Archivo por días: 8 octubre, 2008

Escapismo

Mi hipertensión vuelve a las andadas. Nunca dejó de hacerlo, en realidad, pero ahora ha cogido carrerilla. Siendo eso algo importante, no sólo porque lo digan los médicos sino porque yo lo paso mal, no es en este momento lo que más me preocupa. Que será lo que me preocupa. Que se ha activado el proceso por el cual me escondo, me retiro, ponle la etiqueta que quieras. Desde que me di cuenta de que el mundo era un sitio espantoso la mayor parte del tiempo, me convertí en un experto en escapismo. El escapismo consiste en desconectar y volver a la burbuja. Según te pille o según se mire, eso puede ser desde un descanso hasta una claudicación. Lo que se ha puesto en marcha todavía no sé hacia qué dirección apunta. Igual incluso se queda en un querer ir y ya está.

La abuela. Sigue bien. Un poco desorientada, con un bajoncillo de tensión esta mañana, nada fuera de lo común en un postoperatorio en pacientes de esta edad, según el médico. La familia se tranquiliza con el final de la frase anterior: según el médico. Justamente la parte de la frase que a mí me despierta suspicacias. Prefiero quedarme con otras frases. Por ejemplo: la abuela cuando duerme se sueña a sí misma de niña. No sé si esta frase habrá pasado desapercibida para los demás pero a mí me ha parecido una cosa preciosa y conmovedora. A ciertas edades, hay que soñar para encontrarse en la infancia y cerrar así un círculo perfecto de casi un siglo.

Esta mañana ha empezado a llover. Yo he dado una clase sobre modulación y luego he ido a hacer un par de recados a ver si de paso bajaba un poco la tensión. En el camino he llamado al hospital, a ver si a la abuela ya le había subido. Ha querido ponerse al móvil y lo primero que ha dicho es qué tal estás, hijo mío. Mi abuela ya puede estar muriéndose que lo primero es preguntar cómo estoy. Bien, con un poco de dolor de cabeza, le he dicho. Pues córtatela. Eso voy a hacer entonces, y tú estás mejor? Pues no me acuerdo, pero por lo menos no me duele nada. Entonces bien. Haz el favor de no subir a verme que te duele la cabeza. Bueno, ya veré. Adiós, hijo. Adiós. Dice el médico que es normal que la abuela se desoriente, sobre todo al despertar. No sabe el médico que cuando sueña está recogiendo moras en una cesta en 1919, año arriba año abajo, y cuando despierta se encuentra con el médico, dos goteros acribillándole el minúsculo brazo y esa agotadora cama de hospital. No se va a desorientar.