Archivo por meses: septiembre 2008

Diario

En la particular guerra de barcos que mi sistema inmunológico mantiene consigo mismo desde hace una pesadez de años, la cadera izquierda está tocada. Pero todavía no me importa. Le he dado muchas vueltas a la frase anterior porque se me hacía rara pero es que es así, no es que no me importe, cómo no me va a importar, sino que todavía no. Hay cosas que pueden esperar a que les prestes atención. Mientras tanto, puedes sentir la satisfacción de haber descubierto el instante justo en que el verano tocaba con las puntas de los dedos al otoño, cosa que sucedió ayer a eso de las seis de la tarde, puede que un poco más pero no tanto como para decir las siete menos cuarto. Y cuando tienes la suerte de percatarte de algo así los sentidos todos se proyectan aquí y allá, en estos colores, en aquellos olores. Puede parecer una actividad estresante pero qué va, porque de alguna manera el cuerpo y la mente también participan de esa alineación de estaciones en perfecto equilibrio.

Por supuesto, para disfrutar de ese fenómeno ambiental hace falta estar fuera de la ciudad porque dentro también se nota pero es distinto. Eso ayer. También ayer me apetecía ir al cine, a ninguna película en concreto; en realidad, para ser sincero, lo que me apetecía era comer palomitas y beber cocacola en el cine. En ocasiones es lo mejor del cine. Fuera también puedes comer palomitas y beber cocacola pero no es lo mismo. Nunca es lo mismo. No sé qué le pasa a la gente con las palomitas, todo el mundo diciendo que no soportan lo de las palomitas y tal. Yo creo que lo dicen en plan cultureta. Ellos se lo pierden. Pero te paras con alguien y le dices que igual vas al cine y enseguida te responden que ellos van a una sesión en la que saben que no va a ver gente comiendo palomitas porque les molesta una barbaridad la gente que come palomitas en el cine. Y entonces yo les respondo que a mi lo que me molesta del cine es la gente, no las palomitas, y que por eso voy a sesiones insólitas como la de las cuatro de la tarde de un día laborable de noviembre. Creo que eso les desconcierta un poco, unos porque creen que bromeo pero dudan y otros porque creen que digo la verdad pero quieren dudar. Allá películas.

De todas formas no fui al cine sino que me fui a caminar. El espectáculo estaba fuera. La cadera protestó pero me senté un par de ratos y se calló. En el segundo rato eché mano del móvil (ya es un gesto reflejo) y tenía una llamada de Sergio. Se la devolví y me dijo que era para decirme dos noticias, una buena y otra mejor, y escuché y celebré ambas frente a un maizal espléndido. En unos días lo celebraremos en una cena. La semana pasada se pasó por casa y, de paso, cenamos también. En verano, mientras está aquí, siempre hay tiempo para una cena porque luego empieza el curso y yo creo que lo echamos en falta.

Schubertiada

Schubert Brendel“Schubert es el inventor de la fiebre en música”. Lo dice Alfred Brendel a la cámara y ante una frase así no puedes quedarte indiferente. Una frase así es suficiente para atraparte. “Schubert es el inventor de la fiebre en música”, afirma Brendel en una imagen de vídeo de finales de los 70, embutido en una camisa ceñida a la moda de la época, con patillas y con un par de folios mecanografiados con escaso margen y menor interlineado apoyados en el atril del piano Steinway, y al poco añade: “en él lo que se nubla es la consciencia”. Lo dice antes de pasar a detallar la penúltima de las Sonatas para piano de Schubert, obra maravillosa y crepuscular, en el y último de los dvd´s que componen el pack “Alfred Brendel plays and introduces Schubert piano works”. Toda una schubertiada magistral. 

Llevo varias noches absorto en esas explicaciones y en las posteriores interpretaciones, impecables, de esta sonata y de la siguiente, la última, grabadas ambas en un escenario más amplio. Porque aquí hay dos escenarios: uno, más pequeño, desde el que habla Brendel y otro, más espacioso, donde quienes hablan son sus dedos, con sus yemas convenientemente envueltas en trocitos de esparadrapo, como de costumbre, y con esos movimientos tan característicos de su garganta en tensión como si realizara grandes equilibrios o invirtiera grandes esfuerzos en algo que, sin embargo, se materializa en el teclado con desarmante facilidad.

Las peculiaridades de la penúltima sonata de Schubert animan a Brendel a afrontarla desde el análisis musical. Todos sus movimientos, y los temas que los componen, los principales y los secundarios, y hasta las secciones de enlace entre ellos, están emparentados motívicamente por dos parejas de intervalos de segunda: la-sol y fa-mi (y sus transposiciones derivadas). Las oportunas demostraciones al piano no dejan lugar a dudas. He aquí el inicio del segundo movimiento, una de las melancolías más conmovedoras de Schubert:

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Brendel se expresa con maneras sobrias de erudito algo ensimismado que no inspira a la cámara mucha cercanía, es verdad, pero nos engancha con su discurso pausado, lúcido y profundo, muy meditado, capaz de adentrarnos en un universo musical tan fascinante y complejo como es el del último Schubert.

