Fractura

Esta abuela mía, esta abuela nuestra, porque cuántos lectores me han dicho estos días con la sonrisa cariñosa en los labios: he leído el libro, cuánto me he reído con la abuela, pero qué abuela tienes más maja, un beso para la abuela; pues eso, esta abuela nuestra que no sabe que está en los papeles y a la que no le importaría nada, seguro, sonreiría con cierto escepticismo y luego diría, rodillo en mano, que va a amasar para hacer rosquillas, se ha vuelto a romper la cadera.

La otra.

Empeñada en levantarse en cuanto te das la vuelta, aprendidos todos los trucos en estas semanas de convalecencia de la anterior operación, pidió si le podían acercar algo de la cocina, un vaso de agua, dar una vuelta para asegurar si estaba el fuego del cocido apagado, alguna cosa de estas sería, y aprovechó los escasos segundos del encargo para ponerse en pie con la intención de ir a buscar en los cajones. Lo de mi abuela buscando y rebuscando en los cajones tiene cojones porque desde que la conozco es su afición favorita y no sé cómo se las arregla para que cuarenta años después todavía haya cosas nuevas que sacar de los cajones, aunque estas cosas nuevas sean del año de la polka, bolígrafos gordísimos de la prehistoria de la ergonomía y el diseño, libritos alucinantes y alucinógenos sobre la vida y milagros de santas y mártires, fotos descoloridas de una familia que posaba en color cuando todos eran niños, imposible seguir la lista si tenemos intención de culminarla en un punto y seguido o punto y aparte, según vayamos a cambiar de tema o no, como marcan los cánones de la correcta expresión escrita, imposible porque los cajones de la abuela son cajones sin fondo, como los sombreros de los ilusionistas, solo que los ilusionistas no pasan el rodillo sobre la masa para hacer rosquillas. Tampoco se rompen ambas caderas en un tiempo record.

Jo, que diría ella.

Lo diría primero porque esta vez no pudo alcanzar el cajón y lo diría también por estar otra vez con la monserga de la cadera, así lo llama ella, la monserga; por lo demás, está tranquila, excepto que a las cuatro de la tarde quería levantarse un rato para pasmo de las enfermeras que le dicen pero María, otra vez por aquí, qué pasa, tan bien la tratamos la otra vez que quería volver o qué. Lo dicen con ese tono alto y de maneras didácticas con el que las enfermeras se dirigen a los enfermos pensando que además de enfermos están sordos y además son niños; esta vez no andan desencaminadas: la abuela está más sorda que sonora, como el cine de sus tiempos, ella dice que iba al cine y salía un señor que no hablaba y que se caía todo el rato mientras la gente se reía a carcajadas menos el señor del cine, que no sonreía nunca. Yo creo que se refiere a Buster Keaton, porque mi abuela es de esa generación y no de la de Benicio Del Toro, por seguir con la letra be. Alguien que ha visto en una sala a oscuras “El Maquinista de La General” tiene más probabilidades de llegar a los 95 sin hacerse una mamografía siquiera, como dijo en su momento Gloria-madre, confesa admiradora de mi abuela.

Dónde estábamos.

Sí, en la habitación del hospital. A mí me ha entrado el característico abatimiento de estas ocasiones, quizá un poco más espeso por la cercanía de la Navidad, o por ser la segunda operación sabiendo que jugar dos veces al mismo número en ciertas cosas es un riesgo, o un poco por todo. Pero también he descubierto que yo seré fatalista y pasaré miedo y que sufro una acusada sensación de indefensión ante la realidad circundante pero creo que en el fondo no soy un blando. Quiero decir que se puede pasar miedo y no ser miedoso; que puedes esconderte en la burbuja de la lluvia que cae y meterte de cabeza en el oleaje grande, caerte y no hundirte e incluso hundirte sin caerte. No sé si me explico porque hoy tengo la expresión fluída y borrosa al tiempo.

Soy un ser paradójico.

Mañana operan a la abuela a última hora de la mañana. Ya veremos a ver qué pasa, si vuelve a imponerse la férrea voluntad de vivir de la fortaleza de esta mujer, del todo insólita en palabras de los médicos, aunque poco a poco se vaya debilitando, que es ley de vida. Al final todo resulta ser un engaño y acabas como acabas; mientras tanto, la infancia te entretiene, y después te entretiene lo demás; luego ya no tanto y de ahí para abajo. De momento, la preocupación de mi abuela es ver dónde tiene el pañuelo para sonarse la nariz y meterse unos chutes de Respibién a base de bien. Los médicos ya claudican en decirle que eso no es bueno. Y hacen bien. Si yo tuviera 95 años y volviera a llevar pañales, mandaría al cuerno al médico que me viniera con la historia del Respibién.

Cuarenta años de rosquillas después, mi abuela no ha dejado apuntada la receta. Eso es un desastre natural, como lo es todo al final, por mucho que nos empeñemos en no verlo.

9 pensamientos en “Fractura

  1. Iona

    Hola Mariano,
    Siento lo de tu abuela.
    ———————————–
    Ya he hablado con toni y he aclarado todo. Me había equivocado. Me ha tenido que ayudar alguien en casa y decirme algo así como: pero ¿te estás volviendo loca, no ves que cada uno tiene su blog y uno habla de un tipo de música y otro de otra….?
    y nada más, me parecía mal decírselo a uno y no a otro.
    Iona (ojo no te confundas con la de antes!)

  2. Rachel

    Jo, con la abuela.

    Esperemos que esta tarde vaya todo bien, que es una campeona. Dale un abrazo enorme (otro para ti)

    (aclarado por fin el lío Iona, menos mal :D)

  3. toni

    ánimos, emejota. para tí y para la abuela. desde aquí pensamos en ella un par de veces al día por lo menos. quieres que le enviemos una ensaimada o algo? mándale un ramo de flores desde aquí. y un vasito de tranquilidad, para que estés tan seguro como lo estamos aquí de que todo saldrá bien.

    (Iona, no te preocupes, un fallo lo tiene cualquiera. además, hay días en los que incluso yo tengo dudas)

  4. C.

    Me alegro de que la operen cuanto antes, finalmente. Y por supuesto que se entiende que la fortaleza de ánimo no borra ni el miedo, ni el abatimiento, ni la pena ni la rabia, pero es roca capaz de sostener todas esas sensaciones y muchas más. El corazón está para sentir.

    (qué pasa, has estado leyendo últimamente a Saramago? :) )

    Un abrazo y que todo vaya bien.

  5. emejota Autor

    Gracias a todos!

    (No pasa nada, Iona. Ya me gustaría tener la inventiva de toni para crear historias, ya; y la memoria. Qué tío)

    (Aún no he empezado el último Saramago, C; pero va en breve)

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