Tormenta

Lo primero de todo, un beso muy gordo y un abrazo muy fuerte para Mª Jesús, que sé que va a leer estas líneas. Para Javier también, claro. Ana y yo repetiremos la visita de hoy poniendo lo que podemos dar: cariño y calor (y alguna risa y alguna galleta casera) Eso lo primero de todo.

(los vecinos me mandan un sms para decirme que duerma bien, qué majos)

Ahora el día en general. Desde las 4 de la mañana con los ojos abiertos, como el genial narrador de la última novela de Auster pero sin ser genial. He intentado imitarle inventando alguna historia como hace él en su noche de insomnio de 200 páginas de duración pero me dolía tanto la cabeza que he ido a la cocina en busca del remedio oportuno. Cuando he vuelto me he dado un inoportuno golpe en el pie de esos que te hacen ver las estrellas así que he vuelto peor de lo que he ído.

Cosas que pasan.

Por la mañana una amiga me ha llamado dos veces por mi nombre en mitad de la conversación. Y me he dado cuenta de que eso es raro porque eso pasa cuando se pone un poco seria o se preocupa por mí o tal. Creo que no me llamaba por mi nombre hace un siglo lo menos y va y esta mañana pues dos. Por algo sería.

Por la tarde ha sido lo del párrafo del comienzo y justo cuando volvíamos Ana y yo ha empezado a relampaguear y a llover de tal forma que nos hemos tenido que refugiar debajo del paraguas agarrándolo con fuerza porque parecía que íbamos a salir volando. En mitad de camino, sorteando calles desconocidas para mí (no conozco mi ciudad, qué desastre) a Ana le ha dado por volverse un momento dejándome a merced del torrencial aguacero porque quería coger del suelo una cabeza de muñeca de esas que te miran con expresión que te trauma. Le he dicho a Ana que lo suyo ya empieza a ser un poco Síndrome de Diógenes pero ella dice que según qué y se ha sacado una bolsita pequeña donde ha introducido la cabeza, a la espera de encontrarle cuerpo. Qué optimismo el de esta mujer, he pensado mientras volvia a cobijarme bajo el paraguas.

De repente ha pasado una cosa rara y es que la voz de Sergio sonaba desde el bolsillo. Después de lo de la cabeza de la muñeca en mitad del tormentón, un tormentón de novela gótica, he pensado que cualquier cosa podía ser posible y mira por dónde, era posible, vamos, era Sergio de hecho quien hablaba a través del móvil que ha debido activarse al hacer algún movimiento en busca del refugio del paraguas. Cena hoy, decía Sergio, cena mañana o pasado, decía yo, que toca madrugón para ir a Pamplona. Sergio estaba haciéndole a su padre un zumo natural de ahora no me acuerdo qué pero es lo mismo porque lo que importa es lo de hacer el zumo. Con eso sí me he quedado.

Al llegar a casa estaba sonando el otro teléfono, el fijo. Belén. Belén siempre me llama por mi nombre pero no es porque esté todo el día preocupada ni se ponga seria. Es la costumbre. Estábamos hablando entre truenos y relámpagos de esos que casi dan impresión cuando se ha ido la luz de la calle y nos ha dado por hablar así como en tono bajo. Mucho no hemos hablado porque venía yo como una sopa y quería ir a la ducha. ¿No tenías paraguas?, ha preguntado Belén. Sí, he contestado yo, pero no contaba con lo de la cabeza de la muñeca. Creo que Belén ha hecho como si nada porque ha seguido hablando como dos personas normales que hablan con la ciudad a oscuras mientras las gotas de lluvia golpean el cristal como metralletas y el sonido de los truenos se expande en un eco interminable y tembloroso.

Hoy también he pensado mucho.

3 pensamientos en “Tormenta

  1. toni

    me gustan esas tormentas de verano que te pillan en medio de un paseo. son como duchas de esas que te limpian por dentro y por fuera, como si fueran vasos de agua fresquita por la mañana. y, si vas acompañado, son todavía mejores, porque no sólo te limpian a tí, sino que refrescan sea lo que sea que haya entre los dos. y eso siempre es bueno. como pensar mucho cuando llueve tanto. eso ayuda, porque las ideas vienen como renovadas. aunque sean las mismas.

  2. Iona

    qué casualidad, yo también he aprovechado esa tormenta para salir de casa. Me encanta salir cuando llueve y te mojas y cuando la gente se va. qué gusto, por fin…

  3. Rachel

    la tormenta era muy esperada desde la mañana. Deseando además que hiciera limpieza en algunas cabezas o tal vez de algunos momentos.
    Las tormentas tienen un componente liberador, los truenos, los relámpagos, toda esa fuerza en parte nos descarga.

Deja un comentario: