Ánimo

Yo creo que escribo tanto sobre mi infancia porque el resto, incluyendo el ahora, está desdibujado en la niebla. Ese es una de mis preocupaciones principales, una de mis sombras, junto con el desencanto y la incertidumbre generalizadas que siempre están ahí, sobre el escenario en el que me desenvuelvo, pero que se hacen más visibles cuando el ánimo se desinfla o inicia la cuesta abajo, no sé cómo denominarlo realmente. Sé cuándo y cómo empieza pero no sé etiquetarlo. Igual sería adecuado llamarlo “apagón”.

Las últimas noches apenas he dormido, por una parte porque me siento incapaz de conciliar el sueño antes de las 3 o 3 y media de la madrugada y por otra porque me despierto de golpe, indefectiblemente, hacia las 6, y ya no hay manera de volver a dormir, porque me despierto con un desasosiego muy raro y una actividad mental considerable. Como para dormir. Cuando pasa eso un día, pues bueno. Pero al tercero la factura se presenta con unos síntomas reconocibles que, inevitablemente, llevan al apagón, que no es de golpe, sino poco a poco, pero sin pausa; puede empezar con el descuido voluntario de una obligación pequeña o con una melancolía que te viene de repente; suele seguir con un enmudecimiento que no siempre es verbal, puede ser un enmudecimiento de la escritura, de la capacidad de formar frases sin que eso suponga un esfuerzo considerable. Luego llega la línea recta, el cese de actividad, la nada, una pausa, un calderón, fíjate la de cosas que sirven para referirse a una misma cosa, lógico cuando esa cosa dura muchas horas en las que lo único que pasa es el tiempo. Finalmente, no se sabe cuándo, vuelve la luz, también poco a poco, y se manifiesta de una manera curiosa; uno siente como si se aligerara una carga que lleva encima, quizá hasta respiras hondo un par de veces, te acuerdas de esa pequeña obligación que descuidaste voluntariamente y te pones a ello; sonríes, hablas y recuperas la facilidad para escribir una frase detrás de otra colocando los puntos y las comas en su sitio. Pero la niebla, el desencanto y el desconcierto siguen ahí, al lado, lo que pasa es que con la luz se les ve menos, quedan en la zona de penumbra. Y aunque el ciclo se repite todavía no se sabe con claridad la causa o las causas.

Por si acaso, y dado que están en los primeros puestos de la lista como sospechos, los 0, 8 mililitros de inyección subcutánea a 600 euros/dosis que tocaba administrarme esta noche los voy a dejar para mañana; en primer lugar, ahorramos un día más; en segundo lugar, ponemos una pequeña esperanza en que mientras tanto se restablezca el servicio tras el apagón y casi que ponemos una vela para que así sea porque si no, el resto de los 0, 8 mililitros de la anterior dosis que todavía quede en el organismo se acabará y no podré teclear un post, ni ponerme en pie, ni dormir de lado, ni vestirme, ni toser, ni andar.

No llevo bien este contraste, lo confieso; contraste o elección, o las dos cosas, que hoy estoy de apagón y me cuesta ver las palabras. Pero creo que se entiende lo que quiero decir: que o mal de una cosa o mal de la otra, sin término medio aunque yo esté en medio, y eso creo que es lo que me desgasta y de ahí viene lo de la niebla, el desencanto y la incertidumbre. Hay quien me escribe y me dice que me quejo. Pues claro que me quejo, no te jode. Hay quien me escribe y me dice que soy algo así como un valiente y que ellos no podrían. Pues no, no soy ningún valiente y sí, ellos sí podrían porque no les quedarían otros cojones. Hay un tercer tipo de personas que me escriben y me hablan de la fuerza mental y que cuando no se tiene, pataplaf. Yo no tengo fuerza mental (yo tengo un lío mental en todo caso) lo que pasa es que no valgo, no tengo valor ante los pataplaf.

La primera vez que un médico carraspeó y me preguntó con cierta incomodidad si alguna vez había pensado en quitarme la vida le contesté que yo no valgo para eso. Se quedó callado un rato. Esto fue en 1994, me acuerdo perfectamente. La última vez que me lo preguntaron fue mi psicoanalista, hace un par de meses, y le contesté lo mismo. Lo debí contestar de manera vehemente porque se volvió a quedar callado y dijo que yo estaba enganchado a la vida en el fondo y que era como un pajarito que quiere cantar pero que está encerrado en una jaula; en este caso, cantar es vivir y la jaula es mi propio cuerpo. A veces uno se cansa de darse cogotones contra los barrotes, señalé yo. Ya, claro, respondió él. ¿Crees que es cuestión de valor quitarse la vida?, preguntó reconduciendo la conversación. Y de valer, añadí yo. Lo apuntó en un folio. Yo creo que el hombre se quedó más tranquilo. Pues mejor. El hombre anda sumido en la incertidumbre también. Lo que nos une es que ambos no sabemos por qué estoy allí y sin embargo entendemos que debo estar allá, en la consulta. Yo me atreví un día a aventurarle que lo mío al final será una depresión de 27 años de evolución (el tiempo que llevo enfermo) y que ahora está eclosionando por la llegada inminente de los 40, que biológicamente los 40 hacen cosas raras, por algo el tópico habla de crisis. Es probable, dijo él tras meditarlo unos instantes. Yo pensaba que iba a decir que vaya tontería y sin embargo dijo que es probable y lo anotó en un folio. No sabía si sentirme satisfecho por mi deducción o chafado porque no fuera él quien me pusiera en la pista, que para eso es el jefe del asunto y le pago una pasta. Mientras tanto, los 0,8 mililitros de solución inyectable esperan en su cajita en el frigorífico por si acaso.

