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Número 3 agosto, 2008

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios , trackback

He cambiado de móvil, de compañía y de número.

Lo último tiene su cosa porque de repente te encuentras en un fugaz aunque atractivo fuera de campo del mundo. De pronto, no estás para nadie porque nadie conoce tu nuevo número, ese que te representa ante los oídos de quien llama. Pero poco a poco tienes que dar aviso, encender la luz en el porche, dar la nueva dirección a un vecindario que, sin embargo, es el mismo. Hacerlo también tiene algo de aventura porque no te queda otro remedio que internarte en el archivo donde se han acumulado todos los números de los años anteriores, un lugar que no frecuento porque siempre llamo a las mismas (pocas) personas. Mi relación con el teléfono es un poco extraña: es reducida pero intensa. La relación de Glenn Gould con el teléfono también era reducida pero intensa. Pero más todavía. De hecho, lo suyo con el teléfono era vital, el único hilo de comunicación que le unía al mundo desde su retiro/refugio en la genuina Idea del Norte.

A lo que voy.

Estaba en lo del archivo, que tiene algo de aventura, porque de pronto te encuentras ante nombres que en su día intervinieron en uno o en varios capítulos de tu vida profesional y/o personal y ya no están. Silencio. Sus nombres son los únicos vestigios que han quedado ahí, de manera material, aunque de un grupo de puntitos de luz se trate, pero eso es más material que el recuerdo que tienes de esas personas, que según el caso es más bueno o menos. En algunos casos es la única señal fuera de uno mismo que atestigua que existieron. Empezar una vida telefónica de cero tiene de bueno que actualizas la agenda y, al hacerlo, se caen definitivamente algunos de esos nombres, sobre todo los nombres a los que ya no te une nada. La vista, todo sea dicho, se detiene en alguno un poco pensativa y en otros pasa con una celeridad proporcional al sentido común.

Soy un número nuevo, tengo una nueva identidad telefónica; a partir de ahora mi voz sonará a través de una combinación nueva de dígitos que, poco a poco, haré llegar a los otros números. Espero ser el mismo. Imagina que por cambiar de número resultas ser otro. Luego te llamo y me lo cuentas.