Balada

Se ha muerto la señora de enfrente. Y qué pasa. Hombre, pues que se ha muerto. Mi único contacto con ella era visual y se limitaba a verla pasar los domingos por la mañana a misa erguida sobre sus tacones y una vez al año intuirla en la cena de Navidad. Eso era lo mejor. Vivía en una casa grande y antigua que durante las demás noches del año permanecía con las persianas bajadas dejando ver una débil luz en un punto concreto pero en Nochebuena se iluminaba de manera intensa, luz blanca, amarilla y anaranjada, como de mantelería limpísima y cubertería de plata, algún matiz rojo como de flor de Pascua, alguna transparencia sonora como de copa de cristal fino y la intuición de la presencia de mucha gente por algunas sombras móviles que, de pronto, se deslizaban tras las cortinas como si estuvieran escondiéndose entre risas.

Yo miraba desde la media tarde cómo esa luz preparatoria de la reunión navideña iba ganando terreno a la vista conforme el sol desaparecía y los transeuntes iban y venían allá abajo, en las aceras, ajenos, cada uno a lo suyo, los pequeños de la mano de los mayores, las bufandas y los guantes, el olor a castañas asadas, alguna zambomba sonando, paquetes envueltos en bonito papel de regalo, gentes solitarias, personas agrupadas en la confluencia de un encuentro entre calles dándose besos de feliznavidad y apasarbuenanoche, alguna nostalgia que se escapa del aliento en forma de vaho. Y la luz intensa, blanca y amarilla, en las ventanas de la casa de enfrente donde la señora que se ha muerto hoy ejercía de anfitriona

Recibiría a los invitados con alborozo en las estancias caldeadas, el olor acogedor de las salsas y del asado flotando en el aire, el ahoraestoyconvosotros, quetengoelpavoenlacocina, los últimos cubiertos que corren presurosos a la mesa desde alguna mano solícita, las bandejas con los dulces, las copas alineadas en perfecta conjunción esperando un baño de burbujas. Seguramente algo sería cierto o sería todo muy distinto pero yo me lo imaginaba exactamente así, como la cena de Navidad que abre “Fanny y Alexander”, las mismas habitaciones, el mismo árbol de navidad, la misma madera en edad y lustre venerable, las risas sinceras y las que esconden tristezas, los pañuelos de encaje en la mano, los trajes de gala, de frac, de marinerito, de señorona, de niña con lazo en el pelo, el farol en la calle temblando sobre un montón de nieve. Y la canción. La música de Navidad es triste siempre menos la canción que cantan en la Nochebuena de “Fanny y Alexander” mientras los invitados corren y recorren las habitaciones en una larga cadena de manos enlazadas y mofletes enrojecidos.

Así se encendía mi imaginación cuando me asomaba al cristal y veía las luces de esa casa grande iluminada una vez al año con ganas de desquitarse del eclipse del resto de los días del calendario. Hoy se ha muerto la señora de enfrente, a la que recuerdo a ratos como la verdadera señora de enfrente y a ratos como la señora de enfrente del sofá, la de la pantalla del televisor, la anfitriona de “Fanny y Alexander”. Cuando la película se termina las luces de la sala se encienden pero hay ocasiones en que se apagan en un fundido en negro para siempre. Eso es lo que pasa y después pasa como si tal cosa.

3 pensamientos en “Balada

  1. Iona

    No sé quién era pero lo siento por su familia y amigos (sólo creo recordar una casa grande en algún sitio próximo y a alguien que un día imaginé viviendo allí, pero que nada tiene que ver con esa señora de enfrente que ya no está).

    (qué bonita Fanny y Alexander)

  2. toni

    el olor a cena de nochebuena es un olor especial. tiene algo de dulzón, que camina por debajo del frío de las burbujas que esperan para caer en las copas y saltar de alegría. huele a casa caliente y a adornos, a esa ropa que no te pones más que una vez al año, porque no hay bodas ni comuniones ni bautizos a los que ir en invierno y la guardas en el armario esperando el cambio de año. huele a turrón y a aceitunas y al paté que hacía la abuela. huele a principio y a final, a espera y a esperanza, a días sin colegio y a deseo de la noche de reyes. el olor a cena de nochebuena es de los que más me gustan de todo el año. y sí, yo también me la imaginaba así. de hecho, la señora de enfrente de este lado del mar es exactamente igual.

  3. Rachel

    La señora de enfrente de emejota es la señora de enfrente y medio lado de mi cocina. Yo la veía poco, de soslayo más bien. Y alguna vez estuve en su salón. Alguna Navidad pasamos a dar un “concierto” muy peculiar a esa casa grande y antigua y ella se sentaba en el centro, rodeada de toooda la familia. Pero eso hace unos cuantos años, ahora ya no. (es extraño)

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