Colegio

Vuelta al colegio. Hace muchos años que no tengo que volver al colegio pero pensar en este día me sigue produciendo una sensación incómoda, entre la lástima y el miedo. Mirando atrás, estoy absolutamente convencido de que mi aprendizaje terminó en maternales. Allí aprendí lo fundamental. A partir de allí fue una pérdida de tiempo lamentable, excepción hecha de las horas ocupadas en disfrutar del olor exquisito de las páginas del libro de Historia de 7º de EGB, y conforme pasaban los cursos sentí un miedo creciente que disimulaba a golpe de sobresaliente.

Hasta que me harté.

Un día que el ritmo decaiga en la consulta tengo que contarle al psicoanalista la odisea de 5º y la de 1º de BUP. En la primera sufrí acoso escolar brutal, digo bien, que con esas cosas no se frivoliza, acoso escolar brutal, pero fue por parte del profesor, lo cual lo hizo más escandaloso y repugnante. Te voy a hacer la vida imposible, me dijo un día en el pasillo. Luego sonrió a los que pasaban por allí pero no olvidó cumplir su promesa. Yo creo que le ponía. El tipo todavía anda suelto, por cierto. En 1º de BUP me dio tanto asco la monja que me fui de clase. Esto también fue algo especial porque era inconcebible que el chico modélico se saltara una clase, así que me salté dos meses y medio. Qué hice, dónde estuve y todo eso durante tanto tiempo para que la cosa colara es un misterio como el de la desaparición de Agatha Christie allá por los años 20.

Mi historial escolar se completa con el asombro, por mi parte, de que los esfuerzos por parte de los sucesivos profesores/as de literatura para que odiara la idem no dieran resultado; lo mismo con la música. Lo demás lo empecé a descubrir y a disfrutar fuera de las aulas. El único recuerdo bueno que me queda es el de los compañeros de clase y eso que fue en 6º de EGB cuando me di cuenta, en mitad de una clase de Inglés que lo mío no era el aprendizaje en grupo. Qué aburrimiento, qué lentitud, por Dios. Un psicólogo que había visitado el colegio el año anterior le dijo a la directora que le dijera a la tutora que le dijera a mi madre que yo era un chico muy inteligente con una sospechosa inclinación al autodidactismo. Hombre, no le voy a quitar razón, pero no tuve oportunidad de utilizar la cadena de comunicación de vuelta para decirle que si él era el autor de esos tests hilarantes y previsibles, era un poco idiota.

A mí el colegio me dejó una cicatriz de esas que pican cuando cambia el tiempo. La mía me escuece un poco cuando oigo que empieza el colegio.

8 pensamientos en “Colegio

  1. toni

    a (casi) todos nos ha dejado alguna cicatriz. y, aunque unas pican más que otras cuando cambia el tiempo, a todos nos deja una sensación extraña el día que empieza el colegio. en casa, por ejemplo, es imposible dejar de notar la tensión que se genera una semana antes, cuando la niña con nombre de agua prepara cartones con nombres, días de la semana, abecedarios y colores variados. es como una maratón que servirá para que sus alumnos se la encuentren por el pasillo del súper, dos años después de que haya sido su maestra, y le griten su nombre y corran y la abracen y sonrían mucho. qué buenos son algunos maestros. y qué malos los otros. algún día deberás contarnos la historia de ese profesor de quinto. que hace falta (y terapia).

  2. C.

    Para mí la vuelta al colegio forma parte de los encantos de septiembre, como las castañas de indias por el suelo, el cambio de luz, los cielos cubiertos…
    También en mi caso es algo muy “de casa”: todas las mujeres del gremio (pero de las buenas, eh?) ;)

  3. Iona

    una profesora de música me tenía aprecio hasta que un día nos mandó preparar un trabajo en casa sobre algún compositor y yo hice algo totalmente distinto a lo que ella esperaba. A partir de entonces, me hice amiga del chico del pupitre de atrás y ahí empezó todo, creo.

  4. Sergio

    yo levitaba sobre el curso a golpe de sobresalientes, pensando que era un mal sueño que se acabaría en Junio con la llegada de las golondrinas, la ingesta de “angelitos” de los árboles y la piscina, me enviaron al instituto más absurdo y ferreo de Zaragoza, minaron mis fuerzas y a partir de ahí tumbos y más tumbos.

    Por eso hoy tengo ligeras punzadas en el estómago que me recuerdan que somos lo que fuimos de pequeños.

    Saludos

  5. emejota Autor

    Te comprendo, Sergio.
    Iona: hiciste bien, chica.
    C: qué optimista que eres :)
    toni: la niña con nombre de agua me comprenderá perfectamente cuando digo que todo lo aprendí en pre-escolar. Lo del profesor de quinto requiere terapia pero para el profesor de quinto, que baja la cabeza cada vez que me ve y, sin embargo, yo ya no siento nada. Pero nada. Así que bien.

  6. orilla

    “somos lo que fuimos de pequeños” me gusta y estoy deacuerdo con esa frase, pero a la vez me da mucho miedo creer que es cierta. Como se sabe que fuimos de pequeños? No tuve una infancia nada feliz, aparentemente tendria que haber sido idílica pero no fue así.
    La peor depresion de mi vida la pasé de niña, cuando lo recuerdo me dan unas ganas tremendas de llorar, pobrecita aquella niña.

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