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Tarareo 20 julio, 2008

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Estoy dándole vueltas a esto:

La idea es empezar a cantarlo sin prisa y suavemente a una voz, no una cuerda, es decir, no varias personas cantando lo mismo sino una sola persona, como si lo tarareara. A continuación se repetiría introduciendo una segunda voz que contrapuntee, juegue y complemente a la primera; finalmente, una nueva repetición presentaría una tercera voz, pero para entonces la voz inicial, quedaría situada en medio de las otras dos. Eso es lo que más me gusta, porque entonces el oído “ve” pero tiene que hacer un cierto esfuerzo de aproximación y abrirse paso entre los hilos para comprobar que sí, que no se le ha hurtado una sola nota, que todo está igual que al principio, aunque quizá no lo parezca.

Pues a eso le estoy dando vueltas. A eso o a algo similar.

Escenario 19 julio, 2008

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackback

Aún no le he dicho al blog que enseguida cambiamos de escenario momentáneamente y nos vamos al mediterráneo. Unos días, como todos los años. Lo mío con el mediterráneo es una necesidad vital, reencontrarme con él y conmigo mismo. Me despierta el sentido de la reflexión, lo amplifica. Pero creo que este año necesitaría una larga estancia para reflexionar sobre todo lo que tengo que reflexionar. La primera reflexión sería: ¿sobre qué cosas tengo que reflexionar?, tal es el lío, o el desconcierto o la incertidumbre. Pero luego ocurre que me encuentro a orillas de este mar, que es un lienzo primoroso de la luz, y lo que se despierta realmente son los sentidos y la percepción de las cosas mínimas se agudiza hasta cotas máximas.

El mediterráneo es un mar que durante las horas centrales del día extiende sus brazos azules a derecha e izquierda resignado pero al atardecer despierta y celebra una fiesta para los sentidos. Nunca entenderé por qué justo entonces esa gente que lo ha invadido durante todo el día le da la espalda. Pero mejor. A mí se me agudizan los sentidos de tal manera que, a la vista, no pasa desapercibido ese muestrario de colores, esa gradación cromática de azules, y el olfato registra el olor a salitre que se abre paso a través de los pulmones y cuando llega allí parece que te quita un peso, o dos, o te deja un regalo, quién sabe. Y puedo llegar a ser consciente de cada centímetro de la piel cuando la brisa la despierta. Es decir, que la contemplación del mar pone los sentidos alerta al mismo tiempo que suspende la conciencia en un punto cero en el que el metrónomo de la mente ni hace tic ni hace tac. Cómo ponerse a reflexionar entonces. Es el eterno debate. El mar te baja las pulsaciones, la tensión y las tensiones, te da mimos y te sugiere que te dediques a tí mismo un rato. Pero no. O sí. Porque a lo mejor al entregarte a ese festín para los sentidos estás siendo más tú que nunca. Uno es cuando se siente.

Añadidura 18 julio, 2008

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Para entender este post primero hay que recuperar este otro:

click

Y entonces ya estamos en condiciones de contar que he vuelto por allí esta mañana porque el médico se ha ido de vacaciones y no ha dejado los papeles ni el aviso para el control analítico mensual. Qué tío. Te meten el canguelo en el cuerpo con el rollo de que el protocolo de la medicación exige esos controles porque durante un tiempo hay riesgo de desarrollar que si esto que si lo otro y va y se piran de vacaciones y ahí te quedas hasta agosto desde finales de mayo, que fue el último. Lo dicho, qué tío. Si soy sincero, ya es que me da hasta igual, por mí como si se olvidan, pero luego uno mismo entiende que no queda más cojones -con perdón- de espabilar porque por mucho que digas que te da igual pues no te puede dar igual. Lo que te puede dar un día es un mal (mayor) a nada que te descuídes. Así que, previa llamada a Juan, esta mañana me he pasado por allí.

