Formateo

No hay cosa peor que formatear un PC y volver a instalar todo, desde cero, empezando por las historias para no dormir de la placa base (no nos entendemos la placa base y yo) el sistema operativo y terminando vete tú a saber, porque aún falta tarea. Viva el Mac. Digamos que ahora el ordenador está en servicios mínimos, lo suficiente para escribir este post pero todavía no capaz de reconocer las partituras que se concibieron a golpe de ratón.

Hasta el mismísimo moño estoy.

Es que ha sido todo el día, pero lo que se dice todo el día, y ahora me he mirado al espejo del cuarto de baño y tengo los ojos como Christopher Lee cuando le da un subidón de hemoglobina en las películas vampíricas de la Hammer. He formateado el ordenador y a estas horas de la noche siento que el que necesita un formateo soy yo. He salido un rato al balcón. Las 2 de la madrugada de cualquier madrugada de finales de Agosto es increíble porque se respira un fresquito muy agradable y un olor muy dulce de los árboles de allá; de los árboles o del césped, quizá de ambos. Allá enfrente, un poco más a la derecha, hay una especie de jardín insólito. Insólito porque en el fragor del día de esta populosa avenida nadie diría que al otro lado de un discreto muro de piedras oscuras que pasa desapercibido entre portales con placas de abogados, dentistas y academias tristísimas y escaparates con rótulos luminosos, hay un jardín pero de los de árboles de troncos gordos y retorcidos y lomas de césped. Los dueños son muy raros, lo han sido de toda la vida, gente adinerada que se quedó anclada en alguna década lejana y a veces pienso que incluso se han quedado anclados en sus habitaciones porque ni se les ve ni se les siente. Doña Flor le llamaba a la propietaria una que me sé yo porque las escasas veces que se le veía salir vestía unos estampados de película inglesa de los 70, con margaritas y tal, y hasta sombrero. Y se paseaba así con morros de turista alemana entre las mujeres que venían con la bolsa de la compra y las mochilas en las espaldas de los chavales.

De pequeño entré una vez en ese jardín y recuerdo un sol de atardecer filtrándose por los árboles tupidos y el asombroso silencio o el asombroso canto de los pájaros, ahora no me acuerdo bien. Quizá era que el canto de los pájaros te hacía notar la ausencia de ruido de tanto coche ahí al lado, al otro lado del muro de piedras oscuras y desiguales. También recuerdo un vaso de limonada en una mesa de metal blanco con mucho perifollo pero de Doña Flor no me acordé hasta que años después vi a Julieta Serrano con aquellos anclajes arbolarios en los 60 en “Mujeres al borde de un ataque de nervios” y me dije, mira, Doña Flor, que diría una que me sé yo.

Y esto a qué viene.

A lo del olor de las madrugadas de finales de Agosto, a gusto me quedaría allí, en la oscuridad de la terraza, contemplando la solitaria carretera y las solitarias aceras y, de vez en cuando, oyendo el estremecimiento ligero de los árboles del jardín dichoso con estas frescuras que anuncian lo que ha de venir, como decía la canción de Mary Poppins. “Viento del Este y niebla gris anuncian que viene lo que ha de venir” (Dick Van Dyke dixit). Lo que ha de venir es el otoño. Me gustaría sentarme en la mesa que puse el año pasado frente a la ventana desde donde se ven los árboles de ese jardín a esperar al otoño por las tardes. Capaz soy. Sería una buena forma de formatearme. Ver el estallido de la luz del sol entre las hojas verdes y dejar la conciencia suspendida en ese vaivén caleidoscópico. Estaría bien eso.

De momento hay cosas que hacer. Hoy por la mañana hay que despedir a alguien que ha dejado escondido un libro en un tejado con la intención de que ese tejado sea el pozo que aparece en el libro; luego hay que estar pendiente de un quirófano y de lo que traiga. Hago muchas cosas y, al mismo tiempo, pocas de puertas afuera. Sin embargo, hoy me he encontrado con cuatro, unadostresycuatro invitaciones distintas a cenar y mi formateo no puede procesar eso de golpe aunque todas son necesarias, alimento por la compañía y por el escenario. Ha llamado Anamari esta mañana y por detrás se escuchaba a Merche y esa cena sí que es obligada porque es la cena del cuarto de siglo de cenas. Parece increíble, ha dicho Anamari, y la notaba moviéndose aquí y allí con el inalámbrico en la mano, que ella nunca se está quieta y siempre hace dos cosas a la vez. Y me he quedado escuchando a través del auricular con la misma atención con la que uno mira una fotografía atentamente, porque cuando llama Anamari y detrás está Merche uno siente que a través del teléfono le llega una imagen, un mapa nítido de lo que allí encuentro siempre, tan balsámico, tan familiar.

