Número

He cambiado de móvil, de compañía y de número.

Lo último tiene su cosa porque de repente te encuentras en un fugaz aunque atractivo fuera de campo del mundo. De pronto, no estás para nadie porque nadie conoce tu nuevo número, ese que te representa ante los oídos de quien llama. Pero poco a poco tienes que dar aviso, encender la luz en el porche, dar la nueva dirección a un vecindario que, sin embargo, es el mismo. Hacerlo también tiene algo de aventura porque no te queda otro remedio que internarte en el archivo donde se han acumulado todos los números de los años anteriores, un lugar que no frecuento porque siempre llamo a las mismas (pocas) personas. Mi relación con el teléfono es un poco extraña: es reducida pero intensa. La relación de Glenn Gould con el teléfono también era reducida pero intensa. Pero más todavía. De hecho, lo suyo con el teléfono era vital, el único hilo de comunicación que le unía al mundo desde su retiro/refugio en la genuina Idea del Norte.

A lo que voy.

Estaba en lo del archivo, que tiene algo de aventura, porque de pronto te encuentras ante nombres que en su día intervinieron en uno o en varios capítulos de tu vida profesional y/o personal y ya no están. Silencio. Sus nombres son los únicos vestigios que han quedado ahí, de manera material, aunque de un grupo de puntitos de luz se trate, pero eso es más material que el recuerdo que tienes de esas personas, que según el caso es más bueno o menos. En algunos casos es la única señal fuera de uno mismo que atestigua que existieron. Empezar una vida telefónica de cero tiene de bueno que actualizas la agenda y, al hacerlo, se caen definitivamente algunos de esos nombres, sobre todo los nombres a los que ya no te une nada. La vista, todo sea dicho, se detiene en alguno un poco pensativa y en otros pasa con una celeridad proporcional al sentido común.

Soy un número nuevo, tengo una nueva identidad telefónica; a partir de ahora mi voz sonará a través de una combinación nueva de dígitos que, poco a poco, haré llegar a los otros números. Espero ser el mismo. Imagina que por cambiar de número resultas ser otro. Luego te llamo y me lo cuentas.

7 pensamientos en “Número

  1. Rachel

    Bueno, bueno. Acabo de estrenar tu número a ver q tal llegan los mensajes. Madre mía cambio de compañía y tó!

    Lo de borrar contactos o dejar tiene algo de cierre de capítulo…

  2. emejota Autor

    Llegan, llegan.

    Lo de los contactos que dejan de serlo tiene algo de cierre de capítulo o de temporada o de serie. Hay muchas clases de finales, como las cadencias en música: conclusivas, suspensivas, rotas…

  3. Crishu

    Eso eso, habla un poco de las cadencias que tendría que repasarlas este verano y no he hecho nada y luego en Octubre ni me acuerdo, jeje.

    Está bien a veces cerrar capítulos y hacer limpieza en el móvil…a mí me cuesta mucho…

    Beso

  4. jorge

    Puntito en Barcelona. Uno lo querría luminoso, pero como dijo Kung Fu al pequeño Saltamontes: “Si no has de mejorar el silencio, calla.” Pudor también, respeto principalmente.

  5. Iona

    todo empezó el día en que mi novio me regaló mi primer móvil. Antes todo era más sencillo, mi “yo” tenía el mismo número que mis hermanos y mis padres, todos habitábamos bajo el mismo techo y bajo el mismo número, para lo bueno y para lo malo, y para poder hablar con cualquiera de nosotros había que pasar inevitablemente por un filtro que no siempre era del agrado del que estaba al otro lado de la línea. Y esto es lo que le pasó precisamente a mi novio cuando, harto de tener que dar explicaciones a mi madre, decidió que mi “yo” se merecía otra cosa, en este caso, una serie de dígitos juntos. Desde entonces nunca he podido saber si esta idea de mi novio fue del todo buena. Y es que ahora ya no es mi madre la que me tiene controlada, no, sino él, y por si fuera poco, mi madre no para de dejarme mensajes que, escuchados al cabo de unos días, resultan de lo más desconcertante. Quizá yo también debería cambiar de móvil, de compañía, de número y, ya de paso, de novio (me temo que a mi madre ya no la puedo cambiar).

    un abrazo y mis mejores deseos para tu nueva identidad (telefónica quiero decir).

  6. emejota Autor

    Lo de las identidades telefónicas está dando para más de lo que pensaba, Iona. Ya contaré, ya. Y es verdad lo de los mensajes. A los días no es que caduquen, es que además desconciertan.

    Crishu: quitar nombres cuesta en ocasiones pero a mí lo que me cuesta más es borrar mensajes. Será alguna manía o algo. Lo de las cadencias creo que está en algún post en el baúl de los recuerdos del blog, pero no recuerdo dónde…

    Jorge: todas las voces son necesarias en esta polifonía. Quién sabe en qué voz de la partitura aparecerá un motivo que alumbre al resto de la composición. Cierto es que lo mismo ocurre con los silencios, de negra, de blanca, de corchea, de lo que sea.

    Abrazos.

  7. toni

    pero es bonito tener un móvil nuevo. aunque sólo sea por la novedad, por la melodía que le vas a poner, por el ruidito de los mensajes, el fondo de escritorio y todos esos momentos de customización personal en los que te intentas reflejar un poco. pero, sobre todo, por ese borrado genérico de la agenda. eso es lo me jor. aunque luego vuelvas a poner los mismos nombres. la renovación se hace necesaria.

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