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Schubertiada 16 septiembre, 2008

Escrito por emejota en : Análisis, Música

Schubert Brendel“Schubert es el inventor de la fiebre en música”. Lo dice Alfred Brendel a la cámara y ante una frase así no puedes quedarte indiferente. Una frase así es suficiente para atraparte. “Schubert es el inventor de la fiebre en música”, afirma Brendel en una imagen de vídeo de finales de los 70, embutido en una camisa ceñida a la moda de la época, con patillas y con un par de folios mecanografiados con escaso margen y menor interlineado apoyados en el atril del piano Steinway, y al poco añade: “en él lo que se nubla es la consciencia”. Lo dice antes de pasar a detallar la penúltima de las Sonatas para piano de Schubert, obra maravillosa y crepuscular, en el y último de los dvd´s que componen el pack “Alfred Brendel plays and introduces Schubert piano works”. Toda una schubertiada magistral. 

Llevo varias noches absorto en esas explicaciones y en las posteriores interpretaciones, impecables, de esta sonata y de la siguiente, la última, grabadas ambas en un escenario más amplio. Porque aquí hay dos escenarios: uno, más pequeño, desde el que habla Brendel y otro, más espacioso, donde quienes hablan son sus dedos, con sus yemas convenientemente envueltas en trocitos de esparadrapo, como de costumbre, y con esos movimientos tan característicos de su garganta en tensión como si realizara grandes equilibrios o invirtiera grandes esfuerzos en algo que, sin embargo, se materializa en el teclado con desarmante facilidad.

Las peculiaridades de la penúltima sonata de Schubert animan a Brendel a afrontarla desde el análisis musical. Todos sus movimientos, y los temas que los componen, los principales y los secundarios, y hasta las secciones de enlace entre ellos, están emparentados motívicamente por dos parejas de intervalos de segunda: la-sol y fa-mi (y sus transposiciones derivadas). Las oportunas demostraciones al piano no dejan lugar a dudas. He aquí el inicio del segundo movimiento, una de las melancolías más conmovedoras de Schubert:

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Brendel se expresa con maneras sobrias de erudito algo ensimismado que no inspira a la cámara mucha cercanía, es verdad, pero nos engancha con su discurso pausado, lúcido y profundo, muy meditado, capaz de adentrarnos en un universo musical tan fascinante y complejo como es el del último Schubert.

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Brendel se toma su tiempo para diseccionar esta obra y llegar hasta su escalofrío, y al terminar lanza esta pregunta: “¿Para qué detenerse en estos detalles técnicos en lugar de dejarse impresionar sin más?” Interesante cuestión acerca de un compositor del que Franz Liszt dijo: “Casi podría olvidarse la grandeza de tu maestría ante el hechizo de tu espíritu”. Brendel añade: “Algunos dirán que estas cosas sólo se oyen porque se conocen. Me gustaría replicarles que el conocimiento de estas cosas no merma en nada su efecto emocional sino que, antes bien, a veces sólo así se consigue encauzarlo correctamente.”

Es un lujo que uno de los grandes intérpretes vivos ponga voz a su pensamiento y lo comparta con nosotros.

Comentarios»

1. Iona - 16 septiembre, 2008

qué reparador esto después de tantas subidas y bajadas en la montaña rusa. Gracias por tus recomendaciones y, aunque sólo entienda la mitad de la mitad de la mitad, siempre es un gusto leerlo (y escucharlo).

2. C. - 16 septiembre, 2008

Suscribo de pé a pa las palabras de Brendel: el placer que proporciona el conocimiento es ulterior al de la emoción sin apagarla, es más, es capaz de suscitarla allá donde el puro acercamiento ingenuo no nos diría nada. En fin, qué perífrasis más tonta me acabo de pegar ¿no? Pido perdón :)
Vamos, que tiene toda la razón del mundo y por eso me dan tanta envidia algunos que yo me sé.

3. emejota - 17 septiembre, 2008

Para eso está Brendel, Iona, para dejarlo todo muy clarito. De verdad que es recomendable.

(Y de nada)

C: he tenido que mirar porque no recordaba bien qué es una perífrasis, chica. Brendel tiene pinta de saberlo sin mirar a los apuntes. A ver si voy a empezar a envidiarle… :P

4. C. - 17 septiembre, 2008

Pues entonces no creo que le hayas encontrado mucho sentido, je, je; en realidad quería decir paráfrasis, no sé cómo puse perífrasis, que no es lo mismo. Sobre todo, que no se entere nadie :)
Ah, ya está: fueron las dos horas y media seguidas de tests de la autoescuela; eso le taladra el cerebro a cualquiera.

5. Iona - 17 septiembre, 2008

No me refería a que Brendel me dejara nada claro. Quería decir que es un gusto leer lo que escribes, aunque no me entere de mucho, pero sé que tú sí, y nos enseñas, y que todavía es más gustoso escuchar a Schubert, aunque sólo me entere a medias (mi oido hoy por hoy no está acostumbrado a tanta claridad, pero todo se andará….. eso espero).

6. emejota - 17 septiembre, 2008

Ya me parecía a mi, C… :)

Muchas gracias, Iona, pero que no te oiga Brendel que dirá que para saberes, el suyo (y tiene razón, excepto por lo menos dos veces que le pillamos en un renuncio y los pusimos en el blog más que nada para dejar constancia de que Brendel es humano y que eso es un consuelo)