Archivo por días: 26 septiembre, 2008

Preguntas

¿Por qué me siento tan mal esta noche? Veamos. No es un problema físico, es más bien un problema afectivo, sí, va a ser eso. Me siento solo. ¿Y por qué me siento tan solo de repente? Ni idea, pero eso me tiene paralizado desde media tarde, aproximadamente. Inténtalo. Vale. Creo que necesito sentirme arropado por los amigos en un sentido más práctico que teórico. Sé que están ahí pero en muchos casos (no todos, afortunadamente) a veces (a veces es una expresión que en noches como esta se escribe en negrita) siento que todo se queda en la órbita de las palabras, de las promesas, sinceras, eso sí, pero palabras a fin de cuentas.

Calor.

Va a ser eso también. Un solitario que se siente solo y que necesita el calor de una conversación, de una compañía, ni más, ni menos. Bueno sí, algo más: ya puestos, necesito sentir cierta protección en momentos como este. Un rato al menos. Saber qué es eso más que nada. Pero con alguien delante, sentir eso con alguien delante, que no sea una línea en el ordenador la que te lo diga ni una voz en el teléfono ni una visita que te dice estoy aquí y luego dices ¿dónde está?. Ya, ya sé, cómo no lo voy a saber, sé que la gente tiene su vida, no soy bobo, era una forma de hablar. Pero, ¿dónde está la gente que dice estoy aquí en momentos como el de ahora? Pues está en un aquí que suele ser allí porque por lo general no suponen, no imaginan, no son adivinos de esa necesidad de compañía física en trances como este.

Dilo entonces.

¿A quién? A ellos. ¿A la 1 y 37 de la madrugada? Tampoco es eso. Y además soy muy prudente para esas cosas. Va un suponer: y si la 1 y 37 de la mañana fueran horas qué pasaría. Ah, interesante cuestión. Lo que pasaría es que se asustarían un poco, no por la hora, sino por el motivo de la llamada. Creo que la gente me ve en todo caso como la persona a la que acudir y cuando se da el caso contrario se sienten un poco confundidas. Vayamos más allá: ¿y sería suficiente? Esa es otra cuestión interesante. No lo sé. Pero no lo sé porque creo que sólo se ha dado el caso un par de veces en el siglo pasado (literalmente). Hablo de noches como esta, claro. De aquello recuerdo la emoción confortable del instante. Y la gratitud.

Que yo sepa, sólo una vez en mi vida alguien ha velado por mi una noche, con el móvil encendido en la cabecera de la cama, por si acaso. Me alivió saberlo y me incomodó saberlo. Que esa es otra. Yo creo que he nacido para velar o por lo menos me he acostumbrado a ello y no a lo contrario pero a veces me apago un poco y se me enfría el cuerpo y me entran añoranzas. Simplemente de compañía, de conversación. Luego, como soy un puñetero, me retiro un poco y hasta puede que un mucho. Pero no es noche para hablar de retiradas. La retirada es la penumbra, que también tiene su punto. Lo de hoy es otra cosa.