Y ha sido hoy cuando me he dado cuenta o, para ser más exactos, han sido Juan y Angelines los que me han hecho caer en la cuenta, de que la plaquita que les dibujó mi padre está cambiada por otra. Había que añadir que ahora los sábados abren por la mañana pero mi padre no estaba para añadir la frase. Sin embargo, han tenido que ser ellos los que me han hecho observar el cambio porque al encargar la nueva plaquita Juan y Angelines la han pedido igual, lo que seguramente en la tienda donde hacen cosas así habrá producido estupor o algo porque ese tipo de tipografía y de diseño y el soporte, esa lámina que parece de plástico, dejó de usarse antes de que los diseñadores de la tienda hubieran nacido. Pero así lo encargaron Juan y Angelines, y aunque desde el punto de vista estético me ha parecido un poco disparate desde el punto de vista personal me ha parecido una cosa muy bonita, porque he entendido de qué iba la cosa.

Por lo demás, Juan recuerda perfectamente que la vena buena la tengo en el brazo izquierdo y Angelines sonríe de la misma manera mientras observa de pie, a su lado, con las manos cruzadas en el regazo. Ya no me da piruletas pero me pregunta por la abuela, a la que ve sentada por las tardes cuando bajan el sol y el termómetro y sopla un poco de aire fresco y apetece. Todo es igual allí menos la piruleta de premio y que Juan, aunque sigue pinchando igual de bien que ni lo notas, ahora acerca un poco más la cabeza al brazo, por la vista. Los resultados, ahora a las 4.

Sismología 17 julio, 2008

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De pronto, llegan las 4 de la tarde y te sacude por dentro un terremoto con epicentro a las 12 del mediodía, aproximadamente. Y aún tiene que pasar un rato para descubrir que el origen de todo está en una palabra, una, cuyos ecos se remontaban a algún momento de finales de los 70. Así son las cosas. Si verdaderamente somos nuestra infancia, y así lo creo firmemente, somos el resultado de aquellos momentos felices pero también de aquellos terrores, los nocturnos y los diurnos. Hoy pasaban unos minutos de las 4 de la tarde cuando han llegado, en oleadas, de menos a más, las ondas sísmicas del terremoto de una palabra dicha al azar al mediodía que en realidad llegaba atravesando todos los medios días y los días enteros habidos desde que yo todavía llevaba pantalones cortos y los juegos del parque grabados en los rasguños de las rodillas. Luego me he acordado de aquella canción de Serrat, “Esos locos bajitos” y me he puesto a escucharla con la devoción acostumbrada, pero no tenía muy claro si para llorar un poco o para dejar de temblar.

Nota 16 julio, 2008

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Los vecinos se han ido de vacaciones dejando una nota:

Con un pie casi en la cama y corriendo para variar.

Sólo queríamos dejarte un buenas noches antes de marcharnos. Llevamos muchas pilas y tarjetas para hacer muchas fotos, igual en el norte encontramos tu Idea del norte. Por si acaso, no hay que dejarla escapar.

Vigílame la ventana y si puedes riégame las plantas :P Hemos dejado Pepsi Max y galletas por si te apetece y la caja de bombones y el kit kat fuera de la nevera para que no nos riñas por tenerlos ahí. Tú como en tu casa.

Que nos vemos a la vuelta.

Un beso.

Directo 16 julio, 2008

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George GershwinCuando George Gershwin reinaba en Broadway prendiéndola cada noche con sus memorables canciones decidió embarcar con rumbo a París para tomar las clases de composición que nunca había tomado. Llegó allí con la intención de entrevistarse con Maurice Ravel quien después de escuchar atentamente su petición le preguntó: ¿para qué quiere ser un Ravel de segunda siendo un Gershwin de primera?. Contrariado por la negativa del maestro, llamó a la puerta de Igor Stravinsky. Este le escuchó igual de atento e igualmente después le hizo una pregunta: ¿cuánto ganó usted el año pasado, joven?. Un poco incómodo, Gershwin contestó que unos 200.000 dólares. Stravinsky sentenció: “pues entonces el que debería tomar clases de usted soy yo”. Y cerró la puerta. Ambas historias son verídicas pero intercambiables, es decir, que según quién y a qué hora es Ravel el que dijo lo segundo y Stravinsky el que dijo lo primero y viceversa. Da lo mismo. Gershwin no se vino de Europa con las manos en los bolsillos porque los traía ocupados con la partitura de “Un americano en París” que luego, en casa, desplegó en el mismo atril donde descansaba, desde hace tiempo, “Rhapsody in Blue”. Pronto, de esa cabeza donde manaban las melodías más hermosas salió un cáncer, como una tecla negra o una disonancia inesperada a mitad de compás, y la función se terminó. Pero quedaron para la posteridad asombros necesitados de un bajo de susurros y risas, de humo de cigarrillos y bebidas sobre las mesas como ritual imprescindible para conjurar el milagro de las voces, como la de Sarah Vaughan haciendo suya, a su manera, “Embraceable you”.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Palmarés 15 julio, 2008

