Archivo por días: 24 julio, 2008

Agua

Este post se escribe todos los años por estas fechas desde el mismo punto del Mediterráneo, lugar de calma y quietud, en lo que nunca me queda muy claro si son días de vacaciones o temporada de exilio forzoso porque horas antes del inicio de las fiestas patronales huyo despavorido de allá donde resido el resto del año. Si no fuera por eso igual sería mejor venir aquí en Septiembre. Igual no, seguro. Septiembre tiene mejor tiempo, mejor luz, menos gente y todo sale más barato lo que pasa que un Septiembre empezó a hacer aguas y desde entonces la gota fría se ha quedado instalada allí, tifones incluídos. Y eso impone mucho respeto, además de dejarte sin playa.

Va a ser verdad que el mar algo tiene que borra o suaviza los contornos de lo que sea que traes puesto en la cabeza o en el corazón o en ambos sitios. Lo he vuelto a comprobar esta tarde en el primer baño, deliciosa la temperatura del agua y deliciosa el agua misma. Me encanta jugar con el agua, hacerla resbalar entre los dedos, tocarla, posar las manos sobre la película temblona y blanda de la superficie y sentir el latido del mar. Desde que tengo uso de razón (musical) he asociado al mediterráneo la Suite Bergamasque de Debussy. Por qué razón, a saber, lo único que sé es que quien la toca es Támas Vásáry, si es otro parece no funcionar la cosa por lo que hace mucho tiempo que prescindí de toda visión de la Bergamasque que no fuera la que vieron las yemas de los dedos de Támas Vásáry. Supongo que por ese motivo asocio el color azul a esta obra de Debussy en una especie de sinestesia que anestesia los sentidos.

Nos quedamos unos días por aquí.