Nocturno

Es cierto que a veces se nublan los días y se apagan la voz y las sonrisas y no puedes hacer nada por evitarlo. El hecho de ser consciente de ello lo hace todo más doloroso. Hace un par de años empecé a preguntarme qué pudo pasar para que, de pronto, un día, empezara a tambalearme ante un pequeño golpe de aire e hiciera de ello costumbre después de una vida entera poniendo la cara al vendaval y no dudé en consultarlo con quienes saben de esto.

A la gente le da pudor confesar que acude a un psicólogo, no te digo nada si es a un psiquiatra. Para eso tienes que ser Woody Allen. Hay que ser lo menos Woody Allen para ir a un psiquiatra y que la gente lo vea normal y, de paso, se ría un poco del chiste. Sin embargo, y esto no es un chiste, una de las cosas positivas que ha traido caer enfermo a los 11 años es conocer a uno aunque para eso haya tenido que esperar un cuarto de siglo. El chiste me lo cuento a mí mismo de vez en cuando en la sala de espera cuando me miro el dedo índice de mi mano derecha, que es donde empezó todo, y de repente me veo allí sentado. Mi biografía está en el intermedio. Cuando se me empezó a inflamar el dedo índice se lo enseñé al médico de cabecera y me dijo, pareces E.T; era inevitable porque la estaban poniendo en los cines y porque yo enseñaba el índice así y además decía au y además lo tenía todo inflamado y notaba en el extremo un pulso intermitente, pero no lucía como le pasaba a E.T sino que jodía. Pues de ahí a aquí, oiga. Oiga no, dijo él, no me trates de usted. Y yo le contesté que de acuerdo pero que eso no cambiaba la circunstancia kafkiana. Y desde entonces empezó a tomar nota de lo que digo, qué tío, porque yo no callo y tomar nota en casos así tiene mérito. Él dice que a veces a los pacientes cuesta hacerles hablar dos palabras y a mí casi (y sin casi) me tiene que callar. Y muchas veces hablo para decirle que en ocasiones se me apaga la voz. Qué paradoja.

Parece ser que la respuesta al tambaleo es una cuestión de desgaste a la exposición prolongada a tanto vendaval, eso en primer lugar. Pero tambalearse y venirse abajo a las primeras de cambio también desgasta. Desgasta más, dice él. Desgasta más, sí, añado yo. Solemos estar de acuerdo con cierta frecuencia, quizá demasiada. Para compensarlo, un día me pareció un poco borde y a la siguiente cita se lo dije, que yo no me callo nada. Porque no se ha dado el caso de que alguna de las consultas haya coincidido con un apagón. Y me da rabia, eso también se lo digo, porque ya que me cuesta una pasta pues qué menos que se luzca el hombre a ver qué sale. Pero volviendo al asunto, tambalearse y caerse desgasta mucho, es cierto, sobre todo porque no puedes evitarlo. Y unas veces te agota por el esfuerzo y el empeño que pones infructuosamente y otras porque ni se te ocurre ponerte, y eso agota por impotencia. Lo que pesa más está alrededor, cuando eres consciente de los silencios de los demás, desconcertados unas veces, contrariados otras, lejos de suponer la verdadera profundidad del pozo, por mucho que quieran o crean comprender. Yo nunca me he sentido más solo que en momentos así.

3 pensamientos en “Nocturno

  1. toni

    tambalearse y caer no es lo mismo. y puede que tú te tambalees, pero no te caes. y, aunque a veces parezca que sí, porque el sueño y el cansancio físico te pueden y la nada viene y lo llena todo, luego te vuelves a levantar, que para eso nos caemos. y esto último no lo digo yo, lo dice Michael Caine vestido de Alfred, que es un hombre muy sabio. por eso me gusta leerte, porque, al igual que el bueno Alfred, nos empujas a los que no tenemos ni puta idea de lo que es tambalearse, ni tener el dedo como ET pero doliendo, nos levantas un poco y nos dices que las cosas pueden verse de varias maneras, en el suelo, de pie, sentado, tumbado. y que la del suelo no es la mejor opción. muchos ánimos y muchas sonrisas pixeladas.

    (y no estás solo. lo sabes, verdad?)

  2. C.

    Hay a veces silencios compasivos, en el sentido más literal de la palabra, aunque no lo parezcan. Y palabras pronunciadas con la mejor intención que, ya en el aire, se desvelan absolutamente inoportunas. Hay veces en que no sabemos hacerlo mejor…
    Y hay sentimientos, sensaciones, negruras que son tan de uno mismo que no se pueden hacer entender, aunque se pongan en palabras o en notas.
    Pero escribir sobre el pozo es, de algún modo, verlo desde fuera y empezar a salir. Con cuidado de no resbalarte, tómate tu tiempo, pero sal.

  3. Iona

    toni y C. lo han expresado muy bien.
    por cierto, el viernes fue mi onomástica y nadie se acordó de mí. Miento, miento más que hablo, pero da igual. Lo que quería decir es que el viernes fue mi onomástica y sólo se acordó de mí la Inmobiliaria, que me mandó un mensaje por el móvil. Yo ni sabía que ése era el día, así que fui como un rayo a mi estantería a ver si era verdad y sí, lo era. Abrí el libro y leí: somos unos hipócritas, soy una hipócrita y pensé: la Inmobiliaria también es una hipócrita, que se hundan todas las inmobiliarias. (no sé qué es lo quería decir cuando he empezado este post, pero nada que ver con lo que he dicho, maldita Inmobiliaria).
    toni y C. lo han expresado muy bien, sí, eso me hubiese gustado decir.

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