8 pensamientos en “Ánimo

  1. C.

    No te diré ni que te quejas sin razón, porque si uno no se puede quejar justificadamente, ¿qué le queda? Tampoco te diré que yo no podría, porque, como dices, por cojones hay que poder, pero unos pueden mejor y otros peor: yo creo que tú lo haces muy bien. ¿Fuerza mental?, un poquito hace falta, sí, pero sobre todo hace falta apoyo emocional y afecto incondicional; seguro que se te ocurren unas cuantas personas que te lo dan. E incluso con eso, es normal de necesidad que llegue el bajón. De eso no se salva ni el que encuentra el afecto incondicional de Dios mismo, mira lo que te digo.
    Intenta descansar (no te consolará saberlo, claro que no, pero yo estaba a las 4:20 con los ojos como platos; si me pasa muchos días, yo también me quiebro, y sin más motivo…)
    Un abrazo fuerte y mi deseo de que hoy te traiga algo que levante el ánimo, aunque sea algo muy pequeño, ya me entiendes.
    (pero ponte el elixir)

  2. eve

    Uf cuantas cosas te podria decir sobre lo que has escrito en el post hoy y es que a mi me pasa casi como a ti, a veces me quejo mucho y otras veces me apago sin saber la razon, la diferencia es que mi bajon es directamente proporcional a mi subidon, a veces creo que puedo con todo y otras creo que no soy capaz de nada. Pues si te quejas es normal, el dolor y el llevar enfermo tantos años tiene que ser un aburrimiento y te tiene que poner de mala leche bastante amenudo es que es normal…Otras veces te consideran un valiente porque no te rindes pero es que no te queda otra cada uno tiene que apencar con lo que le ha tocado y asumirlo, obvio que no te vas a rendir por que el cuerpo aguanta limite insospechados y la mente a veces esta como para aguantar y otras veces parece que se ve a volver loca y otras veces se apaga despacito y las palabras no salen, ni escritas ni de ninguna manera y es que normal, todo es normal , yo te alavo el gusto, no podria estar mas deacuerdo con tu post…ANIMO? Pues animo…
    Besos con aires del sur… 24ºa 20 de octubre…

  3. Iona

    Ánimo y ponte bien pronto. Que ya sabemos que el presente es muchas veces nebuloso, pero de eso se trata, de que sea el presente y no el tiempo que viene a continuación y el que llega después y después….. que, aunque también traerá algunas nubes, para entonces ya sabremos un poco mejor cómo sortearlas y salir un poco más airosos, y despejados y todo lo que haga falta, y así hasta el final.
    En cualquier caso, espero que entre todos te hagamos sentir un poco mejor o al menos más acompañado.

  4. jorge

    Papá Haydn acaba con la tonteria en un plis plas haciendo cuatro partes de un bocadillo. Oir como se lo reparten y disfrutan los amigos del cuarteto me está rehabilitando el firmamento de esta tarde. Y quien dice Haydn…
    May the force be with you.

  5. eve

    Se me olvidaba, es un post perfecto no creo que nadie hubiese podido redactarlo mejor y dar tanto en el clavo. chapo!

  6. emejota Autor

    Me repito con el post de abajo pero es que es verdad: gracias a todos: C, Eva, Iona, Jorge, Juan.

    (elixir puesto, C)

    (…dice Mozart, Jorge, que estoy en ello, en rehabilitar firmamentos, quiero decir)

    Un abrazo

  7. toni

    o incluso el amigo Gershwin, redibujando la isla de Manhatan de Nueva York. o puede que algún tema de los New Jersey Kings, del party at the bus stop, por ejemplo, que es un disco muy majo y vitamínico. eso sí que levanta toneladas de ánimos. aunque sean las tres de la mañana (y no te lo digo como teoría). o ponerse zapatillas deportivas amarillas. uno no puede estar deprimido llevando zapatillas deportivas amarillas. y diciéndole a los 0,8 miligramos de lo que sea que se vayan a tomar viento helado, porque así es como se van a quedar: helados. ala, ala, jódanse, que no me los pienso inyectar. aunque cada uno es libre de tomárselo como quiera, como pueda y como le dejen, que son cosas muy distintas, pero que van todas juntas y así seguidas. emejota, hay días en los que el mundo de cada uno y el mundo en general es una puta mierda infernal, pero, precisamente, en esos días, es cuando uno se siente mejor mandándolo de viaje por otras partes del globo, como al despacho oval, por ejemplo. oiga, váyase con su mal rollo a cabrear a los Lehman Brothers (que seguro que la crisis fue por uno de esos días en los que alguien les mandó un mundo de esos que apestan), y te quedas tan ancho. total, a ellos, por muy malamente que les vaya la cosa, no les va a afectar un carajo. y nosotros sí que nos afecta tu ánimo, emejota. desde el otro lado del Mediterráneo, un abrazo azul blues con dos punteos funk y contrabajo ligado. y una sonrisa para que la guardes y la uses cuando quieras, no vaya a ser que pienses que es obligatorio sentirse bien, que cada uno se puede sentir como le dé la gana. vamos, faltaría más.

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