Archivo por días: 17 septiembre, 2008

Diario

En la particular guerra de barcos que mi sistema inmunológico mantiene consigo mismo desde hace una pesadez de años, la cadera izquierda está tocada. Pero todavía no me importa. Le he dado muchas vueltas a la frase anterior porque se me hacía rara pero es que es así, no es que no me importe, cómo no me va a importar, sino que todavía no. Hay cosas que pueden esperar a que les prestes atención. Mientras tanto, puedes sentir la satisfacción de haber descubierto el instante justo en que el verano tocaba con las puntas de los dedos al otoño, cosa que sucedió ayer a eso de las seis de la tarde, puede que un poco más pero no tanto como para decir las siete menos cuarto. Y cuando tienes la suerte de percatarte de algo así los sentidos todos se proyectan aquí y allá, en estos colores, en aquellos olores. Puede parecer una actividad estresante pero qué va, porque de alguna manera el cuerpo y la mente también participan de esa alineación de estaciones en perfecto equilibrio.

Por supuesto, para disfrutar de ese fenómeno ambiental hace falta estar fuera de la ciudad porque dentro también se nota pero es distinto. Eso ayer. También ayer me apetecía ir al cine, a ninguna película en concreto; en realidad, para ser sincero, lo que me apetecía era comer palomitas y beber cocacola en el cine. En ocasiones es lo mejor del cine. Fuera también puedes comer palomitas y beber cocacola pero no es lo mismo. Nunca es lo mismo. No sé qué le pasa a la gente con las palomitas, todo el mundo diciendo que no soportan lo de las palomitas y tal. Yo creo que lo dicen en plan cultureta. Ellos se lo pierden. Pero te paras con alguien y le dices que igual vas al cine y enseguida te responden que ellos van a una sesión en la que saben que no va a ver gente comiendo palomitas porque les molesta una barbaridad la gente que come palomitas en el cine. Y entonces yo les respondo que a mi lo que me molesta del cine es la gente, no las palomitas, y que por eso voy a sesiones insólitas como la de las cuatro de la tarde de un día laborable de noviembre. Creo que eso les desconcierta un poco, unos porque creen que bromeo pero dudan y otros porque creen que digo la verdad pero quieren dudar. Allá películas.

De todas formas no fui al cine sino que me fui a caminar. El espectáculo estaba fuera. La cadera protestó pero me senté un par de ratos y se calló. En el segundo rato eché mano del móvil (ya es un gesto reflejo) y tenía una llamada de Sergio. Se la devolví y me dijo que era para decirme dos noticias, una buena y otra mejor, y escuché y celebré ambas frente a un maizal espléndido. En unos días lo celebraremos en una cena. La semana pasada se pasó por casa y, de paso, cenamos también. En verano, mientras está aquí, siempre hay tiempo para una cena porque luego empieza el curso y yo creo que lo echamos en falta.