Archivo por días: 22 diciembre, 2008

Diario

Jon ya sabe que la nana es suya.

Se asomó ayer noche por sorpresa a una ventana del monitor y expresó su agradecimiento, su sorpresa y su ilusión. De lo último hago un regalo para mí: de la ilusión ajena. Curiosamente hoy hace justo un año de aquéllo y para celebrarlo esa ha sido la música que ha sonado como banda sonora de fondo al viaje a Pamplona.

Le he entregado al médico un ejemplar de “La Idea del Norte” porque me lo pidió hace tiempo. Si no me lo hubiera pedido se lo habría entregado de todas formas, era algo que me salía de dentro espontáneamente, como salió de dentro espontáneamente la nana para Jon. No me había pasado hasta ahora que alguien otorgara un valor semejante al hecho físico de la entrega de un libro, aparte del valor de la intención. Hay enhorabuenas y agradecimientos que también salen desde muy adentro y eso también ilusiona. Dice el médico que es un libro especial para regalar según a quién. Me ha dejado con una incógnita doble: saber el a quién y el por qué. Añado otra incógnita que se me ocurre ahora: es por qué o porqué? Ya estoy en una edad en la que la ortografía juega a hacerte dudar, te vacila.

Mientras esperaba la hora de la consulta he estado sentado en un parque. Ya había pasado la algarabía de la lotería a través de las radios de los bares, los taxis, todos esos lugares que no son tu casa porque te toca pasar el día fuera. Por la tarde los nuevos millonarios ya habían tenido tiempo para hacerse un poco a la idea y los que no, pues a resignarse. Yo estaba sentado tranquilamente en el banco y he echado mano del móvil para enviar a Twitter un pensamiento: ese sol tan luminoso, el azul tan limpio arriba y las lomas de hierba fresca e impecablemente verde parecían significar algo, a saber qué pero desde luego, algo reconfortante.

A la salida de la consulta los colores se habían borrado porque el invierno deja caer la noche con una rapidez notable y al pasar por el parque, de regreso, ya no era lo mismo. Yo tampoco porque iba deprisa, con el tiempo justo para coger el autobús. Conforme el autobús avanzaba por la autopista, la temperatura se ha ido acercando al crepúsculo del termómetro, que es el número cero, y la niebla lo ha envuelto todo. Una niebla densa como hacía tiempo y la bufanda de Gloria-madre olvidada en casa. Y es raro, porque desde que descubrí las virtudes de esa bufanda la he hecho tan mía como el iPod por el que salía durante el trayecto de vuelta lo mismo que salió hace un año, a esas horas, en directo y en otras latitudes más al norte.

Por cierto, la abuela ya está en casa. Esa noticia y que Jon ya sabe que la nana era para él y que le ha hecho ilusión son las primeras buenas noticias de esta navidad, los primeros regalos. Me conformo con ambos.