Formateo 26 agosto, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackNo hay cosa peor que formatear un PC y volver a instalar todo, desde cero, empezando por las historias para no dormir de la placa base (no nos entendemos la placa base y yo) el sistema operativo y terminando vete tú a saber, porque aún falta tarea. Viva el Mac. Digamos que ahora el ordenador está en servicios mÃnimos, lo suficiente para escribir este post pero todavÃa no capaz de reconocer las partituras que se concibieron a golpe de ratón.
Hasta el mismÃsimo moño estoy.
Es que ha sido todo el dÃa, pero lo que se dice todo el dÃa, y ahora me he mirado al espejo del cuarto de baño y tengo los ojos como Christopher Lee cuando le da un subidón de hemoglobina en las pelÃculas vampÃricas de la Hammer. He formateado el ordenador y a estas horas de la noche siento que el que necesita un formateo soy yo. He salido un rato al balcón. Las 2 de la madrugada de cualquier madrugada de finales de Agosto es increÃble porque se respira un fresquito muy agradable y un olor muy dulce de los árboles de allá; de los árboles o del césped, quizá de ambos. Allá enfrente, un poco más a la derecha, hay una especie de jardÃn insólito. Insólito porque en el fragor del dÃa de esta populosa avenida nadie dirÃa que al otro lado de un discreto muro de piedras oscuras que pasa desapercibido entre portales con placas de abogados, dentistas y academias tristÃsimas y escaparates con rótulos luminosos, hay un jardÃn pero de los de árboles de troncos gordos y retorcidos y lomas de césped. Los dueños son muy raros, lo han sido de toda la vida, gente adinerada que se quedó anclada en alguna década lejana y a veces pienso que incluso se han quedado anclados en sus habitaciones porque ni se les ve ni se les siente. Doña Flor le llamaba a la propietaria una que me sé yo porque las escasas veces que se le veÃa salir vestÃa unos estampados de pelÃcula inglesa de los 70, con margaritas y tal, y hasta sombrero. Y se paseaba asà con morros de turista alemana entre las mujeres que venÃan con la bolsa de la compra y las mochilas en las espaldas de los chavales.
De pequeño entré una vez en ese jardÃn y recuerdo un sol de atardecer filtrándose por los árboles tupidos y el asombroso silencio o el asombroso canto de los pájaros, ahora no me acuerdo bien. Quizá era que el canto de los pájaros te hacÃa notar la ausencia de ruido de tanto coche ahà al lado, al otro lado del muro de piedras oscuras y desiguales. También recuerdo un vaso de limonada en una mesa de metal blanco con mucho perifollo pero de Doña Flor no me acordé hasta que años después vi a Julieta Serrano con aquellos anclajes arbolarios en los 60 en “Mujeres al borde de un ataque de nervios” y me dije, mira, Doña Flor, que dirÃa una que me sé yo.
Y esto a qué viene.
A lo del olor de las madrugadas de finales de Agosto, a gusto me quedarÃa allÃ, en la oscuridad de la terraza, contemplando la solitaria carretera y las solitarias aceras y, de vez en cuando, oyendo el estremecimiento ligero de los árboles del jardÃn dichoso con estas frescuras que anuncian lo que ha de venir, como decÃa la canción de Mary Poppins. “Viento del Este y niebla gris anuncian que viene lo que ha de venir” (Dick Van Dyke dixit). Lo que ha de venir es el otoño. Me gustarÃa sentarme en la mesa que puse el año pasado frente a la ventana desde donde se ven los árboles de ese jardÃn a esperar al otoño por las tardes. Capaz soy. SerÃa una buena forma de formatearme. Ver el estallido de la luz del sol entre las hojas verdes y dejar la conciencia suspendida en ese vaivén caleidoscópico. EstarÃa bien eso.
De momento hay cosas que hacer. Hoy por la mañana hay que despedir a alguien que ha dejado escondido un libro en un tejado con la intención de que ese tejado sea el pozo que aparece en el libro; luego hay que estar pendiente de un quirófano y de lo que traiga. Hago muchas cosas y, al mismo tiempo, pocas de puertas afuera. Sin embargo, hoy me he encontrado con cuatro, unadostresycuatro invitaciones distintas a cenar y mi formateo no puede procesar eso de golpe aunque todas son necesarias, alimento por la compañÃa y por el escenario. Ha llamado Anamari esta mañana y por detrás se escuchaba a Merche y esa cena sà que es obligada porque es la cena del cuarto de siglo de cenas. Parece increÃble, ha dicho Anamari, y la notaba moviéndose aquà y allà con el inalámbrico en la mano, que ella nunca se está quieta y siempre hace dos cosas a la vez. Y me he quedado escuchando a través del auricular con la misma atención con la que uno mira una fotografÃa atentamente, porque cuando llama Anamari y detrás está Merche uno siente que a través del teléfono le llega una imagen, un mapa nÃtido de lo que allà encuentro siempre, tan balsámico, tan familiar.
No tengo ni pizca de sueño. Eso pasa por el formateo, por haber estado todo el dÃa que si setup que si cancel que si partition y que si no. Porque Windows es testarudo, iba a decir que es una mierda pero vamos a seguir respetando el libro de estilo, y para Window prefiero la del balcón de la terraza; sales y aspiras el olor del jardÃn de allá cerca y sientes cómo las noches van operando silenciosamente la mudanza que un dÃa, como ha sucedido otras veces, nos anunciará la llegada del otoño por el color de un rayo de sol proyectado en una fachada o por una corriente de aire que hará que las madres llamen en el parque a los niños para que se pongan la chaqueta o se vayan a casa con paso apresurado llevando el carrito de los más pequeños.
Por lo demás estoy un poco tristón menos cuando no hablo y me meto dentro de mà un poco. Y eso que hoy he salido un ratillo por la mañana para recoger los recitales Schubert-Brendel en dvd que me ha dejado el hermano de un amigo mÃo para que los, digámoslo con sutileza, los duplique, que a ver si no quién se zampa 9 horas y 24 minutos de melancolÃas schubertianas entre tanto install, BIOS, folder y demás. Y he aprovechado la salida para entrar a la librerÃa sólo para dar un par de besos a Anabel, que desde que volvió de vacaciones tras el puente de Agosto no la habÃa visto. Para cuando he llegado ya no estaba pero a cambio me he venido con un libro de bolsillo de relatos de Ian McEwan y con la sospecha de que igual no lo voy a leer.
A ver si me despejo un poco y mañana ya puedo dedicarme a contestar mails y comentarios. Y a escribir mails, que alguno tengo pendiente. Siendo dependiente de muchas cosas estoy pendiente de otras muchas y entre medio necesito un formateo rápido; el ordenador deja elegir entre dos, el rápido y el lento, al que acompaña entre paréntesis un recomended y la advertencia de que va para largo. Y tampoco es eso.