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Brendel se toma su tiempo para diseccionar esta obra y llegar hasta su escalofrío, y al terminar lanza esta pregunta: “¿Para qué detenerse en estos detalles técnicos en lugar de dejarse impresionar sin más?” Interesante cuestión acerca de un compositor del que Franz Liszt dijo: “Casi podría olvidarse la grandeza de tu maestría ante el hechizo de tu espíritu”. Brendel añade: “Algunos dirán que estas cosas sólo se oyen porque se conocen. Me gustaría replicarles que el conocimiento de estas cosas no merma en nada su efecto emocional sino que, antes bien, a veces sólo así se consigue encauzarlo correctamente.”

Es un lujo que uno de los grandes intérpretes vivos ponga voz a su pensamiento y lo comparta con nosotros.

Colegio

Vuelta al colegio. Hace muchos años que no tengo que volver al colegio pero pensar en este día me sigue produciendo una sensación incómoda, entre la lástima y el miedo. Mirando atrás, estoy absolutamente convencido de que mi aprendizaje terminó en maternales. Allí aprendí lo fundamental. A partir de allí fue una pérdida de tiempo lamentable, excepción hecha de las horas ocupadas en disfrutar del olor exquisito de las páginas del libro de Historia de 7º de EGB, y conforme pasaban los cursos sentí un miedo creciente que disimulaba a golpe de sobresaliente.

Hasta que me harté.

Un día que el ritmo decaiga en la consulta tengo que contarle al psicoanalista la odisea de 5º y la de 1º de BUP. En la primera sufrí acoso escolar brutal, digo bien, que con esas cosas no se frivoliza, acoso escolar brutal, pero fue por parte del profesor, lo cual lo hizo más escandaloso y repugnante. Te voy a hacer la vida imposible, me dijo un día en el pasillo. Luego sonrió a los que pasaban por allí pero no olvidó cumplir su promesa. Yo creo que le ponía. El tipo todavía anda suelto, por cierto. En 1º de BUP me dio tanto asco la monja que me fui de clase. Esto también fue algo especial porque era inconcebible que el chico modélico se saltara una clase, así que me salté dos meses y medio. Qué hice, dónde estuve y todo eso durante tanto tiempo para que la cosa colara es un misterio como el de la desaparición de Agatha Christie allá por los años 20.

Mi historial escolar se completa con el asombro, por mi parte, de que los esfuerzos por parte de los sucesivos profesores/as de literatura para que odiara la idem no dieran resultado; lo mismo con la música. Lo demás lo empecé a descubrir y a disfrutar fuera de las aulas. El único recuerdo bueno que me queda es el de los compañeros de clase y eso que fue en 6º de EGB cuando me di cuenta, en mitad de una clase de Inglés que lo mío no era el aprendizaje en grupo. Qué aburrimiento, qué lentitud, por Dios. Un psicólogo que había visitado el colegio el año anterior le dijo a la directora que le dijera a la tutora que le dijera a mi madre que yo era un chico muy inteligente con una sospechosa inclinación al autodidactismo. Hombre, no le voy a quitar razón, pero no tuve oportunidad de utilizar la cadena de comunicación de vuelta para decirle que si él era el autor de esos tests hilarantes y previsibles, era un poco idiota.

A mí el colegio me dejó una cicatriz de esas que pican cuando cambia el tiempo. La mía me escuece un poco cuando oigo que empieza el colegio.

Sábado

Fin de semana tranquilo. Hace frío y eso invita a recogerse un poco lo que no viene mal después de esta semana un poco movida. Recogerse no quiere decir encerrarse; de hecho, admite un paseo de los largos, de los que antes formaban parte de los quehaceres diarios hasta que llegó el calor y nos hizo añorar este septiembre que, poco a poco, se va tiñendo de otoño. Es una gozada volver a recuperar la sudadera y meterse las manos en los bolsillos y echar a andar (la música del iPod en los oídos). Por lo demás, tranquilidad hogareña. Leer (hay una pila de libros esperando), ver alguna película, merendar un trozo de ese ex-qui-si-to bizcocho que el otro día hizo la madre de Sergio, echar un ojo al cuaderno de anotaciones musicales, que hay dos anotaciones llamando la atención pero sin meter prisa. Cualquier actividad que requiera la compañía de mí mismo porque a veces a uno le apetece estar consigo mismo, sobre todo cuando se siente tranquilo. Incluso no hacer nada sintiendo cómo pasan los minutos sería algo provechoso estando tranquilo. También echaba de menos estar tranquilo.

