Frío

La cosa va con tanto retraso que el primer día de otoño ha resultado ser primer día de invierno, y el cielo azul de ayer hoy era gris y los 20 grados se han enfriado hasta los 8. Y viento del Norte.

Vamos, maravilloso.

Soy un ser de invierno (o soy en invierno); en las demás estaciones, no tanto. Soy o no soy, esa es la cuestión meteorológica. Pero un día como el de hoy en el que, como ocurre últimamente, me despierto hacia las 6 y me levanto para hacer hora porque toca coger el autobús de las 8:15 con destino a Pamplona, hace que me encuentre en mi elemento. Tiritando, claro, pero una cosa no quita la otra. Quién nos iba a decir ayer que hoy las manos nos pedirían unos guantes cuando los guantes se habían quedado en casa en el cajón de las cosas de enero. Habrá que recordarlo para el próximo viaje. Mientras tanto, busquemos refugio en los bolsillos.

Pasear por la zona verde de Pamplona tal día como hoy es un placer, porque el verde del césped está recién estrenado y sobre él se posan, en círculos perfectos, las hojas secas que ha dejado caer el árbol desnudo. Y a cada paso te encuentras con una estampa que reclama tu atención y no te arrepientes de haber cogido un autobús anterior al habitual porque así el reloj no protesta.

En el psicoanalista.

Ha dicho que mañana hace un año que llevo sentado en esa silla, la de la izquierda; porque él está sentado allá pero aquí hay dos sillas, una a la derecha y otra a la izquierda. Yo creo que elegí la izquierda porque desde ese ángulo se habla mejor con este hombre. La colocación importa. Pues un año. Yo he manifestado cierta sorpresa por la casualidad y me he atrevido a decir que entonces mañana hacemos un año juntos y él se ha sonreído mientras subrayaba algo. A veces apunta (las más) y otra subraya (las menos). Creo que me intriga más lo que subraya que lo que apunta. Como regalo de aniversario me ha dicho una cosa muy bonita referida a este blog.

La vuelta.

No sé si habrá sido lo del aniversario con el psicoanalista pero con el iPod en la mano he recordado que hace un año se grabó la Nana de Leioa. Ha sonado por los auriculares y he caído en ello, o ha sido al revés. Pues no me acuerdo. Pero que ha sonado, eso seguro. Y me he pusto a transitar la obra. Una cosa es escuchar una obra y otra transitarla, recorrer sus líneas, las rectas y las curvas. Hay muchos niveles de audición. Está la música impermeable, que es la música de fondo, como la de la sala de espera del psicoanalista con esos violines que digo yo que se habrán forrado con los derechos de ejecución porque suenan en todas las consultas del mundo. Es un enigma que sean necesarios tantos violines para tocar a una sola voz esa mezcla de temas algo peliculeros y un pelín rancios que suenan por los agudos. Esa música suele ser impermeable porque en la sala de espera el señor de la izquierda está punteando algo en la pantalla táctil de su móvil y la señora de enfrente está leyendo una revista (“Lecturas“, algo de la Reina en la portada).

Luego hay música permeable, esa que te empapa. Pero aunque te empape no quiere decir necesariamente que la transites. Esta tarde la Nana de Leioa ha reaparecido, un año después, y me he decidido a transitarla, a ver cómo se conservaba; y he recorrido las primeras voces, portadoras de la única parte que no escribí yo porque venía ya hecha de fábrica, y las segundas (que en algunos momentos funcionan de primera por exigencias del guión). Y las terceras, donde está puesta la atención y la intención. Y las cuartas, que son el sustento del conjunto.

Si los directores desplegaran esta nana sobre la mesa igual que hacen en las películas de aventuras los capitanes de los barcos con los mapas de los mares y los océanos, verían que las terceras y las cuartas hacen un dibujo, que está dibujado a posta, y que no es otro que un vaivén de cuna para que el niño se duerma y esté tranquilo (y de paso su madre). Uno deja caer imágenes musicales, que no es lo mismo que una música que sugiera imágenes. Las segundas se notan, las primeras no. ¿Entonces? Pues entonces no pasa nada y no importa, ese es el encanto; saber que está dentro y ya está. He entrado en la nana y al final he salido sin hacer ruído. Un año después, no tocaría de su sitio una sola nota, no vaya a ser que algo se caiga y haga ruído y el niño se nos despierte y me venga la madre con ese “non ves que al neñu hermosu me lo despiertes?”. Pues oiga, no era mi intención, de verdad. Qué será del niño cuando crezca. De eso la nana no dice nada.

5 pensamientos en “Frío

  1. C.

    Al neñu me lo vas a despertar por hacer ruido con tanto ruido
    (capisce? ;) )

    A ver si al frío le da por quedarse, sí…

  2. crishu

    Pues el niño puede convertirse en el niño Jesús si la nana la cantas en Navidad cosa que durante años me tocó hacer.

    Para mí el niño ya podría tener una edad puesto que creo que la primera vez que la cantamos tendría yo unos 12 o 13 años..pero prefiero seguir imaginándome un bebé que con tu obra, ha vuelto a hacer ;)

    Felicidades por el aniversario…nos pasamos el día felicitandote eh?

    Beso/abrazo

  3. Iona

    El frío ha vuelto, por fin, y si miras al horizonte puede que hasta veas algo blanco en la cima de una montaña, y todo de repente, sin avisar. Entretanto, los guantes todavía en alguna caja del trastero, y casi seguro que compartiendo estantería con alguna que otra caja pendiente de abrir, si mal no recuerdo.
    (yo prefiero felicitarte el día de tu onomástica, si no te importa, pero ésa es otra historia).

  4. toni

    el frío ha empezado por aquí. un frío relativo, porque catorce grados no es mucho frío, pero el suficiente para que le ponga el forro de invierno a la cazadora de la moto (que las siete y cuarto de la mañana es un poco prondo para andar dejando que el aire se filtre por los poros de nada, ni siquiera la cazadora). y es con esta temperatura con la que me gusta escuchar y transitar música (qué gran definición, emejota), sentado frente a los altavoces, en el sofá, con los ojos muy abiertos. incluyendo tu nana, claro. feliz aniversario.

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