Archivo por días: 2 septiembre, 2008

Tonalidades

Hoy he sido un chico bueno y trabajador. He hecho los deberes, he resuelto dudas y congojas varias por teléfono (ha sido una tarde-noche muy telefónica) y he subido un tono la partitura que tenía que entregar hoy a la editorial. Ya no es una obra en Si bemol Mayor. Es una obra en Do Mayor. Algo tan elemental como eso, subir un tono, bajar medio tono, es más complejo de lo que parece. En partituras vocales, los directores tienden por lo general a actuar con cierta ligereza al respecto y su preocupación parece ir encaminada exclusivamente a encajar la obra en el registro vocal de su instrumental humano, a acomodarla. Pero no piensan en las consecuencias. Suenan las mismas notas, cierto, pero se sienten de distinta manera y, lo que es más importante, la obra se ve peor. Las obras se ven, sí. Los oídos ven y saben que hay tonalidades que no combinan con determinadas partituras.

Esta obra, por ejemplo, esta Plegaria concebida para un coro de niños nació en Si Bemol Mayor porque es una tonalidad que posee una cierta veladura y ofrece dulzura sin remilgos, características que se adaptan a la perfección a lo que busca expresar esta música, recogimiento, inocencia, un ruego hecho desde la humildad. Esas cosas. Subirla medio tono no cuesta nada; al contrario, las voces graves respiran con cierto alivio los rigores de algunas notas, es cierto, pero también es seguramente un disparate. Por qué. Porque la plegaria desaparece.

(Ya no hay plegaria en esa partitura)

Si Mayor, así de rotundo, sin la (b)eladura del bemol, da mucho relieve a los contornos, es una tonalidad brillante. Si Bemol Mayor es como un sol de Noviembre. Si Mayor es una mañana de Junio. Valga la metáfora y, si no, no haberla subido medio tono.

Pero.

(Ahora llega el pero)

Si aún la subimos otro medio tono, las voces graves respirarán con plena tranquilidad, seguro que ninguna protesta, pero es que todavía pasará algo más importante (dicho sin afán de ningunear a las voces graves). Y lo importante es que llegamos a Do Mayor. En el mapamundi tonal, Do Mayor es Suiza, un tono neutro. Do mayor, además, representa la pureza y la sencillez; aclara los contornos, sí, pero lo hace sin estridencias, lo suficiente para que el oído distinga las líneas melódicas sin interferencias. Pureza y sencillez: eso le va bien a la inocencia infantil desde la que se expresa esta plegaria. Y si hasta ahora he hablado de ver con los oídos, no cabe duda también de que los ojos oyen, aunque este aspecto queda reservado para quien se asoma a la partitura. Ver impresa la representación de las notas fundamentales de Do Mayor (su arpegiado) encabezando la melodía, ofrece de golpe la garantía y la certeza de todas las características anteriormente descritas y que trabajan a favor de lo que dice el título. Plegaria. Para coro infantil.

Y así se queda.