Funeral

Se ha muerto el padre de mi amigo Carlos. De repente, aunque el hombre estaba delicado. Curiosamente, hace unos pocos días lo vi en la calle, en una de esas rarísimas veces que coincidíamos porque él salía poco y muy cerca de su casa ya que tenía problemas de movilidad. Lo ví la otra tarde caminar lentamente al otro lado de la calle apoyado en su bastón, giró lentamente la cabeza y me vio. Le saludé con la mano y él hizo lo mismo con la suya, con gesto lento. Al enterarme de la noticia he pensado que la otra tarde nos dijimos adiós.

Carlos y yo nos conocimos en maternales y hasta ahora. Vamos, de toda la vida. Durante la EGB fuimos como Kevin Arnold y Paul Pfeiffer, aunque daba igual quién era quién, y creo que ambos conservamos de manera muy nítida la aventura maravillosa que era cada verano de nuestra infancia. Ahora que la vida nos ha llevado por caminos muy diversos, a él por todo el mundo, nos vemos dos veces al año y ocupamos la tarde entera en una reunión que se ha convertido en un ritual. Para mí, una reunión imprescindible. Durante mucho tiempo, en nuestra infancia, creo que Carlos me veía con cierta admiración; todavía a veces creo ver en sus ojos algún reflejo de aquello y me sigue escuchando con esa atención tan suya, y corresponde con silencios muy elocuentes, siempre acompañados de una sonrisa, lo que de otra forma no se podría expresar mejor. Sin embargo, soy yo el que siente una admiración profunda por él, por la buena persona que es, por la labor que desempeña, por su amplio conocimiento del ser humano, por su brillante inteligencia, y lo sabe, aunque su modestia le hace reirse con pudor.

Carlos es la única persona que me gustaría que estuviera a mi lado, acompañándome en los instantes previos, si algún día tuviera que marcharme. Creo que también lo sabe, o quizá es que he ido a muchos de nuestros encuentros con la firme intención de pedírselo aunque al final no lo hiciera, no tanto por pudor, sino por haber tenido la certeza de que es algo que él ya conoce desde hace tiempo y te lo hace saber, asintiendo, con esa sonrisa suya tranquilizadora.

El funeral del padre de Carlos es a las 12.

Autoridad

En un concierto para piano y orquesta, ¿quién manda? ¿el director o el solista?

El sábado 7 de Abril de 1962, Leonard Bernstein dirigía a la Filarmónica de Nueva York en el Carnegie Hall:

En la segunda parte del concierto estaba programado el Primer Concierto para piano de Brahms. El solista, Glenn Gould:

Aquel día ocurrió algo insólito. Bernstein salió a escena, saludó, y en lugar de coger la batuta para dirigir a sus músicos se volvió de cara al público con la intención de dirigirles unas palabras. Y ante el estupor de los presentes, lo hizo. Conservamos el instante gracias a la retransmisión del concierto por una emisora de radio. Conociendo a Gould, tan caprichoso, siempre con sus enfermedades imaginarias a vueltas, la gente debió pensar que lo que Bernstein iba a anunciar era precisamente la ausencia del pianista. No sería la primera vez. Por eso, empezó su discurso con una broma; dijo: “No teman, el señor Gould está aquí” y la gente se echó a reir. La habilidad de Bernstein a la hora de desenvolverse frente al público era notable, como lo atestiguan sus legendarios programas didácticos de televisión.

Gould Bernstein

Bueno pero, si el señor Gould está aquí, ¿qué nos va a contar usted?, debieron pensar los asistentes al concierto. Pues nos va a contar, ni más ni menos, que no se hace responsable de lo que pueda pasar en los minutos siguientes, así de claro, tal era la cordial discrepancia entre solista y director en cuanto a la concepción de la obra de Brahms. Bernstein admitía estas cosas e incluso las afrontaba como una aventura estimulante siempre y cuando el punto de vista del solista tuviera consistencia. En el caso de Gould, las divergencias eran tales y, al mismo tiempo, merecían tal crédito por su parte, que Bernstein se vio obligado a hacer un preludio al concierto.

Pongámonos en situación: el locutor que está retransmitiendo el evento para la radio dice en un momento determinado que parece que el señor Bernstein va a decir algo a la audiciencia así que damos paso al escenario. Se hace el silencio y Bernstein comienza a exponer un divertido e interesante discurso. Podemos escuchar el audio original en inglés con una transcripción aproximada en español.

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(aplausos) No se asusten, el señor Gould está aquí (risas). Aparecerá en un momento.

Como saben todos ustedes, no tengo costumbre de hablar en ningún concierto excepto en el ensayo general de los Jueves por la noche, pero ha ocurrido algo curioso que merece, en mi opinión, una o dos palabras.

