Naturalezas 13 diciembre, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propiosLa abuela despertó de la operación y lo primero que dijo es que tenÃa hambre y que cuándo llegaba la comida. La enfermera le respondió que le podÃan dar una manzanilla y la abuela puso gesto de asco. Un colacao calentico, pidió la abuela. La enfermera puso gesto de desconcierto. Mujer, un colacao no le puedo dar recién salida de la operación. Pues ya me levanto yo a por él que total tengo que poner las alcachofas para comer. Los allà presentes se apresuraron a detener a la abuela, dispuesta ella a levantarse pensando que estaba en la cocina de su casa y pensando, además, que ella era la de antes. Es normal, es la sedación que le han puesto en el quirófano, dijo el médico. La abuela se volvió a dormir para disolver los últimos grumos de sedación y al volver a ser ella ya no habÃa alcachofas que poner pero sà continuaba el apetito por un colacao calentico. Se tuvo que conformar con una sopa y un puré porque ya era de noche y el menú el del recién operado, que todos sabemos que no da para muchas alegrÃas.
La noche la ha pasado bien y el dÃa de hoy, también, aunque después de comer ha pedido que le trajeran el punto para hacer ganchillo, que se aburrÃa. Mujer, que lleva el brazo en cabestrillo, le han recordado las enfermeras. Y qué, ha respondido la abuela, pero los dedos los muevo bien.
A media tarde me la han pasado al teléfono. La voz de la abuela es débil pero su cabeza funciona perfectamente. Tras ponerme al tanto de los acontecimientos nos hemos dedicado a un asunto al que millones de personas no le prestan mayor atención que la de pasar el trance de compartir unos segundos de ascensor con un extraño pero que para nosotros es de gran importancia: el tiempo.
Para la abuela y para mÃ, el tiempo es un asunto serio. Además, ahora hay que ser comprensivos con la abuela porque José Antonio Maldonado se ha jubilado como Hombre del Tiempo de la tele. Llueve mucho? Bueno, no mucho pero no para. Pero frÃo hará. Eso sÃ. Igual estamos a cinco grados. Menos, casi a cero. A cero! SÃ, en el termómetro de enfrente ponÃa uno o dos pero está protegido asà que tiene que haber menos. Jo, pues igual nieva y todo. Pues igual. Tú estás calentico en casa, hijo? Yo sÃ. Pues no salgas a la calle, yo tampoco voy a salir que aquà estoy calentica. Vale, tienes dolor? No, pero tu madre hace un rato me ha rozado la herida y he hecho ay. Bueno, es normal. SÃ, mañana creo que me dolerá menos. SÃ, dolerá menos. Por lo demás bien? Por lo demás tengo sueño, hijo, pero no me dejan dormir hasta que no traigan la cena. Pues eso será enseguida. Yo creo que tardan. Enseguida entrarán. Bueno, si hiela no salgas a la calle que es malo. No, no, que no salgo. Pues anda, hijo. Bueno, y descansa. Yo creo que sà que descansaré, pero a ver si me dejan. A ver. Adiós entonces. Adiós, hasta mañana.
Siguen diciendo los médicos que la fortaleza de esta mujer es admirable pero para mà la abuela es como un diente de león: entero y frágil. La vida abarca ahora el espacio que hay entre esos dos adjetivos.
Comentarios»
muy bien, enhorabuena
es fascinante la abuela. la fortaleza y las ganas de continuar con sus quehacerres diarios, cuidando a sus nietos y a todo el mundo es lo que hace que las abuenas se conviertan en los seres más queridos del mundo. para los nietos. y para el resto. mándale un abrazo, que la pensamos mucho.
Son fascinantes esas naturalezas que han llegado hasta donde han llegado sin biberones esterilizados ni suelos por los que el mayordomo del algodón pasa revisión ni leches enriquecidas en tanats cosas que uno se pregunta cuánto habrá de leche en un litro de leche, ni en bebidas isotónicas, ni, ni. Ni nada. Va a ser esa la clave: nada. Que el sistema inmunológico se enfrente a todo y luego, claro, asà nos sale. Estamos criando una generación tan aséptica que se van a morir todos antes de los 40, como en la Edad Media, igual, solo que con antibióticos de plástico para que no hagan daño al estómago.
Qué razón tienes. Y qué maja la abuela.