Archivo por días: 19 julio, 2008

Escenario

Aún no le he dicho al blog que enseguida cambiamos de escenario momentáneamente y nos vamos al mediterráneo. Unos días, como todos los años. Lo mío con el mediterráneo es una necesidad vital, reencontrarme con él y conmigo mismo. Me despierta el sentido de la reflexión, lo amplifica. Pero creo que este año necesitaría una larga estancia para reflexionar sobre todo lo que tengo que reflexionar. La primera reflexión sería: ¿sobre qué cosas tengo que reflexionar?, tal es el lío, o el desconcierto o la incertidumbre. Pero luego ocurre que me encuentro a orillas de este mar, que es un lienzo primoroso de la luz, y lo que se despierta realmente son los sentidos y la percepción de las cosas mínimas se agudiza hasta cotas máximas.

El mediterráneo es un mar que durante las horas centrales del día extiende sus brazos azules a derecha e izquierda resignado pero al atardecer despierta y celebra una fiesta para los sentidos. Nunca entenderé por qué justo entonces esa gente que lo ha invadido durante todo el día le da la espalda. Pero mejor. A mí se me agudizan los sentidos de tal manera que, a la vista, no pasa desapercibido ese muestrario de colores, esa gradación cromática de azules, y el olfato registra el olor a salitre que se abre paso a través de los pulmones y cuando llega allí parece que te quita un peso, o dos, o te deja un regalo, quién sabe. Y puedo llegar a ser consciente de cada centímetro de la piel cuando la brisa la despierta. Es decir, que la contemplación del mar pone los sentidos alerta al mismo tiempo que suspende la conciencia en un punto cero en el que el metrónomo de la mente ni hace tic ni hace tac. Cómo ponerse a reflexionar entonces. Es el eterno debate. El mar te baja las pulsaciones, la tensión y las tensiones, te da mimos y te sugiere que te dediques a tí mismo un rato. Pero no. O sí. Porque a lo mejor al entregarte a ese festín para los sentidos estás siendo más tú que nunca. Uno es cuando se siente.