Kissin

“Cuando saben exactamente lo que hacer y lo hacen ellos mismos, no molestes”
Herbert Von Karajan (1908-1989), director de orquesta.

En el magnífico documental “Karajan: la belleza tal como yo la veo”, de Robert Dornhelm, oigo decir a Arabella Von Karajan que “sólo una vez vi llorar a mi padre y fue al final del concierto con Kissin en Salzburgo“. No me extraña. Se refiere al Primer Concierto para piano de Tchaikovsky que Kissin interpretó con 17 años el 31 de diciembre de 1988.

Desde que cayó en mis manos esa filmación, recuperada en dvd como parte del material conmemorativo del centenario del nacimiento del mítico director de orquesta, ha venido reclamando un espacio casi todas las noches de una manera magnética. Aunque ya conozco (y re-conozco) cada uno de los detalles, tanto de la música que suena como de la música que se ve, me entrego a la tarea con el placer de lo que aún resulta novedoso y casi sin usar. Vamos, que eso que llamamos alma, espíritu, sea lo que sea que nos hace vibrar y nos alienta y alimenta, queda conmovido y consolado a un tiempo, que esa es una de las grandezas de estas cosas, y queda conmovido y consolado una y otra vez, sin merma en lo primero o en lo segundo. Y eso es impagable.

Qué ocurre en ese concierto de Salzburgo, primero de Kissin en la escala mayor de los grandes escenarios y primera despedida de un Karajan deteriorado físicamente al que le quedan unos meses de vida. Pues ocurren muchas cosas. Lo de Kissin impone mucho porque sale a escena bastante tenso, se sienta al piano con un tic en el cuello que no le abandonará en todo el concierto y desde el momento en que lanza sobre el teclado el ataque de sus manos sientes que estás ante alguien que no sólo tiene una técnica poderosa y deslumbrante. Lo que suena, y de la manera que suena, es electrizante, vital, hondo, desgarrador, poético, como si ese concierto hubiera sido compuesto para Kissin o como si Kissin llevara en su interior la experiencia musical y vital de diez veces sus diecisiete años. Porque hay quien pone el vigor de la juventud en estas obras que tanta calorías requieren sin llevar por dentro las cicatrices y la sabiduría que se adquieren pacientemente en el camino y que son de obligado pago para conseguir penetrar en la epidermis de estos poemas. Pues eso logra Kissin. Impactante.

Hay transmisión también. En todos los sentidos y a cualquier dirección. Entre Kissin y Karajan para empezar. Recordaba Kissin en 2007 que, en los ensayos previos, “en cualquier momento del concierto mis tempos eran demasiado rápidos para su gusto aunque conseguimos llegar a una suerte de compromiso”. Y es cierto que una vez llega el primer solo del concierto, uno tiene la sensación de que Kissin se afloja el nudo de la corbata y se hace con los mandos con una autoridad indiscutible, a pesar de que no le quita el ojo a Karajan en cuanto el fregado de teclas que tiene que atender le permite sacar la cabeza un instante para mirarle con respeto reverencial, como temeroso de recibir en cualquier momento una mirada fulminante del intransigente Karajan. En absoluto pasa eso.

Miradas. De miradas va la cosa. Por ejemplo: Kissin mira a Karajan y nosotros también, pero como no tenemos la mano derecha y la izquierda en el campo de batalla de las teclas, ni ambos pies en los pedales, ni sentimos la presión de una orquesta venerable ni la sombra de un director legendario en mitad de un directo, lo que miramos con sorpresa es que Karajan dirige con los ojos abiertos, algo insólito en él que repetirá la mañana siguiente en el Concierto de Año Nuevo de 1989 en Viena, su última aparición televisiva a escala planetaria. ¿Dirige Karajan o se deja mecer por la música que coreografía? Creo que hay un poco de todo y un mucho de lo segundo; lo que está claro es que su actitud es la de alguien que parece querer atrapar en la retina de esos ojos tan abiertos cada segundo de lo que vive y que está disfrutando lo indecible. Lo demás marcha solo y cuando eso ocurre no importa que el señor de la trompa no esté afortunado en sus entradas o que se produzca un inoportuno retraso en un timbalazo; el sonido de la Filarmónica de Berlín sigue siendo impecable y le sienta muy bien a Tchaikovsky pero, sobre todo, quien manda es el joven Kissin. Pide Karajan y Kissin se lo concede inmediatamente. De tal manera y con una química tal que en un momento concreto Karajan deja de dirigir llevándose las manos al pecho y girándose hacia el piano, como quien implora algo, y ese algo llega inmediatamente con la certificación de un asentimiento de agradecimiento antes de que las manos vuelvan a moverse en el aire, arriba y abajo, como si el aire fuera un fluído denso e invisible.

Dice Kissin en el documental de Robert Dornhelm: “cuando acabé de tocar se hizo un silencio absoluto, avancé hacia él entre los demás y lo ví enviándome un beso con la mano. Más tarde nos dijimos todos adiós y al estrechar la mano de mi madre le dijo señalándome con el dedo: genio”.

Un documento histórico puesto a la venta a un precio muy económico (9,95 euros el dvd).

12 pensamientos en “Kissin

  1. emejota Autor

    Hola Sergio,

    yo lo compré en la FNAC pero estará en cualquier tienda que tenga sección de clásica. Lo puedes comprar a través de internet también

    Un abrazo

  2. Iona

    – ¿y cuántos meses llevaba kissin sin pasar por la peluquería?
    – vaya preguntas que haces últimamente, Iona.

    (gracias por tu post y por compartir con nosotros lo que está pasando en ese concierto, qué bonito!)

  3. C.

    Sí, precioso. Ahora lo queremos ver, claro.

    (pero Iona, tú no te acuerdas de los pelos de los 80? Porque yo llegué a llevar un cardado parecido, je,je)

  4. Iona

    (por eso me gusta tanto kissin, qué simpático, aunque mi pelo no subía para arriba, me temo, más bien para abajo, y también me servía para ponerme las trenzas como Pippi Långstrump.)

  5. toni

    yo prefiero no comentar el tema del pelo en los años ochenta, porque podría perder cualquier atisbo de posibilidad de éxito en cualquier grupo que se precie y que conozca el significado de la expresión vergüenza ajena. así que limitaré a abrir mucho la boca y levantar una ceja y a añadir a mi lista de deseos de la fnac una copia del concierto. cómo me gusta escucharte, emejota. en serio.

  6. toni

    uy, C. tú no sabes dónde te estás metiendo. habrá que darse los correos para proceder a un intercambio de fotos. emejota, tú haces de juez?

  7. C.

    Mantengo el desafío: es que ser chica en los ochenta daba para muuuucho; ya sabes aquello de las hombreras gigantescas, glitter en el pelo, esmalte de uñas negro, etc.

  8. Sergio

    por fin!!!
    ya lo tengo, he venido a Zaragoza unos días y por fín lo he encontrado.

    mil gracias.

Deja un comentario: