Medusas

Ya están aquí. Seguramente estaban pero se hicieron notar ayer por la tarde, en uno de los días más perfectos del año, azul en el cielo, azul en el agua, azul en la temperatura, justamente cuando acabábamos de bajar a la playa y justamente frente al lugar donde habíamos extendido la toalla. La señalaba con el dedo un adolescente que se las daba de valiente ante las adolescentes que se debatían entre el repelús y, seguramente, la adoración al macho. Mi conocida propensión al fatalismo hizo cálculos y dieron un resultado desalentador: si ahí al lado nuestro había un ejemplar de esos bichos inmundos, en el resto de la playa que se extendía al frente, a la derecha y a la izquierda debía haber una verdadera invasión. Hecho el cálculo, me deprimí ante los grititos nerviosos y excitados de las adolescentes que daban saltos en círculos, ahora en torno a la medusa, ahora en torno al macho valiente, y pensé, adiós baños, y también pensé, qué tristeza.

Porque cualquiera se arriesga. Yo desde luego no, que ya no tengo edad para ímpetus adolescentes. Me pregunté si alguna vez tuve edad para eso y aún me deprimí más por lo que decidí pensar en otra cosa. En qué. En mi sistema inmunológico, por ejemplo; sí, pensé en eso. En el lejano día en que mi sistema inmunológico se cortacircuitó y se volvió contra sí mismo, de manera que cualquier cosilla de nada es una oportunidad para que el jodido se vuelva contra sí mismo. Mi sistema inmunológico debe ser masoca. Aún me deprimí más, de tal manera que la tarde azul no se volvió negra porque había azul para dar y tomar pero yo me quedé ahí plantado sobre la arena, incapaz de reaccionar, mientras los pesaditos de las palas y la pelotita hacían plac plac aquí y allá. Deberían prohibir lo de la pelotita cuando las playas están tan congestionadas de gente, y el último sábado de Julio es muy congestionado. Demasiado. Me puse a pensar eso una vez desechada la idea del baño mientras caminaba por la orilla esquivando palas y pelotitas, qué pesadez, por Dios, y entonces me di cuenta de lo que la congestionada realidad del último sábado de Julio ponía en evidencia.

La gente es muy marrana.

Porque la otrora playa idílica que a la misma orilla dejaba ver los bancos de pececillos minúsculos, señal de la salubridad del lugar, mostraba un reguero de envases, botellas de plástico, trozos de vidrio, trozos de limones estrujados, apósitos despegados, pañales, compresas, bolsas de plástico blancas, negras, con y sin publicidad y para qué seguir. Y sentí en la piel un encogimiento como de medusa, no sé si me explico, como un picor de asco acompañado de todo tipo de pensamientos deprimentes sobre el fin de los tiempos.

Qué tarde. 

De vuelta al refugio del hotel, de este hotel tranquilo pero que también creo que anda un poco desengañado de la existencia, lo sé, lo presiento, el ánimo volvió a serenarse. El secreto está en pensar que todo ha sido una mala siesta y en dejarse llevar por el embriagador colocón de la brisa y todos esos atributos ambientales que ya nos sabemos porque eso sí que no cambia. A la hora de la cena, un camarero joven vino a colocar un plato sobre la mesa y mi hermano comentó que su cara le recordaba a alguien, pero que no sabía a quién. Entonces supe que mi hermano también conoce al joven Malvás

3 pensamientos en “Medusas

  1. Crishu

    Sí, es un rollo encontrarse medusas cuando vas unos días de vacacciones.

    Por aquí de momento no hay, que bastante tenemos con tener un día de playa cada siete días y de paso el agua helada….pero hay unos peces que pinchan, aquí les llaman ariegos.
    Debo de ser la única que les tiene miedo porque nadie más lleva sandalias de río para bañarse…jijij.

    Disfruta.

    Beso/abrazo

  2. emejota Autor

    Unos peces que pinchan? Voy a tener que ponerme al día respecto a los peligros del mar, versión fauna hostil!

    Beso/abrazo

  3. toni

    (me incorporo y continúo aquí al lado)
    en nuestra isla han empezado con un curioso sistema. una barca pasa con unas redes, de lado a lado de playa, y luego lleva las redes mar adentro. así las medusas pueden continuar con su vida y la mierda que flota sobre la playa puede continuar cerca de los bañistas, que es donde tiene que estar, que los peces no tienen porqué aguantar ciertas marranadas.

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