Archivo por días: 26 octubre, 2008

Varios

Lo que tiene el postear intermitentemente es que se van acumulando pequeñas cosillas. Los cumpleaños, por ejemplo. Le da a todo el mundo por ponerse de acuerdo y cumplir años en octubre, más concretamente en una zona concreta de octubre; hay días que toda a dos cumpleaños. De momento solo se me ha pasado el que se me viene pasando desde hace siglos: el de mi amigo Carlos. Acordarme me acuerdo, pero o mucho antes o algo después, nunca en el día exacto. Está acostumbrado, menos mal. Octubre es un mes en el que cumple años gente muy cercana e importante para mí. Aunque yo no cumplo años este mes he recibido un regalo muy especial. Esto:

Me han invitado al concierto que dan Martha Argerich y Mischa Maisky en Zaragoza el próximo día 3 de noviembre. Aquí hay varias suertes juntas: de un lado, que hubiera entradas (da lo mismo que sea una entrada “lejana”); de otro, que “ella”, llamémosle así a la Argerich, tenga a bien rozar estas latitudes, con lo poco que se prodiga, en estas y en las otras. Pero la mayor de todas las suertes es la oportunidad misma de verla. Martha Argerich es, para mí, la única pianista viva que capaz de volatilizar mi apatía ante estos eventos y transformarla en ojos y oídos bien abiertos y un no sé qué revoloteando a la altura del pecho. Da lo mismo que ya no toque sola, o lo haga en contadas ocasiones o en contados minutos. Argerich tiene duende, todo el duende. Y como tal, impone. Lleva la tormenta en la cara y en la punta de los dedos, y a veces de esa tormenta sales zarandeado y otras veces esa misma tormenta es la que necesita pasar ella para extraer un instante exquisito y regalártelo. Hace tiempo escribí en este blog que Argerich es la Reina de la Noche. Lo sigo pensando. Ahora hay que confiar en que no cancele, cosa a la que tiene cierta inclinación. Toquemos madera, o tecla.

Están los cumpleaños, las clases, los últimos preparativos para la edición en papel de “La Idea del Norte” (habemus portada), la grabación (ayer y hoy por la tarde) de los niños de Escoleia; en fin, el suficiente número de cosas en las manos y en el pensamiento como para necesitar de esta hora extra que hemos tenido esta noche aunque, ahora que lo pienso, ni me enteré. Vendrán tiempos más pausados.