No tengo ni pizca de sueño. Eso pasa por el formateo, por haber estado todo el día que si setup que si cancel que si partition y que si no. Porque Windows es testarudo, iba a decir que es una mierda pero vamos a seguir respetando el libro de estilo, y para Window prefiero la del balcón de la terraza; sales y aspiras el olor del jardín de allá cerca y sientes cómo las noches van operando silenciosamente la mudanza que un día, como ha sucedido otras veces, nos anunciará la llegada del otoño por el color de un rayo de sol proyectado en una fachada o por una corriente de aire que hará que las madres llamen en el parque a los niños para que se pongan la chaqueta o se vayan a casa con paso apresurado llevando el carrito de los más pequeños.

Por lo demás estoy un poco tristón menos cuando no hablo y me meto dentro de mí un poco. Y eso que hoy he salido un ratillo por la mañana para recoger los recitales Schubert-Brendel en dvd que me ha dejado el hermano de un amigo mío para que los, digámoslo con sutileza, los duplique, que a ver si no quién se zampa 9 horas y 24 minutos de melancolías schubertianas entre tanto install, BIOS, folder y demás. Y he aprovechado la salida para entrar a la librería sólo para dar un par de besos a Anabel, que desde que volvió de vacaciones tras el puente de Agosto no la había visto. Para cuando he llegado ya no estaba pero a cambio me he venido con un libro de bolsillo de relatos de Ian McEwan y con la sospecha de que igual no lo voy a leer.

A ver si me despejo un poco y mañana ya puedo dedicarme a contestar mails y comentarios. Y a escribir mails, que alguno tengo pendiente. Siendo dependiente de muchas cosas estoy pendiente de otras muchas y entre medio necesito un formateo rápido; el ordenador deja elegir entre dos, el rápido y el lento, al que acompaña entre paréntesis un recomended y la advertencia de que va para largo. Y tampoco es eso.

5 pensamientos en “Formateo

  1. Sergio

    hola de nuevo,

    por suerte o no soy informático, así que si tienes alguna duda que no puedas solucionar cuenta conmigo.

    Saludos desde Cádiz

  2. Iona

    Esas escapadas tuyas al balcón a las dos de la madrugada, independientemente de la necesidad de aire fresco y de formateo de la que hablas, podrían ser el barrunto (that word is incredible) de algo, de alguna historia digna de ser contada. No sé, a ver si sigues observando esa casa de enfrente y descubres qué se cuece por allí, en esas alcobas ancladas en el tiempo y en ese ir y venir sospechoso de Miss Daisy, que seguro sigue ahí (yo también creo que la he visto algún día por la calle, cuando ya la daba por muerta). Y bueno, si necesitas ayuda, te digo lo mismo que con los estudiantes de Wisconsin (¿se admiten oteadores en tu balcón? yo podría aportar el té, los prismáticos y mi nada desdeñable experiencia en secretos de balcón).

  3. C.

    ¡La indefensa Miss Daisy espiada desde las alturas por el insomne Emejota Lee, a quien la nocturnidad ha vuelto también alevoso! ¡con música de fondo de Shubert! Y la acólita también promete, con su termo de té y sus prismáticos…

  4. Miss Daisy

    A ver qué estáis tramando por ahí, me he enterado de todo y me parece que, tal y como se plantea la cosa, voy a ser yo quien cuente la historia desde mi balcón y esta vez sí que me voy a reír, no hay mas que ver la pinta que tenéis.

  5. toni

    a mi me cae bien, Miss Daisy, que tiene usted toda la razon. que es eso de que se metan con usted de esta manera. eso es porque no saben que su casa esta encantada, no? muhahaha.

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