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Ya ha concluído el Certamen Internacional de Gorizia (Italia), uno de los certámenes corales que forman parte del circuito del Gran Premio Europeo,  y aunque los chavales de Kantika todavía están por allá para dar un par de recitales por la vecina Eslovenia, ya nos han llegado los resultados. Y son muy positivos: hasta cuatro premios conseguidos, entre los que me permito destacar el Premio USCI al Mejor Director (Basilio Astúlez) y el Premio del Público en una de las categorías a las que optaban.

Acerca de mi opinión sobre el primero, hago autocita de un post reciente:

Basilio. Es un verdadero escultor del sonido, algo yo que no había visto nunca antes. Su manera de disponer las voces en el espacio, con continuos cambios, agrupaciones y reagrupaciones según la obra, sigue un instinto infalible. También admiro su capacidad merlinesca (de Merlín, el Mago) para enganchar a sus cantantes que, con él, van todos a una (como “Fuenteovejuna”).

Respecto al segundo, vuelvo a citarme pero esta vez remontándome al año de la polka:

Emana de estos chavales la confianza y la soltura de quien disfruta con lo que hace y se entrega e integra felizmente en el conjunto. Y todo eso trasciende el escenario poderosamente y lleva el colorido al corazón del oyente que a duras penas puede resistirse a sumarse a esa exhibición de gozo. Porque la principal lección que nos dan los chicos y chicas de Astúlez es, fundamentalmente, esa: recordarnos que la música es, ante todo y sobre todo, gozo. Puro, maravilloso y reconfortante gozo.”

Personalmente, creo que el Premio del Público en un certamen de este tipo es de gran importancia. Porque este no es un concurso amateur, sino que es una competición que reúne a los mejores coros desde Filipinas hasta Hungría, es una final a alto nivel entre grupos ya seleccionados; la capacidad de todos los conjuntos, por tanto, se da por sobreentendida. Por eso, que sea el público el que aporte su voz y voto (nunca mejor dicho) para señalar algo entre el palmarés técnico es un plus en el que quien habla es el corazón.

Y ya que estamos, una mención especial desde “La Idea del Norte” a Mónica. Porque es importante destacar que en el trajín de la competición, con viajes, madrugones considerables, ensayos, nervios, pruebas, conciertos y con retorno al final del día muy cansados, Mónica se ha encargado puntualmente todos los días de informarme de lo que iba sucediendo vía email. Y como supongo un acceso a Internet por fuerza limitado (poco tiempo y muchos chavales) para comunicar con familia y allegados que están obviamente por delante en las prioridades, agradezco mucho que Mónica haya tenido la amabilidad de abrir un espacio para escribir unas líneas cada día.

Enhorabuena a todos

Post relacionado: click aquí

Tragos 14 julio, 2008

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No fue fácil para mí aprender y comprender hasta dónde llegaba mi cometido cuando las cosas te obligan a actuar con los alumnos casi como un hermano mayor, o padre sustituto. No sucede con frecuencia, afortunadamente para ellos, pero cuando pasa, pasa pero bien. Acabo de colgar el teléfono después de una larga conversación que, en realidad, ha sido casi toda ella un monólogo amargo, un desahogo dicho con ese inquietante tono anestesiado de quien se siente desbordado por los acontecimientos, tanto como para que salten los fusibles de esa parte que debemos tener en el cerebro y que procesa el dolor.

