Blechacz

Rafal BlechaczEl tipo de la foto parece que es Rafal Blechacz pero no lo es. Tendríamos que ponerle un palito a la ele de Rafal (véase de nuevo la foto) y eso son cosas de la lengua polaca a las que el teclado castellano no alcanza. Puestos a mirar la imagen de la derecha, a ver, cuántos años le echamos a Rafal Blechacz. Sean los que sean, seguramente habrá que restar porque tiene 22. Sólo. Sí, sólo, pero es que la languidez polaca y el blanco y negro tienden a poner años. A mí lo que me gustaría es tener la constitución ósea de esa mano en la que descansa su barbilla, aunque para ello tuviera que tener una mano en blanco y negro y la otra en color. Soy de buen conformar.

Tenía ganas de escuchar a Blechacz. En octubre de 2005 se llevó los cinco premios atribuídos en el Concurso Internacional de Piano “Fryderyk Chopin” de Varsovia y lo hizo con la suficiente rotundidad como para dejar desierto el segundo puesto del premio principal. El fallo del jurado fue unánime, cosa que no siempre ha ocurrido. En los ochenta, Marta Argerich, a la sazón miembro del jurado, dijo que el premio debía ser otorgado a Ivo Pogorelich y sus compañeros discreparon. Cómo, pregunto airada ella, y se levantó dando un do de mano a la mesa y los mandó a paseo. Ese golpe de mano fue el que llevó a Pogorelich al estrellato, habiendo quedado segundo. Del primero nadie recuerda el nombre. Lo que son las cosas. A Blechacz le bastó con su propia mano, más bien con las dos, y lo suyo fue tan claro que, en estos tiempos de progresiva extinción de esa cosa llamada industria discográfica tal cual la conocemos, un mandamás de Deutsche Grammophon le ofreció un contrato por seis años, como a los futbolistas, igual.

El disco de la foto es el segundo de los tres que Blechacz tiene que grabar como mínimo para cumplir. El primero estuvo dedicado a los 24 Preludios de Chopin pero no he tenido aún oportunidad de escucharlo. Ahora llega este con un cambio de registro, me da a mi que obedece más a una elección personal que a la imposición de la discográfica. Este cedé de Sonatas incluye un curioso menú degustación de la Sonata Clásica: Haydn, Beethoven y Mozart. Suficientemente suculento como para probarlo. Me vine a casa con él bajo el brazo y me puse a ello y ocurrió una cosa curiosa: hacía tiempo, pero que mucho tiempo, que no ponía un disco para probarlo y al final lo escuchaba de tirón y con placer. Eso pasó. O pasaron. Sesenta y un minutos para ser exactos y como si nada, o como si mucho, porque dieron mucho de sí y al mismo tiempo se sucedieron rápidamente. Y eso es buena señal.

Para mí, Rafal Blechacz es el Hombre Tranquilo del piano. No entusiasma pero en absoluto resulta gris; no es electrizante pero es elegantemente expresivo; está dotado de una técnica poderosa que, sin embargo, no exhibe gratuitamente; tiene tendencia en ocasiones a animar los tempos pero al mismo tiempo es detallista, pulcro, y no parece tener prisa. Y escuchar con esas características y con ese pulso el primer tiempo de su Haydn, el último de su Beethoven y todo su Mozart justifican que sesenta y un minutos y un segundo, que es lo que dura el recital, se encojan. Hay que seguirle la pista.

9 pensamientos en “Blechacz

  1. toni

    por eso, en casa, hay vinilos. porque te obligan a estar pendiente de ellos, a mantenerlos limpios y sin motas de polvo que entorpezcan y arañen las notas. pero sobre todo, a escucharlos. porque los vinilos hay que darles la vuelta una vez escuchada la primera cara de cada uno (los hay dobles e incluso triples), y eso requiere precisión y atención. la música hay que degustarla. los cedés son distintos, huelen distinto, brillan demasiado, suenan pulcros, como si les acabaras de pasar el cristasol. los ipods son para otra cosa.
    coda: me has abierto el apetito.

  2. emejota Autor

    No lo sabía, RMF, pero ya lo he visto. Muy curioso. Me gusta mucho ponerles voz a los músicos, “ver” su color. Los vídeos del concurso sí los conocía, tanto por YouTube como por otros canales con fama más clandestina. Los pobres :)

    Un abrazo.

    Vas a terminar por convencerme para recuperar del cuarto trastero los vinilos con su crepitar acumulado, toni. El sonido de los cedés es un de un pulcro que engaña: al principio nos dejaba con la boca abierta pero tras el deslumbramiento del primer momento (deslumbramiento en todos los sentidos -qué irisaciones!) nos empezamos a dar cuenta de que esos graves del piano no sonaban tan redondos y que Gilels y otros parecían sentirse un poco desubicados, o como si tuvieran frío, algo raro cuando no tocaban en directo, sino que era un diferido del elepé.

  3. David

    Mira como son las cosas, hacía tiempo que no me pasaba por aquí y resulta que ayer por la noche, encontré un video suyo tocando el concierto nº1 de Chopin para piano y orquesta. Ha sido la versión que más me ha gustado. Hoy vuelvo al norte y me encuentro esto!

    Gracias Mariano ;-)

  4. Iona

    no sé a qué demonios se refieren cuando hablan de los cedés y los deslumbramientos. Que venga alguien a explicarlo, por favor, tengo curiosidad. A mí, mientras tanto, me da igual una cosa que otra, un cedé, un vinilo, un youtube, cualquier cosa que suene diferente a lo que tengo en mi iPod.
    ah, y se me olvidaba, ¿para cuándo la primera clase de inglés? ¿o ya nadie se acuerda? también tengo curiosidad por escuchar voces en directo, que ya nos vale con tanto diferido, digo yo.

  5. Iona

    por eso también lo de las voces. El carácter se escucha de otra manera en directo. Aunque sí, debo de tener carácter (como las buenas escocesas!).
    (ahora entiendo porque no quieres dar clase conmigo…)
    un abrazo

  6. Iona

    (es que ya sabes que lo mío no son los números…tengo un problema muy raro con los números, hace tiempo que vengo comprobándolo.)

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