Están a punto de escuchar, cómo decirlo, una interpretación nada ortodoxa del Concierto de Brahms, una interpretación diferente a cualquier otra que yo haya escuchado jamás (…) porque se aparta con frecuencia de las indicaciones del propio Brahms. No puedo decir que esté en total acuerdo con la concepción que el señor Gould tiene de la obra y esto me hace plantear una pregunta interesante: ¿Qué hago dirigiéndolo? (risas del público)

Pues voy a dirigirlo porque el señor Gould es tan válido y serio como artista que debo tomar en cuenta seriamente las cosas que él concibe de buena fe, y su concepción es lo suficientemente interesante como para que yo piense que merece la pena que ustedes la conozcan también.Pero la vieja cuestión permanece en el aire: en un concierto… ¿Quién es el jefe? (risas del público) ¿el solista o el director? (risas). La respuesta es que a veces uno y a veces el otro según el grado de implicación en el asunto. Pero casi siempre, los dos alcanzan un acuerdo por persuasion o química o bien mediante “amenazas” (risas) para conseguir una interpretación unificada.

Sólo una vez antes en mi vida tuve que someterme al concepto del todo incompatible y novedoso del intérprete y fue la última vez que acompañé al señor Gould, (grandes risas) pero esta vez, las discrepancias entre nuestros puntos de vista son tan grandes que me he visto obligado a hacer este pequeño aviso. Me dirán entonces que por qué lo voy a dirigir (…) o por qué no he buscado otro solista e incluso un director que me sustituya. Pues en primer lugar porque estoy fascinado y agradecido por tener la oportunidad de mostrar una cara nueva de una obra tan conocida; en segundo lugar, porque hay momentos en la interpretación del señor Gould que emergen con asombrosa frescura y convicción.

En tercer lugar porque todos podemos aprender algo de este artista extraordinario que es un filósofo de la interpretación; y, finalmente, porque en esta música podemos encontrar lo que Dimitri Mitropoulos solía denominar “el factor DEPORTIVO” (risas), el factor de la curiosidad, la aventura, el experimento y les puedo asegurar que ha sido toda una aventura esta semana (risas) colaborar con el señor Gould en este Concierto de Brahms y es con este espíritu aventurero con el que ahora nos presentamos ante ustedes”

(fuerte ovación)

 

Cálculo

Dicen las noticias que hoy va a llover en Pamplona. Tengo que ir esta mañana. Es cierto que lo del psicoanalista es un hallazgo, no sé si tanto la terapia como el terapeuta, según el día que tengamos, él, la terapia y yo. Pero ahora que ya nos conocemos (aunque este hombre siempre guarda una baza tras la carpeta) tengo la sensación, por no decir certeza, de que sé qué voy a decirle, sé qué me va a contestar y, lo que es más, sé que ambas cosas van a ser esencialmente coincidentes en la conclusión.

Entonces, digo yo que para qué soltar noventa y tantos euros más 200 kilómetros de iPod.

Bueno, lo de los 200 kilómetros de iPod pasen, tienen su cosa, les he pillado el punto; la cosa está repartida en 100 km de ida y 100 km de vuelta donde la música se confunde con el paisaje, puede que incluso a veces sustituyéndolo. Me gusta. Pero eso no quita lo anterior. Qué lío. Dí que por lo menos le llevo a una amiga una copia de “The innocents” en inquietante CinemaScope. ¿Es pertinente aquí lo de “inquietante”? Vaya si lo es. Hay películas que merecen la pena un viaje, con o sin lluvia, con o sin certezas, con o sin pasta añadida, y no precisamente de los spaguetti esos tan ricos que me salen (modestia aparte). Qué películas, a ver. Pues “The innocents”. Ya, pero esa ya la has dicho. Bueno pues “La noche del cazador”, de Charles Laughton. Y “La carrera del siglo”, de Blake Edwards. Y “El baile de los vampiros”, de Roman Polanski. Y “Rosemary´s baby”, de Polanski otra vez. Y “La escopeta nacional”, de Luis G. Berlanga. Y “La Vaquilla”, del mismo (tantas del mismo…). Y “Dos en la carretera”, de Stanley Donen. Y “Leolo”, “Con la muerte en los talones”

Bueno, suficiente.

Un momento, una más. Y hasta “Un cadáver a los postres”, fíjate. Esos gamberros maravillosos del cadáver a los postres merecerían la pena un viaje una mañana de lluvia en un autobús cansino para que alguien los disfrutara una noche lluviosa. Ya me refugiaría yo en el iPod.