Qué hacer y qué decir cuando hacer, lo que se dice hacer, no puedes hacer otra cosa que decir que estás ahí. Y sé, en carne propia, que a veces quieres creer que eso que te dicen, estoy ahí contigo, sirve de verdad; que, al menos, sirve para algo más que unos segundos de bálsamo que te arrancan una sonrisa para luego volver a sumirte en el centro de la nada. Lo sé, lo he vivido; he vivido el considerar un “estoy aquí” como si fuera un saliente al que te agarras ante el precipicio y también he vivido el “estoy aquí” al que quisieras extraerle a la desesperada el jugo que no le encuentras. Por eso, y por otras cosas, sé qué significan y cómo pueden ser recibidas palabras así y por eso las mido tanto, no por cubrirme las espaldas, sino por respeto infinito al dolor ajeno. Y ese respeto te lleva ante todo a la prudencia, a la cercanía sin atosigamiento, a poner todos los sentidos en las palabras que te dicen e intentar poner un poco de luz en esa frase que quedó a oscuras, por si acaso debajo saliera algo positivo.

Llamadas como la de esta noche te dejan sobrecogido, sobre todo después, cuando vuelves a la cena que quedó en la mesa y que ya está fría y no importa, porque lo que necesitas es respirar un poco de aire para desanudar ese nudo que se te ha puesto por dentro al escuchar las lágrimas y tener que contener las tuyas, porque así toca. Las lágrimas sólo se escuchan por teléfono, en vivo se ven. Es distinto.

Me costó aprender y comprender hasta dónde llegaba mi cometido en estos casos pero si soy honesto conmigo mismo debo confesar que me costó más acostumbrarme a lo que ocurre tras la tormenta, cuando la vida se vuelve a poner en marcha y tienes un sentimiento contradictorio: te alegras porque el mal trago de la otra persona haya pasado pero te sorprendes envuelto en cierta sensación de soledad. Es como si la resolución de los problemas ajenos pusiera de relieve que, en los días de sol, cuando no amenaza tormenta, estás solo en el jardín. Este es un tema delicado porque tiende a malinterpretarse: como si reclamaras el pago de una deuda cuando en realidad no se trata en modo alguno de eso sino de una circunstancia estrictamente personal que queda en evidencia cuando el teléfono enmudece.

Yo sé que cuento con el afecto de las personas que han solicitado ayuda en algún momento, el mero hecho de que hayan recurrido a mí ya es evidencia de ello; es más, sé que en caso contrario sería yo el que encontrase ayuda. Pero me pregunto por qué de un tiempo a esta parte echo en falta algo que no he tenido nunca, algo así como una parte que me complete; y a una escala de compromiso personal de otro tipo me pregunto por qué esta noche, por ejemplo, me gustaría poder conversar por teléfono con alguien, pero no sé de qué, ni por qué, ni con quién; y no porque no haya nadie a quien recurrir, sino porque no es cuestión de sacar de la cama a nadie para nada. Porque lo que pasa es eso: nada. Y eso es lo raro, lo que inquieta, lo que escuece un poco esta noche.

Descanso 13 julio, 2008

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(dominical)

Sábado 12 julio, 2008

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Lo primero: escribo con música de fondo y eso quiere decir que igual me sale torcida la cosa porque nunca lo hago: o estoy en la música o estoy en esto. El concepto de música de fondo es incomprensible para mí. Creo que mi relación con la música es absorbente. ¿Por qué entonces escribir con música de fondo? Pues no lo sé porque de hecho me parece un desperdicio (musical). No la escucho a no ser que pare de teclear y entonces sí, pero en esos momentos la música viene deshilachada, lo que se oye es el extremo de un conjunto de hilos sonoros que vienen de algún sitio y volverán a perderse una vez retome la frase escrita. Pero creo que puede deberse a que estoy inquieto desde ayer por la noche cuando la enésima dosis de elixir 2.0, administrada 24 horas antes, avisó de que ya estaba trabajando. Desde entonces, el mismo rollo de siempre: ansiedad (que no angustia) y sí a veces desesperación porque me tiene hasta los mismos bemoles. De lo que se trata básicamente es de no poder parar: me siento, me levanto, muevo las manos, miro por la ventana, me siento al piano, echo las manos a pasear por las teclas sin importar qué tocar ni cómo, vuelta a la ventana, y comer, comer, comer, y una opresión en el pecho, y la taquicardia, y todos esos rollos. Esta madrugada (inquieta madrugada) ha habido un momento en que me ha dado pena y eso me ha sobresaltado porque me he dado cuenta de que era como si sintiera un poco de lástima por otro y yo me doliera por ello, impotente por no poder hacer nada por él. ¿Estaré tonto?, me he dicho. No acostumbro a darme pena básicamente por una cuestión práctica: si me diera pena, me daría mucha pena. Espera…

