, de 1920 a 1942, los hijos de J.R.R. Tolkien encontraban en la repisa de la chimenea procedentes del Polo Norte  y escritas a mano por el mismísimo Papá Noel. No lo encuentro. Y me da mucha rabia porque podría enseñar la caligrafía temblorosa que Tolkien empleaba primorosamente para transmitir fantasías y mensajes (muchas veces de aliento en los tristes años de la guerra). Si encontrara el libro podría enseñar ese detalle y otros; podría enseñar hasta la portada para ver si alguien se lo ha encontrado por ahí y me lo trae de vuelta pero ni eso, claro.

Cuando descubrí las cartas de Papá Noel/Tolkien acababa de dejar de ser niño y eso me hizo sentir que llegaba tarde a algo. Luego sentí más cosas y por este orden: sentí no haber sido hijo de Tolkien, al menos las vísperas del 25 de diciembre. Después sentí no haber sido el mismo Tolkien durante el otoño previo a cada Navidad, porque este hombre se lo tenía que pasar bomba preparando al detalle las historias, el papel avejentado adrede así como las manchas de humedad en el sobre (en el Polo Norte hay mucha nieve y además reina el caos por culpa de las prisas), los dibujos a acuarela que reproducían instantáneas de la cotidianidad de unos personajes que, con los años, aumentaron en número y relevancia en los argumentos de las cartas, la escritura temblorosa simulando un tiritar de palabras debido al frío helador. En resumen, que sentí no ser Tolkien por un rato. Aún sentí más cosas. Sentí no ser padre y ahora, aunque tengo sobrinos, siento no saber dibujar.

(Aunque mira, ahora que lo pienso, la letra sí la tengo temblorosa, y eso hasta sin frío, toma ya)

Las cartas de Papá Noel/Tolkien son una delicia. No tienen el azúcar que se supone en estas cosas; tienen, en cambio, una imaginación desbordante. No es de extrañar que los niños miraran a la repisa de la chimenea con más entusiasmo que a los propios juguetes. Son, además, didácticas: el tamaño de las letras, el tipo de vocabulario y la extensión y temática de las mismas progresa año a año con la evolución del aprendizaje de los niños. Les estimula a leer al comienzo (qué pone, qué pone, qué dice), luego va todo rodado. Lo mismo vale para el contenido: la acción y la fantasía (la parte lúdica) se combina con los rigores de la realidad que tocó vivir a los pequeños Tolkien. Tolkien les habla, por boca de Papá Noel, del dolor, de las penurias, de la necesidad de fortalecerse en tiempos difíciles. Les habla de esperanza. Y les habla de la experiencia de crecer: Papá Noel les acompaña durante unos años y, finalmente, se despide de ellos en una última misiva.

(Leer eso me daba una pena terrible)

Las cartas son, además, asombrosamente detallistas: las letras capitulares están profusamente ornamentadas y Tolkien llega a diseñar una colección exclusiva de franqueo y sellado polar, imitando las franjas horizontales del rodillo de tinta en lo primero y recortando el papel para simular los bordes dentados en lo segundo:

Qué paciencia, qué mimo y, sin duda, qué disfrute el invertido en secreto en la confección de estas verdaderas joyas de artesanía.

En la madrugada que va de hoy a mañana, en la repisa de los Tolkien una mano dejaba unos sobres a los niños. Eso fue hace muchos años, tantos años como necesita el papel en ponerse amarillento sin necesidar de avejentarlo a mano. Yo he perdido el libro que las contiene, no lo encuentro; si lo tuviera, enseñaría por ejemplo la acuarela que delata al Oso Polar cometiendo el desastre de los paquetes ya preparados y apilados, se cayeron todos y por eso algunos tienen los bordes un poco mojados. Por el Oso, que siempre anda metiendo la pata.

