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Autoridad 10 septiembre, 2008

Escrito por emejota en : Glenn Gould, Música

En un concierto para piano y orquesta, ¿quién manda? ¿el director o el solista?

El sábado 7 de Abril de 1962, Leonard Bernstein dirigía a la Filarmónica de Nueva York en el Carnegie Hall:

En la segunda parte del concierto estaba programado el Primer Concierto para piano de Brahms. El solista, Glenn Gould:

Aquel día ocurrió algo insólito. Bernstein salió a escena, saludó, y en lugar de coger la batuta para dirigir a sus músicos se volvió de cara al público con la intención de dirigirles unas palabras. Y ante el estupor de los presentes, lo hizo. Conservamos el instante gracias a la retransmisión del concierto por una emisora de radio. Conociendo a Gould, tan caprichoso, siempre con sus enfermedades imaginarias a vueltas, la gente debió pensar que lo que Bernstein iba a anunciar era precisamente la ausencia del pianista. No sería la primera vez. Por eso, empezó su discurso con una broma; dijo: “No teman, el señor Gould está aquí” y la gente se echó a reir. La habilidad de Bernstein a la hora de desenvolverse frente al público era notable, como lo atestiguan sus legendarios programas didácticos de televisión.

Gould Bernstein

Bueno pero, si el señor Gould está aquí, ¿qué nos va a contar usted?, debieron pensar los asistentes al concierto. Pues nos va a contar, ni más ni menos, que no se hace responsable de lo que pueda pasar en los minutos siguientes, así de claro, tal era la cordial discrepancia entre solista y director en cuanto a la concepción de la obra de Brahms. Bernstein admitía estas cosas e incluso las afrontaba como una aventura estimulante siempre y cuando el punto de vista del solista tuviera consistencia. En el caso de Gould, las divergencias eran tales y, al mismo tiempo, merecían tal crédito por su parte, que Bernstein se vio obligado a hacer un preludio al concierto.

Pongámonos en situación: el locutor que está retransmitiendo el evento para la radio dice en un momento determinado que parece que el señor Bernstein va a decir algo a la audiciencia así que damos paso al escenario. Se hace el silencio y Bernstein comienza a exponer un divertido e interesante discurso. Podemos escuchar el audio original en inglés con una transcripción aproximada en español.

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(aplausos) No se asusten, el señor Gould está aquí (risas). Aparecerá en un momento.

Como saben todos ustedes, no tengo costumbre de hablar en ningún concierto excepto en el ensayo general de los Jueves por la noche, pero ha ocurrido algo curioso que merece, en mi opinión, una o dos palabras.

Están a punto de escuchar, cómo decirlo, una interpretación nada ortodoxa del Concierto de Brahms, una interpretación diferente a cualquier otra que yo haya escuchado jamás (…) porque se aparta con frecuencia de las indicaciones del propio Brahms. No puedo decir que esté en total acuerdo con la concepción que el señor Gould tiene de la obra y esto me hace plantear una pregunta interesante: ¿Qué hago dirigiéndolo? (risas del público)

Pues voy a dirigirlo porque el señor Gould es tan válido y serio como artista que debo tomar en cuenta seriamente las cosas que él concibe de buena fe, y su concepción es lo suficientemente interesante como para que yo piense que merece la pena que ustedes la conozcan también.Pero la vieja cuestión permanece en el aire: en un concierto… ¿Quién es el jefe? (risas del público) ¿el solista o el director? (risas). La respuesta es que a veces uno y a veces el otro según el grado de implicación en el asunto. Pero casi siempre, los dos alcanzan un acuerdo por persuasion o química o bien mediante “amenazas” (risas) para conseguir una interpretación unificada.

Sólo una vez antes en mi vida tuve que someterme al concepto del todo incompatible y novedoso del intérprete y fue la última vez que acompañé al señor Gould, (grandes risas) pero esta vez, las discrepancias entre nuestros puntos de vista son tan grandes que me he visto obligado a hacer este pequeño aviso. Me dirán entonces que por qué lo voy a dirigir (…) o por qué no he buscado otro solista e incluso un director que me sustituya. Pues en primer lugar porque estoy fascinado y agradecido por tener la oportunidad de mostrar una cara nueva de una obra tan conocida; en segundo lugar, porque hay momentos en la interpretación del señor Gould que emergen con asombrosa frescura y convicción.

En tercer lugar porque todos podemos aprender algo de este artista extraordinario que es un filósofo de la interpretación; y, finalmente, porque en esta música podemos encontrar lo que Dimitri Mitropoulos solía denominar “el factor DEPORTIVO” (risas), el factor de la curiosidad, la aventura, el experimento y les puedo asegurar que ha sido toda una aventura esta semana (risas) colaborar con el señor Gould en este Concierto de Brahms y es con este espíritu aventurero con el que ahora nos presentamos ante ustedes”

(fuerte ovación)

 

Comentarios»

1. Ferre - 10 septiembre, 2008

Chapeau.

Aunque después de escuchar a Berstein, me he quedado con las ganas de escuchar una versión ortodoxa (pero buena, claro) y la que el trío Gould / Bernstein / NYP ofreció aquel día, una después de la otra.

(Grrrr).

Saludos,

Ferre

2. toni - 11 septiembre, 2008

cierto es que te quedas con ganas de escuchar a Gould con Berstein y Brahms, o Berstein, Brahms y Gould, o el orden que sea. pero también fascinado por conocer un trozo más de sus historias. y por el factor deportivo, ese que hace que sigamos adelante y nos levantemos cada vez que nos caemos.

3. C. - 11 septiembre, 2008

Es lo que tiene la Idea del Norte: pica de un modo lo suficientemente espoleante como para que nos levantemos a la estantería o abramos otra ventana en el ordenador o salgamos a buscar aquello de lo que nos hablas con la necesidad de conocerlo o de revisitarlo con otros ojos.

(sin ir más lejos, estoy dispuesta a releer con otros ojos el guardián entre el centeno ;)

En fin, estimulante, como siempre. Gracias.

4. emejota - 12 septiembre, 2008

Lo has descrito muy bien, C. De eso se trata: de abrir el apetito :)

(a ver si es verdad lo del Guardián y nos cuentas)

La versión Gould/Bernstein está editada por Sony; la curiosidad por la rareza está por encima de la mala calidad de audio de la grabación. Ferre: hay una versión del propio Bernstein con Zimerman al piano (Deutsche Grammophon) que es recomendable aunque sea por tener al mismo director en el podio. Y Zimerman es Zimerman, claro (lo que para mí quiere decir un maestro indiscutible pero que a veces es un poco soso; no es el caso aquí, según recuerdo)

5. entre88teclas - 31 diciembre, 2008

Gould era Dios.

Buscaré esta versión del concierto de Brahms, ahora me pica la curiosidad…