(es que llegaba un pasaje de la Suite Bergamasque de Debussy que merecía toda la atención)

Ya. Pues no, no me da pena. Me da rabia, eso sí. Un momento…

(mira, será mejor que quite el cd porque si no ya veo que este post va a salir a síncopas)

Pero es que hoy, cosa rara, muy rara, me incomoda el silencio. ¿Por qué? A saber. No lo voy a saber todo.

Llueve y hace frío, parece que estamos en una tarde de Otoño que se ha confundido de sitio pero déjala como está, mejor así. Recordemos que hoy estoy invitado a una cena con misterio incluído, con historia de maletines desaparecidos y tal en plan Agatha Christie, así que tanto el marco como la circunstancia (la buena compañía) no podían caer en mejor momento. De cómo caiga yo allí se hará cargo la farmacopea destinada para casos así. La cena no sé cómo irá, pero desde luego el preludio ha sido divertidísimo. Hasta 8 mails de ida y vuelta ha requerido el debate sobre el menú; nunca un menú tan sencillo ha requerido tanta atención pero para ser justos habría que precisar que entre el primer y el segundo plato, y entre este y el postre, ha dado tiempo a intercambiar opiniones sobre lo interesante que puede ser algo aburrido, y sobre los recelos que despiertan alguna palabras en el diccionario, y hasta hemos podido filosofar sobre islas imaginarias y sobre momentos que merecen la pena ser vividos con una ensalada de lechuga al fondo.

Y luego está el tema de la dirección, porque mi nulo sentido de la orientación y de la ubicación en el plano hace que no las tenga todas conmigo de que vaya a llegar a mi destino. Por eso llevo apuntadas unas señales (aparte de la dirección) y un número de teléfono por si acaso. Soy como un niño… ¿perdido?  Pues ya te lo contaré hacia las 9 y media. Pero antes de las nueve y media y después de las nueve y media algo de eso hay, de niño perdido. Me estoy dando cuenta cada vez más. Quienes no se dan cuenta son los de alrededor, que se rien cuando lo comento y dicen anda, anda, porque me deben ver como alguien con las características de un ser mayor del que emana coherencia, seguridad y aplomo o qué se yo. O igual es que me sale de la piel hacia afuera pero de piel para adentro no y no me sirve a mí mismo, no funciona.

Carta 12 julio, 2008

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Que te quede claro en qué condiciones deseo estar contigo: tú en tu vivienda estás en casa, en la mía eres un invitado que no debe interferir en ningún asunto doméstico. Cada día vendrás a la una y te quedarás hasta las tres, y luego ya no te veré en todo el día salvo cuando abro mi salón, al que puedes asistir si lo deseas, así como quedarte a cenar en mi casa esas dos noches siempre y cuando te abstengas de aburridas discusiones, que es algo que me saca de quicio. Durante el mediodía puedes contarme todo lo que necesite saber de tí, el resto del tiempo deberás cuidar de tí mismo. No puedo proporcionarte entretenimiento a expensas del mío propio. Bueno, basta, ahora ya conoces mis deseos y confío en que no correspondas mi amor de madre llevándome la contraria”.

(Carta de la madre de Arthur Schopenhauer a su hijo)

Slendro 11 julio, 2008

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Hoy toca clase porque es viernes por la mañana, clase de verano, que en verano seguimos con el curso. Pero para hacerla más refrescante he recurrido a irnos de excursión (sin salir del pentagrama) por los seductores lugares de Bali y Java, con sus gamelanes y sus slendros, y todas esas cosas que hicieron que Debussy levantara la ceja cuando las conoció y escuchó en aquella Exposición Universal de París que mira que dio de sí, no como ahora, que lo que da al final es monumentos faraónicos que al cabo de tres meses no sirven para nada (arquitecto famoso dixit). Así que de eso va a ir la clase: de cómo Debussy sembró semillas de aquellas latitudes tropicales en los espacios del pentagrama. En qué obra. Pues hay dos para elegir. Según nos pille.