(Va un secreto: a veces, en el iPod escucho voces)

Pero no voces que cantan, que sería lo habitual, sino voces voces; que hablan, vamos. Una de mis aficiones secretas es el placer de escuchar ciertas voces privadas del cuerpo del que salen porque de esa manera todos los sentidos se concentran en apreciar las inflexiones de la voz, sus respiraciones, las vacilaciones, en todas esas cosas. Hay voces más balsámicas que una canción. Por ejemplo, la de Jamie Bell. La voz de Jamie Bell tiene una herida en el fondo, casi no se nota, pero la tiene. ¿Alguna otra voz? Sí, la de una amiga mía que se dejó grabar hace mil años leyendo una página de un libro. Qué amiga y qué libro. Ah, mira en el iPod a ver. Lo que puedo decir es que era la página 164.

Esto a qué viene.

Ah sí. Lluvia, autobús, iPod, 200km, terapia, coincidencia en la conclusión, alguna (probable) sorpresa en la carpeta de este hombre, paso por caja y “The innocents”, ese delicioso cuento de fantasmas (“my Looord…“, por cierto, otra voz inolvidable)

Tormenta

Lo primero de todo, un beso muy gordo y un abrazo muy fuerte para Mª Jesús, que sé que va a leer estas líneas. Para Javier también, claro. Ana y yo repetiremos la visita de hoy poniendo lo que podemos dar: cariño y calor (y alguna risa y alguna galleta casera) Eso lo primero de todo.

(los vecinos me mandan un sms para decirme que duerma bien, qué majos)

Ahora el día en general. Desde las 4 de la mañana con los ojos abiertos, como el genial narrador de la última novela de Auster pero sin ser genial. He intentado imitarle inventando alguna historia como hace él en su noche de insomnio de 200 páginas de duración pero me dolía tanto la cabeza que he ido a la cocina en busca del remedio oportuno. Cuando he vuelto me he dado un inoportuno golpe en el pie de esos que te hacen ver las estrellas así que he vuelto peor de lo que he ído.

Cosas que pasan.

Por la mañana una amiga me ha llamado dos veces por mi nombre en mitad de la conversación. Y me he dado cuenta de que eso es raro porque eso pasa cuando se pone un poco seria o se preocupa por mí o tal. Creo que no me llamaba por mi nombre hace un siglo lo menos y va y esta mañana pues dos. Por algo sería.

Por la tarde ha sido lo del párrafo del comienzo y justo cuando volvíamos Ana y yo ha empezado a relampaguear y a llover de tal forma que nos hemos tenido que refugiar debajo del paraguas agarrándolo con fuerza porque parecía que íbamos a salir volando. En mitad de camino, sorteando calles desconocidas para mí (no conozco mi ciudad, qué desastre) a Ana le ha dado por volverse un momento dejándome a merced del torrencial aguacero porque quería coger del suelo una cabeza de muñeca de esas que te miran con expresión que te trauma. Le he dicho a Ana que lo suyo ya empieza a ser un poco Síndrome de Diógenes pero ella dice que según qué y se ha sacado una bolsita pequeña donde ha introducido la cabeza, a la espera de encontrarle cuerpo. Qué optimismo el de esta mujer, he pensado mientras volvia a cobijarme bajo el paraguas.

De repente ha pasado una cosa rara y es que la voz de Sergio sonaba desde el bolsillo. Después de lo de la cabeza de la muñeca en mitad del tormentón, un tormentón de novela gótica, he pensado que cualquier cosa podía ser posible y mira por dónde, era posible, vamos, era Sergio de hecho quien hablaba a través del móvil que ha debido activarse al hacer algún movimiento en busca del refugio del paraguas. Cena hoy, decía Sergio, cena mañana o pasado, decía yo, que toca madrugón para ir a Pamplona. Sergio estaba haciéndole a su padre un zumo natural de ahora no me acuerdo qué pero es lo mismo porque lo que importa es lo de hacer el zumo. Con eso sí me he quedado.

Al llegar a casa estaba sonando el otro teléfono, el fijo. Belén. Belén siempre me llama por mi nombre pero no es porque esté todo el día preocupada ni se ponga seria. Es la costumbre. Estábamos hablando entre truenos y relámpagos de esos que casi dan impresión cuando se ha ido la luz de la calle y nos ha dado por hablar así como en tono bajo. Mucho no hemos hablado porque venía yo como una sopa y quería ir a la ducha. ¿No tenías paraguas?, ha preguntado Belén. Sí, he contestado yo, pero no contaba con lo de la cabeza de la muñeca. Creo que Belén ha hecho como si nada porque ha seguido hablando como dos personas normales que hablan con la ciudad a oscuras mientras las gotas de lluvia golpean el cristal como metralletas y el sonido de los truenos se expande en un eco interminable y tembloroso.

Hoy también he pensado mucho.

