Archivo por días: 17 noviembre, 2008

Mutter

Anne Sophie MutterEsta tarde nos vamos al Auditorio “Baluarte” de Pamplona para ver y escuchar a la violinista Anne Sophie Mutter. Si no fuera por el violín que lleva en la mano cuando sale a escena se diría que la Mutter es una diva de ópera, tal es su presencia y sus maneras. Está encantada de sí misma, al menos lo parece. Aunque motivos tiene de sobra la matización es pertinente porque escuchándola en las entrevistas y diversos making-of se advierte una constante necesidad de recordárselo a sí misma, como si en realidad no lo estuviera. La de los genios es una existencia turbulenta, y lo mismo que a la hora del concierto tienen que dar la cara luego acarrean con su cruz, vete a saber. La Mutter es una todo terreno que parece disfrutar poniéndose a prueba. Carácter y talento para abordar los retos no le sobran, desde luego. Otra cosa es que salga bien parada porque es desconcertantemente irregular. Esta tarde se mete entre arco y espalda las tres Sonatas tres de Johannes Brahms y, aunque me parece un disparate de programa, sospecho que esta mujer brilla precisamente cuando se mete en estos lances.

Lo que diferencia a Anne Sophie Mutter de otros intérpretes de primera línea es que parece valerse de las obras para mostrarse a sí misma. Interpretar-se. Solo así se entiende que tras un instante genial haga una cosa muy rara que no viene a cuento con el argumento de la partitura pero sí con un mira qué bien me salen estos pianísimos, por ejemplo. Desde luego, le echa valor y eso dice mucho a su favor: admiro al intérprete que se arriesga. Otra cosa es el resultado.

Esta tarde la Mutter viene con las tres sonatas de Brahms. Casi nada. El hecho de que comience por la segunda apunta más a una estudiada distribución de energías o a un progresivo crescendo que culmine con el apoteósico y atronador aplauso que toda diva espera que a la intención de mostrar la evolución estilística en el tiempo de estas obras. El tamaño de las letras del cartel no engaña: aquí manda ella. Luego viene Brahms. El pianista, que en Brahms se las ve y se las desea, no parece contar mucho. Por de pronto, su nombre no viene impreso en las entradas siendo como es también un músico excepcional. Pongámoslo aquí: Lambert Orkis. En los 2 dvds correspondientes a las Sonatas de Mozart, que también interpretan juntos, aparece en la carátula en una tipografía significativamente exigua cuando, al menos en los recitales que ambos discos contienen, está muy por encima de ella. Vuelvo a sospechar que eso ocurre porque las Sonatas de Mozart son poca cosa para la Mutter y que lo que de verdad necesita es encerrarse con unos mihuras para que la adrenalina saque de ella ese punto de valquiria que tiene y nos deje temblando. Esperemos que así sea. Si no, al menos nos vendremos con la satisfacción de haberla visto en directo, oportunidad que no se tiene todos los días.

El principal problema que presenta enfrentarse a la integral de una música tan frondosa como la de Brahms es que para cuando suena la última sonata ya no quedará en el aire nada de la primera, que recordemos va a ser hoy segunda. Y eso es una pena porque esta segunda sonata es un claro en el bosque y quizá debería ser considerada de esa manera, con la penumbra del silencio alrededor. Hay obras así.