Los de Telefónica están un poco pesaditos entre slendro y slendro, porque en lo que llevan de mañana han enviado 4 correos electrónicos y 2 mensajes multimedia al móvil (que se suman a los de ayer) anunciando el bautizo del iPhone 3G. Que síiiii, dan ganas de contestarles. Pero estas empresas tienen voz y ningún oído, y eso es algo inquietante en lo que nadie parece reparar o al menos no mucho.

¿Me da tiempo a contar lo de la madrugada? Me da tiempo, sí. He soñado que la prótesis del anular de la mano izquiera hacía crack y eso me producía un momentáneo dolor agudo imaginario, lo suficiente como para despertarme. Lo que pasa es que al despertarme he visto que, efectivamente, tenía un dolor agudo ahí, con lo que deduzco que el crack ha debido producirse en realidad. Y así he estado un rato, desvelado y con dolor de dedo. Ahora sin embargo vuelvo a dudarlo, porque no me duele nada. Este trasvase entre sueños y vigilia y viceversa es tan inquietante como lo de que Telefónica, siendo una empresa de auricular, no tenga oídos.

Gráfica 10 julio, 2008

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No es el trazado de una constelación ni el batacazo de audiencia de un programa nuevo de la tele, ni tampoco el índice bursátil, que debe andar por ahí por ahí. No. Es el reflejo anual de la “Operación Salida” en el blog. La estadística, vamos. Es llegar el primero de Julio y plof, pero es un plof a varios tiempos hasta que toca suelo y ahí nos instalamos, en la residencia de verano de “La Idea del Norte”, poquitos pero bien avenidos. Es curiosa la variación que ha tenido el concepto de “pocos” en la andadura de este blog. Pocos antes eran, qué se yo, 17, pongamos por ejemplo. Ahora pocos rondan los 200, que es la audiencia media de verano este año. De lo que se deduce que, aunque hay gente de paso y otros que vienen, se quedan un rato, y luego salen, cada vez viene más gente para quedarse. Hay sitio, no hay problema. Pero cuando nos quedamos en familia me da un no sé qué, como un principio de subidón, como el que debe darle a un adolescente cuando sus padres le dejan un fin de semana solo en casa diciéndole que no se olvide de esto y lo otro y que llamarán a las 10 de la noche a ver qué tal. Y cuando se cierra la puerta se abren un montón de posibilidades. Pues igual. Aqui las posibilidades se resumen en una que, a su vez, tiene múltiples posibilidades: largar. Tecleándolo después, claro, aunque cierto es que este blog admite podcast, es decir, post hablados, pero siempre me ha parecido eso un poco rollo sermón, o rollo presentador de noticiario. No, no. de eso nada. Largar por la lengua en sentido literal no, ni hablar (nunca mejor dicho). Por escrito sí. Pero que el calor nos ayude un poco, dándonos una tregua, que si no a ver.

nose 9 julio, 2008

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“nose”, todo junto, sin mayúsculas y sin acento, es una palabra que estoy leyendo estos días con una frecuencia llamativa. Lo que me llama la atención es su contracción despojada de todo ornamento, que la convierte en una expresión empequeñecida y desnuda que suena a los ojos como una voz a la intemperie. O quizá me equivoco. No sé yo tampoco, nose tampoco qué valor darle a esa voz escrita que, de entre el bosque de palabras, llama mi atención.

