Jubilación

Hoy es el cumpleaños de mi madre. Es un cumpleaños especial porque marca el principio de su jubilación. Motivo de júbilo para ella y para todos, que la veamos libre (sobre todo que se vea libre) de madrugar y trabajar definitivamente. Ojalá sea el inicio de una etapa tranquila y satisfactoria, como debería ser toda jubilación, tranquila en lo posible y satisfactoria por poder hacer lo que te de la gana, ahora me voy al parque con los nietos, ahora me levanto un poco más tarde, porque esta mujer ha tenido una vida azarosa, hay que ver, que el marido se te vaya al otro barrio cuando estás en la treintena y tres hijos en el mundo, que a los tres meses te comuniquen que uno de esos hijos pues tiene una cosa seria para toda la vida, en fin, solo estos dos motivos son suficientes para que, incluso sin ser ella, digas, madre mía (claro, no va a ser la tuya).

Mi madre y yo mantenemos algo así como un “conflicto afectivo”, palabra que suena horrorosa por lo de conflicto y que ya no nos permite escuchar lo que viene después, afectivo, con su uve suave. Yo creo que ella no rehizo su vida por lo mío (rehizo es una palabra que, esta sí, siempre me ha sonado fatal pero que se usa para estos casos) y creo que yo nunca he empezado a hacer la mía del todo por ella. Esto a los psicoanalistas les pone muchísimo, de hecho el mío levanta la ceja del papel cada vez que sale el tema y yo me acomodo en la silla entrecruzando los dedos a la altura del diafragma con placer. Pero estamos en ello, en lo segundo quiero decir, porque sobre lo primero dicen que para el amor no hay edad pero lo que no dice el prospecto es que cuando uno se acostumbra a estar a su aire pues al final tan ricamente. Estamos en ello madre e hijo bajo la observación del psicoanalista que en esto actúa como el Gran Hermano de la tele, la vida en directo, pásate por el confe de vez en cuando a ver cómo va todo y tal.

Si 27 años después mi madre no concibe que vaya al médico sin ella al lado porque así ha sido desde que tenía 11 años ahora llevamos mantenidas una serie de charlas en las que le he hecho comprender que igualmente útil me va a resultar (si no más) a la hora de empezar a vivir mi propia vida, porque me doy cuenta de que salir de esta especie de coma que es haber estado mirando al mundo a través de una burbuja te desorienta, te confunde y te hace sentir un poco perdido para las cosas. De paso, dice el psicoanalista que así ella no se sentirá relegada, porque de hecho no tiene motivos para sentirse así, pero sería normal en estos casos, añade. No conoce el psicoanalista a mi madre, en el sentido de que nunca te dirá anda hijo mío y déjame tranquila que ya tardas, por Dios, no, pero tampoco se sentirá relegada como una huérfana de Dickens o dolida como una heroína de telenovela venezolana porque ella siempre dice: tienes que sentirte libre y buscar lo que te vaya a hacer sentir mejor, que es un trasunto de lo que debió pensar, sentir y poner en práctica ella misma hace ya mucho tiempo.

Mis sobrinos, que son sus nietos, han sido los primeros en felicitarla porque hoy les ha llevado al cole: jubílate para darte el primer día un madrugón. Pero la cuesta arriba no la ponen los madrugones sino la causa de los mismos. Hay causas que hacen feliz un madrugón, sobre todo cuando dos canijos dan botes en la cama cantando el cumpleaños feliz y discutiendo sobre quién tiene que abrir el regalo, si la abuela o Carlos, que él cuando ve un regalo lo quiere abrir porque los regalos se abren y se mira lo que hay dentro.

4 pensamientos en “Jubilación

  1. C.

    Aaaaah, ya: el cumple es el de la madre del artista! Felicidades igualmente y a disfrutar de la jubilación (pero muy importante: que la disfrute ella, no solo los demás !!!)

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