Concierto

Marta ArgerichEl día que escuché a Martha Argerich interpretar la Sonata en si bemol menor de Chopin girando en el disco plateado del cd experimenté algo parecido a una descarga eléctrica. Eso fue nuevo. Hasta entonces, yo asociaba la música a una amplia gama de placeres pero aquí la paleta de placeres estaba multiplicada y amplificada y, además, con calambre. Ese efecto sigue ocurriendo dos décadas después porque es lo que tienen los discos: que atrapan el instante, el aliento, el tiempo. Y la descarga. Desde entonces, nadie me ha hecho sentir algo parecido, ni de lejos. Qué tía. Antes de ponerse a tocar, Martha Argerich es puro carácter, una fuerte personalidad; después es duende. Cuando toca, Argerich se transforma, muchas veces hasta físicamente, por eso resultan tan interesantes las grabaciones en vídeo de sus recitales. Demuestra un poder que tiene algo de mefistofélico y que impone muchísimo. Es una mezcla de trance y lucha, y no precisamente lucha con el instrumento en el sentido de ay que no llego, ay qué apuros paso. No. Porque la técnica apabullante y prodigiosa de la Argerich parece venirle dada, parece venir de serie; uno de esos misterios que se manifiestan desde el parvulario sin necesidad de saber en qué consiste la caída de brazo o el ataque de muñeca.

Técnica apabullante y virtuosismo abrumador lo poseen muchos; que eso lo subordinen al interés musical o, dicho de otro modo, que esa sea la principal herramienta de expresividad lo hacen pocos, muy poquitos. En el caso de Argerich, hay un componente añadido que la hace única, un caso raro y excepcional: hay una personalidad volcánica que enciende la música, la prende, ya sea en el climax de un pasaje agitado o en el rincón íntimo de una melodía delicada. Lorca decía que los enduendados tienen que luchar a brazo partido con el duende, que lo suyo es un duro combate. Esta mujer lleva varias décadas en el campo de batalla, en primera línea, entregándose a fondo sin desfallecer. Y cuando le sale el duende te graba una Sonata como la de Chopin que te corta el aliento, o un Concierto en Sol de Ravel que es pura energía y poesía. Sí, eso es Argerich en esencia: pura energía y poesía. Y las raras veces en las que el duende no aparece, raras porque el duende y Argerich está claro que deben de tener un pacto o hacen buenas migas, pues entonces ella cancela, porque algo le dice que no es el día adecuado para tocar, porque le intimida un detalle del auditorio, porque vete a saber.

Esta tarde, si el duende está de buenas, tengo la oportunidad de verla en directo en el Auditorio de Zaragoza. Me ilusiona el hecho en sí, me ilusiona que la persona que me ha hecho este regalo haya pensado en mi ilusión y que venga conmigo a esta aventura. Argerich tiene la capacidad de convertir cada interpretación en una aventura apasionante, siempre nueva y siempre viva. Ante todo, viva.

4 pensamientos en “Concierto

  1. David

    Crucemos los dedos :P. A ver si hay suerte y puedes disfrutar de semejante privilegio.

    Ya nos contarás!

  2. toni

    esperamos que aparezca el duende y que puedas sentir esa descarga que solucione todos los problemas por un instante, aunque sea pequeño, y entonces no pienses y sólo sientas. eso es una gozada. cuando ocurre, lo recuerdas durante años (porque decir que lo recuerdas siempre es arriesgado, que siempre es mucho tiempo). salvando las distancias y las músicas, un BB King o una Etta James en el Conde Duque, en segunda y en sexta fila respectivamente,o un Prince en el Wembley, en cuarta, y un Pear Jam en Revolver contra el escenario, también tuvieron su duende y sus correspondientes descargas. qué tiempos aquellos.

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