Archivo por días: 5 noviembre, 2008

Bufanda

Llegué a casa el domingo después de comer con la abuela (la abuela era una abuela de noviembre el domingo pasado) y miré las llamadas en el visor del teléfono. Se repetía un par de veces un número que me sonaba de algo, y no de riiiiiing precisamente. Pero no caí quién estaba tras ese número hasta que a media tarde llamó Gloria-madre para preguntar dónde me había metido y para anunciar que ya estaba hecha la bufanda. Vas a estar en casa?. Sí, le respondí. Pues me pongo un abrigo por encima y te la bajo. Intenté disuadirla mientras por la ventana veía cómo el temporal agitaba los árboles y encogía en sus abrigos a las pocas personas que pasaban por la acera. Pero no hubo manera. Dijo ella: es que mañana me voy de viaje. Dije yo: no será para un año. Y ella: no, sólo una semana. Y yo. pues ent… Y ella: nada, no digas nada, que me pongo un abrigo por encima y te bajo la bufanda, no vaya a ser que con estos fríos te acatarres.

Estas frases de Gloria-madre me producen mucha ternura y mucha gracia al mismo tiempo.

¿Y si te acatarras tú al venir con lo que está cayendo? Bah, yo tengo ya setenta años y ya me puedo morir y tú todavía no. Visto que no había manera de convencerla le dejé que se pusiera por encima un abrigo y pasara por aquí. No tardó mucho. He llamado en otro piso, dijo entrando con rapidez y llevándose la mano a la boca, como quien ha hecho una travesura. Creo que no me hizo caso cuando empecé a explicarle que había tenido suerte, porque el vecino del piso al que llamó o no abre o te echa un bufido y no te abre. Vamos, que no te abre. Pero, como iba diciendo, creo que no me hizo mucho caso porque enseguida sacó de una bolsa de plástico un bulto de lana que desplegó ante mis ojos. Te gusta?, preguntó algo temerosa y algo orgullosa de su trabajo. Mucho, mucho, le contesté. Era verdad. Me gustaba (me gusta) mucho; azul (obligado color, azul oscuro) con unas franjas en los extremos de color bermellón.

Me explicó que había dispuesto las franjas de manera asimétrica, es decir, que las franjas de un extremo no eran iguales a las del otro. También me explicó que lo había hecho así pensando en mí. No supe cómo interpretarlo pero sí cómo tomarlo: bien. Y los flecos cortos, añadió. Yo ni siquiera había reparado en eso; me mostraba la bufanda como si fuera algo más que un trozo de lana y, ciertamente, era algo más. Luego me enseñó diferentes maneras de ponerla sin necesidad de decirle previamente que soy muy torpe para eso. Me conoce bien. Se la ponía ella misma ahora de esta forma ahora de la otra y me fijé que llevaba una gota de lluvia en el cristal derecho de sus gafas (la gota estaba quieta, posada en la cara interior del cristal). Los catarros se cogen por la garganta, así que te la pongas de una manera o te la pongas de otra, que te tape bien esa garganta. Yo le dije que, de crío, mi abuela siempre decía que iba muy despechugao. Es verdad, sí, vas muy despechugao, tápate bien con la bufanda. Y a continuación, como si se acordara de repente de otra cosa (cosa muy normal en Gloria-madre) hiló el final de esa frase con el principio de esta pregunta: quieres que te haga otra? Me apresuré a responder que no, no, mujer. Por qué no? así te la hago de otro color! Y yo: que no, que no, que con esto ya tengo suficiente. Y ella: ya… no te gusta? Y yo: que sí, de verdad, pero con una bufanda, suficiente, que tiene mucho trabajo.

Entonces ella se puso muy Gloria-madre: mira, emejota, está hecha puntico a puntico. “Está hecha puntico a puntico”, me repetí a mí mismo por dentro porque me gustó oir eso. No se refería a la dedicación que había empleado en términos de tiempo, sino a la dedicación y punto, que sabe mejor. He de poner eso en el blog, le dije. Y ella repitió: puntico a puntico, en vez de decir si le parecía bien o si le parecía mal, como quien repite un gesto cuando sugieres que eso lo quieres fotografiar. Entonces, como también es habitual en ella, le entraron las prisas por marcharse. No son horas de visitar las casas, emejota, sentenció. Pero si son las siete de la tarde! Bueno, serán las siete pero tengo las maletas por hacer. Pues como quieras. Sí, me voy y a la vuelta te llamo y quedamos para tomar algo, que me tienes abandonada. Yo?. Sí, y ponte esa bufanda bien que vas muy despechugao y los catarros se cogen por la garganta. Que sí. Y si vas a Pamplona no te la dejes en casa. Que sí.

Y entró en el ascensor.

Por la ventana, la vi marcharse.