Pasillo

¿Dónde quedaron aquellos largos paseos en los cuales me quedaba absorto ante el inagotable muestrario de estímulos que los atardeceres regalan a los sentidos sea la estación que sea? Pues no lo sé. Quedaron. Pero hoy al menos los he recuperado por un rato porque mientras los informativos decían que media España hervía con una masa de aire africano, expresión esta que me pone los pelos de punta, pues aquí ha vuelto a producirse ese milagro climatológico, esa rareza local que hace que en el pasillo natural que forma el valle del Ebro entre el mar Cantábrico y el Mediterráneo se produzca corriente. Y cuando eso pasa sopla el viento norte con fuerza y se lleva a las nubes y el cielo luce de un azul profundo y los contornos de las cosas se vuelven extraordinariamente nítidos. Y allí estaba yo, mirándolo todo, pero especialmente el verde intenso de los maizales y sobre ellos el azul infinito, y en un punto concreto de ese azul el sol. El descubrimiento de hoy ha sido ese: el sol. Porque notabas en la cara y en la piel de los brazos y casi hasta vibrando en la nuca ese calor que instintivamente buscamos pero que en pleno Julio resultaría insoportable si no fuera por el aire frío del norte, de la misma manera que el frío aire del norte sería poco soportable si no viniera ese sol a compensar el asunto. Ese era el acontecimiento de la tarde, que todo estaba en su justo punto y el punto, el del sol, suspendido allá, en el azul infinito, y sobre el oloroso verde de los maizales.

Sí, ese ha sido el descubrimiento de hoy, o la degustación, o lo que sea que te reconcilia con algo que no sabrías definir de tal forma que cuando regresas a la civilización vienes con una sensación de sosiego tal que te lleva a pensar que si hubieras terminado con lo que tenías que hacer aqui pues qué bien, oye, y que si todavía te quedara algo por hacer pues sientes algo parecido a la certeza de que vendrá. Y tan ricamente. ¿Qué pinta entonces, en un estado así, entrar en el videoclub cuando, además, no te apetece ver ninguna película? A saber, pero ahí estaba yo, delante de unas estanterías llenas de errores y horrores que no hacían otra cosa que reiterar la pregunta anterior. Pero en ese momento, como si de una escena de película se tratase, que para eso estábamos en un videoclub, una voz femenina a mi lado, con los brazos cruzados, una mano en la barbilla y mirando a las carátulas, ha dicho sin girar la cabeza:

-No sigo tu blog.

Y yo he hecho ese gesto que suele marcar el guión en casos así de coger una carátula y hacer como que miro un dato, mientras contesto con cierta indiferencia:

-Ten amigas para esto…

(hay que poner énfasis en los puntos suspensivos)

Y he percibido entonces que ella se ha girado, al fin, y ha dicho con un tono teatral que sabe que me encanta y me pierde:

-No me odies por eso.

Era Gloria-hija, claro.

Con Gloria-hija las conversaciones son un apéndice de “Annie Hall” con secuencias de Ingmar Bergman. Igual igual. Te mira fijamente y te interroga sobre cosas trascendentes con el ceño fruncido al mismo tiempo que una sonrisilla se le quiere escapar e iniciamos diálogos que tienen, por parte de ambos, una decidida vocación de parodia y al mismo tiempo de realismo total de forma que nos reímos y nos quedamos pensativos mirándonos con el rabillo del ojo, todo a un tiempo. Hoy le he dicho a Gloria-hija que me estoy volviendo un poco bastante misántropo y ella ha entornado los ojos y me ha echado en cara un te sobro yo? al que he contestado que todo tiene sus excepciones. Y entonces ella ha puesto la vista en una carátula y me ha dicho que últimamente le va el cine japonés, sobre todo por la lentitud a lo que le he respondido que ya no sé qué es la lentitud, tal es el azogue interior. De verdad, ha preguntado ella sin saber si lo mío iba de si sí o si no. De verdad, he respondido, pero igual con algo de cine japonés recupero el ritmo y quién sabe si dejo en el metraje este lado misántropo que me ha dado por nombrarle varias veces. Tú disfrutas diciéndonos esas cosas, verdad? preguntaba ella dándose golpecitos con los dedos en los labios como si estuviera deduciendo algo del puzzle de unas pistas detectivescas. Yo he cofesado que sí. Ella ha sentenciado que, escuchándolas, también.

No sé muy bien qué nos ha llevado a reencontrarnos en los pasillos de un videoclub cuyas películas no nos apetecían nada y en los que además no soplaba el aire, qué calor, pero hemos hablado de psicoanálisis y de unas teorías sobre esto y lo otro y ella ha recordado nuestro último encuentro en Navidad (yo he interrumpido para dejar caer con teatral mala uva que a qué año se refería, como dejando caer una indirecta) y ella ha abierto los ojos de esa forma que sólo Gloria-hija sabe hacer para asegurar las cosas valiéndose en esta ocasión de la coartada de que entonces iba en busca de un libro que sólo Diane Keaton compraría si “Annie Hall” hubiera tenido alguna secuencia extra. De algo del orgasmo iba el libro; y, si no, tenía toda la pinta.

Finalmente, retomando su vena de actriz dramática que tanto le gusta usar para jugar, ha abierto la puerta y se ha despedido con un no me odies, un guiño de ojo y la eterna promesa de que en Septiembre se planteará lo de volver a poner las manos en el piano. No lo hará pero quizá esta vez se lo recuerde yo a la vuelta del verano, siquiera para chinchar un poco, que lo nuestro es así, de un lenguaje de tanteos y vaciles que, en realidad, es la representación de una complicidad absoluta. Gloria-hija es genial, que se lo diga alguien, por favor, porque la tía dice que no lee este blog porque no se acuerda del título y se queda tan ancha. Lo que tiene que oir uno.

4 pensamientos en “Pasillo

  1. toni

    me estoy empezando a asustar un poco, porque me está pasando con Gloria-hija lo mismo que con Kate del consuelo de Gavalda. y sí, esa es una manera de decirle que es genial, a ver si se entera.
    ps: qué suerte ser pasillo geográfico.

  2. C.

    Jo, toni, te ha dado fuerte con la Gavalda… ¿Qué tal está el consuelo?

    Pero cómo me gusta este post… (además, es de esos a los que se les puede añadir buen aparato crítico, pero no lo vamos a hacer porque algunos textos se estropean) ;)

  3. toni

    hola, C. de momento, me parece un libro hipnótico, con tintes de niños salvajes y de memoria realista. es el siguiente paso en la evolución de Juntos, nada más, que ya me pareció un libro muy peculiar, una forma muy original de contar lo que muchos cuentan. El consuelo es algo más introspectivo y con cierta tendencia a la compasión. cuando lo termine, habrá post en la página maligna al respecto.
    (siento haber usado el Norte para hablar con C., emejota, pero, de momento, es la única forma que conozco)

  4. emejota Autor

    Para eso está el Norte, toni, me encanta que la gente se encuentre por estas latitudes y hable entre ellos (yo escucho atentamente)

    C: sigo intrigado por lo del aparato crítico. ¿Es muy gordo el manual de instrucciones de ese aparato??

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