Puritanismos

Escribir un blog no está exento de ciertos riesgos, al menos verbales. Habitualmente es el correo electrónico el que te trae algún que otro sobresalto en forma de exabrupto por parte de algún lector/lectora al que no le ha gustado pero nada de nada de nada lo que acaba de leer. Al principio me llevaba algún que otro soponcio pero una de dos: o ya estoy inmunizado o es que el contenido de los mensajes ha evolucionado hacia lo cómico/grotesco.

Por ejemplo.

Sí, pongamos un ejemplo. Esto es lo que ocurre cuando alguien, de firmes convicciones morales, busca en Google el nombre de una actriz y se topa con el post del 6 de Octubre de 2006. Como cae muy lejos en el tiempo me he pasado por el archivo y he traído hasta aquí el trozo en cuestión. Lo que saca de sus casillas al lector (creo que es lector) es el texto que acompaña a estos fotogramas, sacados de la TV Movie “Regreso a Moira”, de Mateo Gil, donde una hechicera ya madurita (Natalia Millán) seduce a un adolescente (Juan José Ballesta).

He aquí las imágenes:

Y he aquí el fragmento de texto que las acompañaba:

Observemos a Moira mientras limpia la herida con un paño húmedo cuyo contacto escuece: ¿hay en esa sonrisa algo de provocación, una advertencia (te haré sufrir) o un derretirse en ternuras (no sufras, mi niño)?.

Pues bien. Se armó el Belén. He aquí el airado anónimo recibido casi dos años después. No tiene desperdicio:

“Observemos” dice. Tio si no sabes ni ser persona ni escribir, que quieres enseñar !!!
“Observemos todos juntos la toma de sexo” jajajajaajaja observemos tu mierda de vida, estas soltero no..?

(pues mira sí, la verdad)

porque siges jodiendo???

(yoooo?)

miralo que tierno !
tu sigue insultando a las madres q tienen hijas !!!

(ein?)

“Obervemos” que rollo de tio vive INFELIZ !!!

Y ahí termina.

Este rollo fundamentalista o psicótico antes me inquietaba. Ahora me inquieta lo mismo pero por lo menos me río un poco. Cómo está el patio.

El 7 de Septiembre

Aidalai…es nuestro aniversario. Eso dice la canción que suena mientras escribo estas líneas. No nos desvela quiénes son los que celebran la fecha que hoy marca el calendario pero aún así la canción sigue siendo maravillosa, con su barniz de otoño suave que acompaña la atmósfera de estas tardes luminosas y un tanto desconcertadas que no saben si tienen que volverse a la playa o acostarse temprano para ir mañana al cole. Una canción no sólo sobrevive por sus méritos musicales sino por lo que recuerda de nosotros mismos. Eso pasa porque una canción es siempre un contenedor de sentimientos; de sentimientos asociados, para ser más exactos. Personalmente no es éste el caso porque lo mío con esta canción de Nacho Cano es una historia con retraso: o se me debió de perder en la carpeta del disco (que me extraña) o es que tengo amnesia, no sé; lo que está claro es que algo raro debió pasar porque no me di cuenta de su existencia hasta que inesperadamente se filtró por unos altavoces muchos años después y desde entonces es objeto de mi devoción, amor de mis amores.

El 7 de Septiembre.

Parece mentira que después de tanto tiempo rotos nuestros lazos, sigamos manteniendo la ilusión en nuestro aniversario. También eso dice la canción. Lo dice la Torroja, cuya voz a esas alturas de 1991 ya era toda ella pura transparencia y en este 7 de Septiembre de 2008 sigue haciéndose a sí misma unos coros en el cd como de hada multiplicada, hay que ver. Esta canción es un lied hipermoderno: no hay en ella trazas de la previsiblidad tonal característica de las canciones pop, pegamento tramposillo y necesario con el que se adhieren a nuestros oídos a la primera; lo que hay es un collage exótico y deliciosamente ambiguo de texturas y melodías, con atmósfera de balada futurista rematada por unos arreglos fantásticos. Debe tener algún hechizo porque a mí me deja como hipnotizado. Es un tema que musicalmente mira a mañana mientras la letra vuelve atrás las hojas del calendario con intenciones de rememorar una vieja y concluída historia de amor cuyo aniversario, sin embargo, se sigue celebrando en un encuentro que plantea las lógicas e incómodas incertidumbres, como la de no saber cómo comportarse: “el 7 de Septiembre es nuestro aniversario y no sabremos si besarnos en la cara o en los labios”. Normal.

Para los Mecano, el 7 de septiembre dura exactamente 5 minutos y 2 segundos, hazaña que se repite incluso un 8 de Febrero, un 16 de Mayo o un 24 de Abril, aguas mil.

Ay (dalai)

Odisea

Colean los efectos secundarios del cambio de móvil.