7 pensamientos en “Cartas

  1. Rachel

    :-o ¿de verdad hacía eso Tolkien? Qué envidia, me encantaría poder tener esa imaginación y ese don de letras para escribir unas cartas como esas. COn el toque Tolkiano que le quita el azúcar a la Navidad.

    Si lo encuentras ¿me lo enseñarás?

    :P :*

  2. Ferre

    Yo no soy Tolkien, ni fumo en pipa (aunque si me diera por ser fumador, sería fumador de pipa… reconozco que porque da cierta impresión de sobriedad, elegancia y sabiduría). Pero voy a dejar un regalo, que no es carta pero si enlace. Uno que he descubierto hoy mientras dejaba los tradicionales mensajes de felicitación en mis blogs habituales aprovechando un momento de relax entre las últimas compras para la cena y el encierro en la cocina para preparar la cena (cuando hay varias cosas en el menú, uno tiene que hacer hasta un diagrama de Gantt como si de un proyecto de ingenieria se tratase).

    Se trata de los archivos en MP3 de todas las conferencias celebradas en la Fundación Juan March desde el año 1975. SOn unas 2000 aproximandamente y los temas son de lo más variado: arte, ciencia, política, sociedad,…

    Enlace: Conferencias en la Fundación Juan March

    Entre ellas, ¡cómo no!, las de música:

    Enlace: Conferencias sobre música en la Fundación Juan March

    ¡Felices Navidad y Año Nuevo 2009, tanto a tí, Emejota, como a todos los lectores del Azul Norte!

    Ferre

  3. emejota Autor

    No serás Tolkien pero te imaginamos así, Ferre, con pipa y porte de bibliotecario documentalista que, por cierto, de nuevo da en el clavo. Llevaba buscando una de esas conferencias desde… Muchas gracias. Y Feliz Navidad.

    Te lo enseñaré, Raquel, pero si lo encuentro :(
    Feliz Navidad!

  4. toni

    qué envidia los hijos de Tolkien. todas esas cosas que uno hace por los hijos cuando los hijos todavía esperan a que llegue la víspera de Navidad o la de Reyes, y no precisamente para cenar con la familia, sino para sentir que son parte de algo mágico. sólo espero tener la imaginación suficiente para poder alimentar ese espacio de tiempo que van entre el sueño y la boca muy abierta por que los camellos se han comido todas las habas. o la leche con galletas. que eso es algo que siempre me he preguntado: habas y leche con galletas? o lentejas en las zapatillas? menuda mezcla, no?

  5. ypuntoaparte

    Ultimamente no puedo con la lectura y eso que quien me conoce sabe que es como una droga para mi, pero desde que me drogan (quimio) no se que me pasa con los libros que el último que estaba leyendo y con el que me estaba divirtiendo (“Las aventuras de Alonso en la torre de Babel” de Javier Arana) se ha quedado a la mitad y no me pide el cuerpo seguir y terminarlo. Pero si me atrevo a recomendarte uno con el que disfruté antes de este compas de espera: “Suit Francesa” de Irene Némirovsky
    Ah ya se que no tiene nada que ver con Tolkien, del que hace poco reeleí “la hoja de Nigel” pero no sabía donde poner mi comentario para recomendarte este maravilloso libro, no tanto por la historia, sino por la forma de narrala.

  6. ypuntoaparte

    Por cierto en la casa del libro.com tienes:
    CARTAS DE PAPA NOEL
    de TOLKIEN, J.R.R.

    EL ALEPH EDITORES, S.A.
    no es lo mismo que encontrar el propio pero tal vez puedas reponer el perdido
    que lo disfrutes

  7. emejota Autor

    Hola!

    “Suit Francesa” la leí hace un tiempo y también la disfruté, pero gracias por la recomendación (y por el enlace a la casa del libro, le voy a echar un vistazo aunque añoro el propio, sí)

    Conozco (algo) esa nebulosa que se forma entre el cuerpo y la página impresa. Que el compás de espera sea breve y llevadero.

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