Reincidencias

Todos mirábamos con horror esas fotografías en blanco y negro con los cadáveres desnutridos y amontonados de los campos de concentración nazis y nos parecía una cosa tan espeluznante que dábamos por sentado un absoluto nunca más, como si aquello fuera el chapapote que había cubierto de negro las orillas de nuestra conciencia civilizada. Y más tarde, cuando la vida transcurría ya en color, veíamos tranquilamente al arquero de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos del 92 prender el pebetero mientras el tipo al que han detenido hoy en Serbia se estaba cargando a unas 17.000 personas por la misma razón en la moderna Europa y no pasaba nada.

Lo más inquietante de todo es que los verdugos eran, como en el espanto nazi, ciudadanos normales que habían visto las votaciones del Festival de Eurovisión, se juntaban a cenar con los amigos y en verano puede que vinieran por Salou. Por monstruosa que sea la atrocidad, por ejemplarizante que sea el desastre, más pronto o más tarde vuelve a repetirse la película. Todavía recuerda mi abuela nonagenaria las noches terribles de la guerra civil española en las que patrullas formadas por el vecino de al lado, el boticario, el hijo de la nosecuántos y algún señorito aburrido con ganas de marcha pasaban puerta a puerta, la calle en sobrecogido silencio y la respiración contenida, gritando en alto aquí no o aquí sí o aquí vive fulano y que salga que nos lo vamos a cargar. Y así era.

Pero es que ahora, en los puritanos Estados Unidos, hay ciudadanos con jardines impolutos que se sientan a ver Los Simpson después de haber firmado el papel por el que a otros ciudadanos se les lleva a barcos prisión en océanos que no entienden de derechos fundamentales o a cárceles secretas en países donde no se hace precisamente turismo. Luego el tipo descerebrado y peligroso que manda sobre estos ciudadanos sale sonriendo en la tele al lado del Papa y el Papa le lanza flores en forma de repugnante frase laudatoria que estremeció el otro día los informativos y que me niego a reproducir no vaya a ser que vomite sobre el post. Y así hasta el infinito.

La vida es un escenario terrible donde pasan cosas espantosas, se quiera ver o no. Y no se quiere, y yo creo que es porque nos daríamos asco, o sentiríamos una vergüenza insoportable o nos echaríamos a temblar de miedo. Les dejamos ahora con el pronóstico del tiempo para las próximas horas.

Un pensamiento en “Reincidencias

  1. toni

    en casos como el que nos ocupa, hay que levantar una copa por Chaplin y su Gran Dictador. y acordarse de lo que decía el barbero. mientras haya hombres capaces e morir por ella, la libertad no morirá jamás. qué lástima que deban morir por ella para que sea noticia, verdad?

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