Susto

Hoy le he dado un buen susto a mi hermano. Sin querer, claro.

La cosa viene de un par de semanas atrás, cuando la tensión arterial volvió a subir a pesar de la pastillita para la hipertensión y ahí se quedó los días siguientes. El médico multiplicó la pastillita, que los médicos multiplican esas cosas con una facilidad que para qué, pero la tensión se quedó ahí arriba, en la azotea. La mínima sobre todo. La mínima está al máximo desde entonces. Eso es lo que viene de un par de semanas atrás.

Lo de hoy ha sido más o menos a la hora de la cena.

Estaba solo en casa, como el de la película pero sin hacer el gamberro porque me he empezado a encontrar mal, una presión en las sienes, un agarrotamiento en las mandíbulas, para qué seguir. Ha sonado el teléfono. Era mi hermano. Era para decirme que venía de ver a la abuela y que la había encontrado mucho mejor de lo que pensaba. Su tono era optimista. La abuela está bien, ha dicho, pero yo le he tenido que interrumpir para decirle pues yo no porque para entonces veía unas motas raras. Qué, ha preguntado él porque el pues yo no ha salido muy bajo. Que yo no. Qué te pasa. Y lo que ha pasado al decirle que no sé lo que me pasaba es que no he podido decirle nada porque se me ha agarrotado la lengua y las sílabas se me pegaban al paladar. Y he notado a mi hermano apurarse y decir espera que voy y yo intentaba decir no y hay que ver lo que puede llegar a costar decir no, dos letras, un monosílabo, no. El no que intentaba decir equivalía a no te preocupes que es la tensión, fijo, ahora me tomo la pastillita duplicada del médico y me tumbo un rato tranquilo y se me pasa. Pero como he visto que todo eso era demasiado para mi lengua que seguía sin poder articular palabras pues he dicho no. Seguro. Sí. Pero te tiene que ver un médico. No. Seguro. Sí. Anda que ya bajo, que a ver si te está dando algo. No. Pues tómate la tensión y llámame ahora con lo que te salga. Sí. Click. Tensión estratosférica. Récord absoluto. La máxima y la mínima. Pastillita en la boca. Tumbarse en el sofá. Apagar la luz. Buscar a tientas el inalámbrico. Rellamada. Anda que voy. Que no, que ya me he tomado la pastilla, que se me pasa enseguida. Una cruz tener que decir la frase anterior, como si a oscuras las palabras no encontrasen el camino de salida. Pues llámame para cualquier cosa. Sí. Mamá estará a punto de llegar de todas formas. Sí. Click.

Silencio.

En instantes así no hay silencio en realidad. Hay una vibración dentro del cuerpo muy poco agradable, una ansiedad en guardia ante las alarmas que están sonando a todo trapo. Y la cabeza te da vueltas e instintivamente respiras hondo. Al rato se pasa, sí, pero te quedas hecho una mierda.

(te entra un bajón)

Como si te hubieran dado una paliza, como si la batería estuviera bajo mínimos. Y al rato estaba mareadillo en el sofá, como medio adormilado, cuando ha llamado de nuevo mi hermano a ver qué tal. Se ha debido de llevar un susto monumental. Mi madre otro, claro. He oído el paso rápido de sus zapatos en el pasillo del ascensor antes de que abriera la puerta y se dirigiera con paso rápido hacia mi habitación llamándome con ese tono tan suyo de urgencia disimulada para no asustar. Pero estaba yo tumbado en otra habitación, con la cabeza dando vueltas como un tiovivo y una presión en la sien derecha y otra en la izquierda empujando la una contra la otra, pensando que mi hermano le habría llamado al móvil, y apenas podía decirle a mi madre no pasa nada, estoy aquí pero no pasa nada, o pasa pero ahora se pasa, tranquila, porque ella estaba en la otra punta de la casa, llamándome.

A veces pienso que les doy más sustos que satisfacciones, coño.

Pero hace un rato, nada, ahora como quien dice, me he desvelado. Y tengo que madrugar. Pero me he desvelado del todo. Y me he puesto a escuchar a Evgeny Kissin tocando a Tchaikovsky. Y me he ido a acordar del pasaje memorable del “Memorial del convento” en el que Domenico Scarlatti se pone a tocar el clave y la convaleciente Blimunda se echa a llorar sin querer mientras nota que se va curando. Me he acordado porque también se me han saltado las lágrimas y no eran de pena, de pena en general o de pena por haber dado un disgusto, ni siquiera de pena por mí mismo ni de milagros obrados por la música aunque poco menos que milagrosa sea la que sale de los dedos de Kissin. Simplemente es que a veces pasa eso: lloras, sin llanto, porque sientes que hay algo que está bien después de todo, como si notaras algo similar a una armonía que se está ajustando, afinando hasta volver a sincronizar el acorde que te une con todas las cosas, con las teclas de este ordenador, con las del piano de Kissin, con los ojos que leen estas frases que ahora dejo escritas y con todo aquello que te sostiene. Es todo un poco raro, sí, pero está bien.

4 pensamientos en “Susto

  1. toni

    el silencio de la oscuridad se contradice con la oscuridad del silencio. no es lo mismo una cosa que la otra. y cuando sientes el primero es como si todo se apagara y lloras un poco de tranquilidad y de armonía porque, al final, como bien dices, sabes que hay algo que está bien del todo, que nada lo empaña. pero cuando sientes la segunda es cuando sabes que, para regresar necesitas girar la esquina, que está ahí, pero tú la ves un poco lejos. pero no. está ahí. y no se mueve, sólo hay que llegar a ella. ánimo mediterráneo.

  2. Iona

    que poético es también toni, caramba. A ver si voy a tener yo que escuchar al Kissin ése para que suavice mis contornos…

  3. Syar

    A mí hoy me ha pasado algo parecido, tengo la tensión muy alta pero aún no me han recetado nada porque mi médico no viene hasta la semana que viene, sólo me han mandado un orfidal cada noche. El caso es que he empezado a encontrarme mal después de comer -sin mareos ni nada, simplemente tenía algo raro en el estómago pero me he empezado a alterar y a notar que el corazón se salía del pecho. Lo de la hipertensión sólo lo he sabido desde hace unos días y creo que por eso estoy algo ansiosa, a lo más mínimo que me noto ya me asusto y… como no me relaje, al final el susto va a ser verdad. Un saludo y que estés bien.

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