A veces tengo la inquietante sensación de la anterior compañía me está castigando por haberme ido con otra. Vamos, que no me lo perdona. Llega la primera factura y la ceja hace un movimiento ascendente al comprobar que el precio del plan de datos es el doble que el contratado. Me armo de valor y llamo a Información. Información creo que está en Ecuador o más o menos porque siempre, siempre, te atiende alguien con acento ecuatoriano, más o menos. Marco. Empieza a sonar el rollo. Bienvenido al servicio de atención al cliente blablabla. Tras responder a un robot una serie de preguntas cansinas me atienden muy hablamente.

-Buenos días, mi nombre es tal, en qué puedo atenderle después de que me diga su DNI, su dirección, su nombre y apellidos, su código postal y el banco a través del cual le hemos dado el sablazo (lo último es de mi cosecha, claro)
-Buenos días. Mire, es que tengo contratado con ustedes la Tarifa de Datos Profesional 25
-La Tarifa de Datos Profesional 25…
-Eso es, la Tarifa de Datos Profesional 25.
-Efectivamente, señor, así figura en nuestro monitor.
-Entiendo entonces que como se trata de la Tarifa de Datos Profesional 25 ustedes me cobran una cuota de 25 euros hasta que no sobrepase un determinado número de megas.
-Así es, señor.
-Entonces, ¿por qué he recibido una factura en la que la cuota base es de 52 coma 5000??
-Un momento señor, es que en este momento el sistema de facturación está caído.
-Vaya por Dios.
-No se retire.
-No, no.
(música disuasoria. Valor y coraje)
-Gracias por mantenerse a la espera, señor.
-Nada, mujer.
-Mire, le explico. Es que a usted le están pasando el bono.
-(Qué bono?)
-Sí, le cuento, a usted cada mes le cobran la cuota mensual más la siguiente.
-Anda, y a eso le llaman “bono”?
-Así es, señor.
-Pero 25 más 25 no son 52 coma 5000…
-Es que hay que sumarle el IVA. señor.
-Ya, pues es que tampoco da 52 coma 5000…
-Pues es el bono, señor, eso es lo que es.
-Ah, bueno. Pues nada.
-Puedo ayudarle en algo más?
-No, muchas gracias. Muy amable.
-Que pase un buen día y gracias por confiar en nosotros.
-Igualmente.

(click)

Momento pensativo de dos segundos de duración. Se me ocurre volver a llamar. No sé, es un pálpito. El blablabla, el robot y todo ese rollo otra vez. Se escucha una nueva voz.

-Buenos días, mi nombre es tal, en qué puedo atenderle después de que me diga su DNI, su dirección, su nombre y apellidos, su código postal y el banco a través del cual le hemos dado el sablazo (lo último es de mi cosecha, claro)
-Buenos días. Mire, es que tengo contratado con ustedes la Tarifa de Datos Profesional 25
-Usted tiene contratada la Tarifa de Datos Profesional 25…
-Sí, la Tarifa de Datos Profesional 25.
-Efectivamente, señor, así figura en nuestro monitor.
-Entiendo entonces que como se trata de la Tarifa de Datos Profesional 25 ustedes me cobran una cuota de 25 euros hasta que no sobrepase un determinado número de megas.
-Así es, señor. Mientras usted no rebase las 350 megas no se empezará a contabi…
-Entonces, ¿por qué he recibido una factura en la que la cuota base es de 52 coma 5000??
-Usted ha recibido una factura en la que se le dice que la cuota mensual base es de 52…
-…coma 5000, sí.
-Señor, pues lamentablemente eso ha sido un error de facturación.
-Ah, sí? Yo pensaba que igual era por lo del bono.
-El bono, señor?
-Si, bueno, no sé, que igual me cobraban a la vez el mes siguiente…
-No, no, señor. No existe tal bono.
-Ah, pues estaré confundiéndome con otra cosa.
-No se retire señor que voy a comentar la incidencia con el servicio de facturación. No se retire.
-No, no.
(música disuasoria. Valor y coraje)
-Gracias por mantenerse a la espera, señor.
-Nada, mujer.
-Le paso con un compañero del servicio de facturación donde le tomarán nota de la incidencia. Efectivamente, ha sido un error de nuestro sistema. Le paso con mi compañero, no se retire.
-Gracias.


(un par de minutos de silencio)


(un par de bemoles hinchados)

(y click)

Desisto.

Un breve instante de descanso y recomposición. Vuelta a llamar. Ya nos sabemos los preliminares de la llamada.

