Archivo por días: 29 octubre, 2008

Temporal

Hoy en Pamplona ha hecho un día helador. Ventisca, agua (no sé si helada o no, pero desde luego lo parecía) y paraguas con las faldas levantadas de repente por un viento grosero que dejaba al aire (nunca mejor dicho, al aire) las vergüenzas de una varilla metálica torcida. Un paraguas con sus varillas torcidas resulta una cosa muy grotesca, tiene un punto obsceno, no sé. En fin, que un día de temporal y de nuevo en Pamplona.

Observaba yo esta mañana durante el trayecto que salgo más a la calle en Pamplona que en la ciudad en la que vivo, que dista unos 95 kilómetros. No he pensado más en eso, si era muy normal o no, porque al llegar a una rotonda el termómetro marcaba 7 grados pero en la siguiente, a escasos metros, marcaba 3, y me he preguntado si entre los termómetros digitales habría discrepancias internas y tensiones laborales.

Empiezo a familiarizarme con el paisaje pamplonés en el sentido de que ese verde-abeto y esos abetos verdes me resultan sumamente atractivos para la vista y tranquilizadores para el resto de los sentidos. Miraba por la ventana y he recibido un sms. Que si el día me parecía lo suficientemente Norte, y a eso le seguía un guiño irónico. Era una lectora del blog. Le iba a contestar que era un día Ideal, con i mayúscula para seguirle el rollo del blog pero ya habíamos llegado. Caminaba embutido en forros varios pero sigo echando en falta los guantes (tengo que buscarlos) y la bufanda que me está haciendo Gloria-madre, que un día se pasó por casa con unas madejas de lana para que eligiera colores y después se fue corriendo porque tenía prisa.

Con estos fríos tan grandes ocurre una cosa que no es para tomar a broma: desde que tengo eso que algunos médicos, deleitándose en el tecnicismo, llaman poliglobulia y otros que ya están un poco de vuelta del vademecum denominan sangre gruesa, que viene a ser lo mismo, es decir, demasiados glóbulos rojos que hacen que la sangre se espese, pues lo paso mal. Porque el cambio de la temperatura normal a la exposición repentina de lo que hoy zarandeaba la ciudad y la hacía tiritar, produce que las venas se contraigan, con lo que la circulación aún empeora más, y sientes un dolor de cabeza súbito y muy raro, porque no duele en un sitio fijo; duele en una sien y de repente se mueve al otro lado o se va para atrás, y el pensamiento se ralentiza, y una sensación de mareo o de no las tengo todas conmigo, o las manos se duermen o parecen acribilladas por diminutos alfileres. Si alguien me para por la calle a preguntarme por dónde se va a tal sitio puede que me cueste pronunciar que ni idea porque no soy de aquí (vamos, de allí). No es que no pueda hablar, sino que me salen las palabras como cuando desconectan a HAL 9000 (momentazo), lentas, espesas, confusas; como el cuerpo, que parece que pesa más de lo normal. Y para qué seguir si, total, al menos por el momento se pasa enseguida. Mejor referirme a otra cosa más curiosa que ha ocurrido después.

No sé si he estado a punto de pensar que igual debería trasladarme a Pamplona o incluso darlo por hecho porque soplaba tanto viento que se ha llevado volando ambos pensamientos antes de que uno de ellos tomara forma definitiva en la conciencia anteponiéndose al otro. Pero aunque me he quedado en ascuas me ha parecido destacable que estuviera a punto de pensar algo así. ¿Estará cambiando algo? ¿O habrá sido un espejismo mental producido por los glóbulos rojos, tan gordos y robustos ellos (y numerosos) en un momento de atascón por el frío? Queda un invierno por delante y muchas visitas, casi semanales, para salir de dudas. Pero mejor ir con guantes y esperar a que la bufanda que me está haciendo Gloria-madre se esté haciendo. Que si no me compro una, aunque se enfade.