Carta

Que te quede claro en qué condiciones deseo estar contigo: tú en tu vivienda estás en casa, en la mía eres un invitado que no debe interferir en ningún asunto doméstico. Cada día vendrás a la una y te quedarás hasta las tres, y luego ya no te veré en todo el día salvo cuando abro mi salón, al que puedes asistir si lo deseas, así como quedarte a cenar en mi casa esas dos noches siempre y cuando te abstengas de aburridas discusiones, que es algo que me saca de quicio. Durante el mediodía puedes contarme todo lo que necesite saber de tí, el resto del tiempo deberás cuidar de tí mismo. No puedo proporcionarte entretenimiento a expensas del mío propio. Bueno, basta, ahora ya conoces mis deseos y confío en que no correspondas mi amor de madre llevándome la contraria”.

(Carta de la madre de Arthur Schopenhauer a su hijo)

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