-Buenos días, mi nombre es tal, en qué puedo atenderle después de que me diga su DNI, su dirección, su nombre y apellidos, su código postal y el banco a través del cual le hemos dado el sablazo (lo último es de mi cosecha, claro)
-Buenos días. Mire, es que tengo contratado con ustedes la Tarifa de Datos Profesional 25
-Tarifa de Datos Profesional 25…
-Sí, Tarifa de Datos Profesional 25.
-Efectivamente, señor, así figura en nuestro monitor.
-Entiendo entonces que como se trata de la tarifa de Datos Profesional 25 ustedes me cobran una cuota de 25 euros hasta que no sobrepase un determinado número de megas.
-Así es, señor.
-Entonces, ¿por qué he recibido una factura en la que la cuota base es de 52 coma 5000??
-Usted ha recibido una factura en la que se le dice que la cuota mensual base es de 52…
-…coma 5000, sí.
-Un momento señor, que voy a hacer unas comprobaciones. No se retire, por favor.
-Vale.
(música disuasoria. Terrible. Pero valor y coraje, no vamos a desfallecer ahora)
-Gracias por la espera, señor, es usted muy amable.
-Nada, mujer.
-Mire, es que lamentablemente en este momento el sistema de facturación está caído.
-Vaya por Dios.
-No se retire.
-No, no.
(la musiquita de las narices)
-Un momento por favor, no se retire.
-…
(más musiquita)
-Un momento por favor, no se retire.
-…
(más musiquita)
-Gracias por mantenerse a la espera, señor.
-Nada, qué le vamos a hacer…
-Señor, pues lamentablemente eso ha sido un error de facturación, efectivamente. Acabo de comprobarlo en el monitor.
-Ah, y puedo reclamar, supongo.
-Por supuesto señor, pero mire, le informo. Nuestro servicio de facturación no funciona los fines de semana
-Ah, no??
-No, señor. Yo ya le tomo nota de la incidencia y usted debe llamar el lunes a partir de las nueve de la mañana, de acuerdo?.
-Disculpe entonces, es que pensaba que sus compañeros del servicio de facturación estaban trabajando.
-No, señor, a partir del lunes a las 9 de la mañana usted llame que yo ya le tomé incidencia.
-De acuerdo…
-Puedo ayudarle en algo más?
-No, muchas gracias. Muy amable.
-Que pase un buen día y gracias por confiar en nosotros.
-Sí, si, ale.

(click)

Mosqueo considerable. Una bombilla se enciende en forma de idea maliciosa. Voy a llamar y a inventarme un plan de Datos. Una Tarifa de Datos inexistente. Debo ser malpensado pero es que… Marcando. Preliminares. ZZZ. Blablabla.

-Buenos días, mi nombre es tal, en qué puedo atenderle después de que me diga su DNI, su dirección, su nombre y apellidos, su código postal y el banco a través del cual le hemos dado el sablazo (lo último es de mi cosecha, claro)
-Buenos días. Mire, quería confirmar si el plan de Datos que tengo contratado con ustedes es la Tarifa de Datos Profesional 40 porque ya no lo recuerdo y a lo mejor me convenía cambiarlo, sabe usted?
-Usted quiere confirmar si el plan de datos contratado con nuestra compañía es la Tarifa de Datos Profesional 40 para un posible cambio, correcto?
-Sí, eso es.
-Un momento señor mientras accedo al sistema.
-Espero que no esté caído.
-No se retire.
-No, no, pero no me ponga la mus…
(musiquita disuasoria. Resignación)
-Gracias por mantenerse a la espera, señor
-Nada, muj…
(musiquita disuasoria. Cara de bobo)
-Gracias por mantenerse a la espera, señor
-Nada, tranquila.
-Mire, efectivamente, en nuestro sistema aparece que usted tiene contratada la Tarifa de Datos Profesional 40.
-Así que todavía la tengo…
-Sí señor. ¿Le interesaría cambiarla?
-Pues… Pues igual. Pero voy a echar un vistazo en su página de Internet a ver si hay alguna tarifa que se adapta mejor a mis necesidades.
-Como quiera señor pero, mire, le informo, nuestra página web está caída en estos momentos. Le sugiero que pruebe dentro de unos minutos y entonc…
-Ah, no pasa nada, no hay prisa. Ya me pasaré en otro rato.
-De acuerdo, señor. Puedo ayudarle en algo más?
-Pues no, la verdad. Eso era todo. Muchas gracias y muy amable.
-A usted, señor. Debo decirle que es posible que en los próximos minutos usted reciba en su terminal una llamada para comprobar su grado de satisfacción con nuestro servicio.
-Ah, estupendo.
-Que pase un buen día y gracias por confiar en nosotros.
-Igualmente, buenos días.

(click)

Telegrama

-La abuela parece que está peor.

-Salgo a media mañana a Pamplona para dar la conferencia a los alumnos americanos de la universidad a las 5.

-Le he dicho a la vecina esta tarde, así, por lo bajini, que tengo añoranza de algo que no ha existido.

No son horas (3 de la madrugada) de desarrollar ninguno de los temas anteriores. Tampoco caben en un telegrama. Otro rato.

(Stop)