IvanZ 8 julio, 2008

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Iván Zulueta IvanZ

Tras este alucinante cortinaje vegetal se encuentra la casa refugio, o casa del árbol, o mansión encantada, o un poco de todo y más, de Iván Zulueta, tipo genial que rodó de un arrebato “Arrebato” (1980) y luego lo mandó todo a paseo porque después de un Arrebato mayúsculo como ese qué haces, a ver, y porque el rollo de las drogas por poco lo manda a paseo a él. Y se escondió aquí, en la casa familiar, al cuidado de una madre que, de manera significativa, está presente de forma multiplicada en cuadros y más cuadros de la abigarrada y fascinante casa que se les está cayendo a pedazos, como las esquinas desgastadas de los álbumes de cromos de papel ya amarillento, que Zulueta recorre con la vista y el índice diciendo apasionadamente mira esto, pero mira esto, y así comprendes muchas cosas de aquel arrebato, de la Pausa, del instante en que la conciencia queda suspendida ante la contemplación de una textura, un color, un nada que es un mucho porque te proyecta fuera de ti hasta meterte dentro del que fuiste.

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

De todo esto y más va “IvanZ”, que es un documental de Andrés Duque. No es nuevo pero yo no lo había visto y es lo que más esperaba de esta edición especial restaurada de “Arrebato” que Karma Films y la FNAC acaban de presentar en 2 dvds imprescindibles.

Duque se presenta con su cámara de vídeo en la casa de Zulueta, en San Sebastián, cuyo interior es, a lo caótico, lo que fue aquella casa de Ravel donde se amontonaban, ordenadísimos, según el carácter y las maneras de su dueño, autómatas, cristales de colores y recuerdos. Zulueta nos recibe vistiendo un albornoz azul del que sobresale una panza sedentaria, y habla y habla, y fuma y fuma, y se abre paso entre cajas y carteles, y señala cuadros, y nos hace subir escaleras para enseñarnos más cosas y, de paso, la vista donostiarra:

Iván Zulueta IvanZ

Cual flautista de Hamelin, Zulueta engancha con su discurso, parece una Norma Desmond encerrada en su mundo de recuerdos pero con mirada chispeante y un caudal verbal generoso, en cantidad y calidad, en el que salpican las ironías y agudezas. Dos hallazgos entre tantos: la figura de la madre, el primero. Llega la madre de Zulueta e interrumpe su discurso inagotable haciéndonos levantar la ceja con pasmo:

-Iván, hijo, hace viento ¿has cerrado las ventanas de tu cuarto?

-Ahora iba a hacerlo, sí.

-Ah, bueno, porque ya lo que nos faltaba, que se nos rompieran también los cristales.

Y entonces nos cuentan a dúo el estado de precario equilibrio de esa casa pero lo hacen con una gracia increíble. ¿Usted sigue pintando?, pregunta Duque tras el objetivo de su cámara. Yo ya no pinto nada, responde la buena mujer con chispa genial. La madre de Zulueta ya no tiene espacio vital entre tanto cacharro, menos mal que le queda su enorme y blando sillón en el que hunde su reúma frente a la tele. Y, como el hijo, nos habla y nos habla mientras Zulueta da vueltas alrededor de ella con su albornoz azul, sus pantuflas y sus cigarros, puntualizando esto y aquello.

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Otro hallazgo: el momento en el que Andrés Duque pone en manos de Zulueta una cámara de vídeo Sony. Grande. Zulueta coge el juguete en sus manos y empieza a mirar por el objetivo y se enfocan el uno al otro en círculos, como si estuvieran retándose.

Iván Zulueta IvanZ

Fascinado por tanto botoncito y tantas posibilidades (del súper 8 y los 16 mm al vídeo digital hay un vértigo) a Zulueta se le abren los apetitos, así lo dice, y de pronto sale apresuradamente a la calle, y nosotros le seguimos. Dónde irá este hombre.

A grabar en la retina del objetivo las hojas:

Iván Zulueta IvanZ

Qué mirarán con tanta insistencia unos ojos como los de Zulueta, qué encontrarán para demorarse tanto tiempo (arrebatado?) mientras la cámara de Duque asiste con una distancia respetuosa a la intimidad creativa del momento.

Y, por supuesto, en IvanZ son impagables los momentos de reflexión. Sobre sus experimentos en súper 8 previos a aquel arrebato y sobre el “Arrebato”, cuando se volvió mayúsculo y la película mágica que es.

Iván Zulueta IvanZ

Precioso trabajo, sin un minuto falto de sustancia.