Robinson

Estoy de Rodríguez cual Robinson en esta isla desierta que es, desde el domingo y hasta mañana por la tarde, mi casa. Mi madre tuvo que marcharse a casa de la abuela para tres días y a punto de cumplir mis 40 años me dijo toda compungida: ¿podrás defenderte solo?

Cómo te quedas.

Pues me quedo pensativo y por motivos diversos. Por un lado me sentí un poco cual adolescente que dispone durante un fin de semana de su casa con libertad, lo cual me pareció un poco raro porque ahora no me toca ser adolescente y cuando me tocó, pues tampoco. A mi no me toca ni la lotería.

Por otra parte he reflexionado sobre el hecho de que mi vida va un poco al revés y que, ciertamente, es lógico que mi madre se pregunte (me pregunte) si puedo defenderme solo porque a los 13 años (sí, a los 13) yo hacía unas buenísimas tortillas de patata (modestia aparte) y otras cosas más igualmente buenísimas, como la repostería; anda que no hacía unos bizcochos para mi hermano rellenos de Nocilla que… En fin. Pero ahora, mis manos son incapaces de poder pelar una patata para hacer cuatro patatas fritas. Y ahora me dejo de ironías para decir algo muy en serio: no nos podemos imaginar lo complejas que son las maniobras que las manos efectúan para mondar una patata con un cuchillo. De verdad. Pero como en otras cosas de la vida, hace falta llegar a no poder efectuar algo para darse cuenta de lo que cuesta una patata frita. Pues eso me pasa a mí ahora. Y me siento torpe y un poco pato. Así que eso, por un lado como adolescente en plan este es mi refugio y por otro lado pues a ver cómo me las arreglo.

Cierto es que al abrir el frigorífico el domingo me pareció por un momento que acababa de abrir la cámara del tesoro de algún cuento de las mil y una noches, tal era el refulgir de papel de plata que cubria que si esto que si lo otro. Llamé por teléfono a mi madre para decirle, como diciendo, que sólo era hasta el miércoles pero de esta semana, no de la que viene, y ella dijo que por si acaso resultaba escaso. Y que había un pack de botellas de agua mineral allí y que tal y que cual. Y entonces pasó lo del lavavajillas y ahí ya no, mira; porque una cosa es que no pueda pelar una patata y otra que sea un inútil integral. El affaire lavavajillas tuvo lugar cuando mi madre dijo que el lavavajillas tenía ya puesta la pastillita en su depósito a falta únicamente de meter los platos y darle al botón. Hasta la pastillita esa estaba ya puesta!

Diferencias al margen entre ella y yo a la hora de determinar lo que en mi caso significa poder hacer y no poder hacer (he ahí la cuestión), me siento muy bien de Robinson en esta isla en la que el primer día me dieron las 5 de la madrugada y la página 600 con un libro en las manos (tengo que hablar del libro en cuestión, que me tiene con el alma en vilo, el libro del año, por Dios qué libro) y donde básicamente hago y deshago lo mismo de siempre pero a mis anchas. Lo mío es estar a mi aire, está claro. Mi madre se marchó algo preocupada (lo que quiere decir que por dentro se iba francamente preocupada) pero ayer ya se le notaba menos por teléfono y hoy ni te cuento ante la perspectiva de volver mañana. Hoy es a mí al que se le notaba un poco preocupado ante la misma perspectiva. Cualquiera que te oiga va a pensar que te sobro, hijo, dice ella. Y no es eso, y en el fondo lo sabe, yo le digo que el que sobra soy yo, pero entonces sí que la liamos, indefectiblemente, y como estoy tan ancho de Robinson he preferido no liarla ni por teléfono siquiera así que me ahorrado el comentario final y estas 24 horas que quedan sigo tan tranquilito.

4 pensamientos en “Robinson

  1. Iona

    gracias por seguir ahí, y seguir diciéndonos cosas que sólo muy pocas personas son capaces de decir (de pensar siquiera), por muchas patatas que puedan seguir pelando hasta el final de sus días y por muchas adolescencias que puedan haber vivido cuando tocaba.

  2. toni

    perdona, pero para tortillas de patata, las de la niña con nombre de agua. tiene incluso distintos modelos. y todos ellos fascinantes. eso sí, las patatas las pelo yo. y sí, soy consciente de la cantidad de movimientos que hacemos cuando pelamos patatas. mogollón. aunque ser Robinson también mola mucho, aunque la miga la tengas en la nevera bajo el papel de plata. cúidate emejota, y disfruta de la soledad, que también es absolutamente necesaria.
    (casi 40, pero si estás hecho un chaval)

  3. C.

    Neveras así de surtidas -o más- les dejan a muchos que están perfectamente en forma y a los que madres y esposas abnegadas tratan como si fueran mancos. Lo de tu madre es otra cosa, y ya lo sabes, pero es cierto que a veces cuesta dejarse querer así.

    Qué libro??? cuál??? pero cuáaal???? El comisario Adamsberg acaba de desfazer el entuerto y sólo me quedan tres páginas. No sé si lanzarme ya a “la consolante” de la Gavalda o qué.

    Abrazos

  4. Jam

    Nunca hubiera pensado que iba a reflexionar acerca de cómo pelar una patata teniendo las manos poco operativas, pero lo he hecho, porque ante estas cosas no puedo evitar ponerme en la situación, como si me sucediese a mí. Y lo gracioso es que se me ha ocurrido algo, pero no sé si debo contarlo (no estoy seguro de que sea necesario). Un abrazo.

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