Archivo por días: 16 julio, 2008

Nota

Los vecinos se han ido de vacaciones dejando una nota:

Con un pie casi en la cama y corriendo para variar.

Sólo queríamos dejarte un buenas noches antes de marcharnos. Llevamos muchas pilas y tarjetas para hacer muchas fotos, igual en el norte encontramos tu Idea del norte. Por si acaso, no hay que dejarla escapar.

Vigílame la ventana y si puedes riégame las plantas :P Hemos dejado Pepsi Max y galletas por si te apetece y la caja de bombones y el kit kat fuera de la nevera para que no nos riñas por tenerlos ahí. Tú como en tu casa.

Que nos vemos a la vuelta.

Un beso.

Directo

George GershwinCuando George Gershwin reinaba en Broadway prendiéndola cada noche con sus memorables canciones decidió embarcar con rumbo a París para tomar las clases de composición que nunca había tomado. Llegó allí con la intención de entrevistarse con Maurice Ravel quien después de escuchar atentamente su petición le preguntó: ¿para qué quiere ser un Ravel de segunda siendo un Gershwin de primera?. Contrariado por la negativa del maestro, llamó a la puerta de Igor Stravinsky. Este le escuchó igual de atento e igualmente después le hizo una pregunta: ¿cuánto ganó usted el año pasado, joven?. Un poco incómodo, Gershwin contestó que unos 200.000 dólares. Stravinsky sentenció: “pues entonces el que debería tomar clases de usted soy yo”. Y cerró la puerta. Ambas historias son verídicas pero intercambiables, es decir, que según quién y a qué hora es Ravel el que dijo lo segundo y Stravinsky el que dijo lo primero y viceversa. Da lo mismo. Gershwin no se vino de Europa con las manos en los bolsillos porque los traía ocupados con la partitura de “Un americano en París” que luego, en casa, desplegó en el mismo atril donde descansaba, desde hace tiempo, “Rhapsody in Blue”. Pronto, de esa cabeza donde manaban las melodías más hermosas salió un cáncer, como una tecla negra o una disonancia inesperada a mitad de compás, y la función se terminó. Pero quedaron para la posteridad asombros necesitados de un bajo de susurros y risas, de humo de cigarrillos y bebidas sobre las mesas como ritual imprescindible para conjurar el milagro de las voces, como la de Sarah Vaughan haciendo suya, a su manera, “Embraceable you”.

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