Archivo por días: 28 septiembre, 2008

Newman

AidalaiEstaba ojeando libros al fondo de la librería y, a mis espaldas, la voz de una mujer de unos 50 años dijo se nos ha muerto Paul Newman y entonces la caja registradora hizo ring y le devolvió el cambio de la prensa del día. El tono de su voz era tan bonito que evité volverme a mirar, por si acaso. Hay voces a las que no les pega nada una cara. Mejor seguir imaginando. Además, la noticia no era nueva. Cuando dijeron en la tele que se había muerto Paul Newman me pasó una cosa curiosa porque fue entonces cuando tomé conciencia de que había vivido. Quiero decir que hay actores y actrices que están tan hechos para la vida que transcurre dentro de la pantalla que casi te sorprendes de que mantuvieran una vida fuera de ella. Así el caso de Cary Grant, pienso yo; y el de Paul Newman. Newman me marcó especialmente en dos películas, aunque me gustó en bastantes más; me marcó primero en “La gata sobre el tejado de Zinc” y lo hizo de tal manera que desde entonces asocio las muletas a la mala leche y me inspiran cierto temor. Luego me marcó en “El golpe”, en un “Sábado Cine” de la tele cuando era pequeño, porque allí descubrí que el mucho morro y la mucha jeta podían tener mucha clase. Pero también estaban las demás películas, las muy conocidas y las no tanto, los “Dos hombres y un destino” y ese “Harper, investigador privado”. Hasta “El hombre de MacKintosh”, que tenía su punto atmosférico. Y “Rachel, Rachel” y “Los efectos de los rayos gamma sobre las margaritas” en las que a él no se le veía porque estaba al otro lado de la cámara mirando como nosotros a Joanne Woodward, su mitad. La de Newman es una presencia excepcional e inigualable que vive 96 minutos o 112, depende del rato que duren unas historias a las que, sin embargo, les trae sin cuidado el paso de los años. De eso trata el magnetismo.