Archivo por días: 4 septiembre, 2008

Recuerdos

Empezaré por el día en que salí de Pencey, que es un colegio que hay en Agerstown, Pennsylvania. Habrán oído hablar de él. En todo caso, seguro que han visto la propaganda. Se anuncia en miles de revistas siempre con un tío de muy buena facha montado en un caballo y saltando una valla. Como si en Pencey no se hiciera otra cosa que jugar todo el puto día al polo. Por mi parte, en todo el tiempo que estuve allí no vi un caballo ni por casualidad. Debajo de la foto del tío montando siempre pone lo mismo: “Desde 1888 moldeamos muchachos transformándolos en hombres espléndidos y de mente clara”. Tontadas. En Pencey se moldea tan poco como en cualquier otro colegio. Y allí no había un solo tío espléndido, ni de mente clara. Bueno, sí. Quizá dos. Eso como mucho. Y probablemente eran así de nacimiento.

(…) A los encuentros no solían ir muchas chicas. Por donde se le mirase era un asco de colegio. Selma Thurmer, la hija del director, sí iba con bastante frecuencia pero, vamos, no era exactamente el tipo de chica como para volverle a uno loco de deseo. Aunque simpática sí era. Una vez fuí sentado a su lado en el autobús y nos pusimos a hablar un rato. Me cayó muy bien. Tenía una nariz muy larga, las uñas todas comidas y como sanguinolentas, y llevaba en las tetas unos postizos de esos que parece que van a pincharle a uno, pero en el fondo daba un poco de pena. Lo que más me gustaba de ella es que nunca te venía con el rollo de lo fenomenal que era su padre. Probablemente sabía que era un gilipollas.”

J.D. Salinger, “El guardián entre el centeno”