Archivo por días: 8 julio, 2008

IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Tras este alucinante cortinaje vegetal se encuentra la casa refugio, o casa del árbol, o mansión encantada, o un poco de todo y más, de Iván Zulueta, tipo genial que rodó de un arrebato “Arrebato” (1980) y luego lo mandó todo a paseo porque después de un Arrebato mayúsculo como ese qué haces, a ver, y porque el rollo de las drogas por poco lo manda a paseo a él. Y se escondió aquí, en la casa familiar, al cuidado de una madre que, de manera significativa, está presente de forma multiplicada en cuadros y más cuadros de la abigarrada y fascinante casa que se les está cayendo a pedazos, como las esquinas desgastadas de los álbumes de cromos de papel ya amarillento, que Zulueta recorre con la vista y el índice diciendo apasionadamente mira esto, pero mira esto, y así comprendes muchas cosas de aquel arrebato, de la Pausa, del instante en que la conciencia queda suspendida ante la contemplación de una textura, un color, un nada que es un mucho porque te proyecta fuera de ti hasta meterte dentro del que fuiste.

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

De todo esto y más va “IvanZ”, que es un documental de Andrés Duque. No es nuevo pero yo no lo había visto y es lo que más esperaba de esta edición especial restaurada de “Arrebato” que Karma Films y la FNAC acaban de presentar en 2 dvds imprescindibles.

Duque se presenta con su cámara de vídeo en la casa de Zulueta, en San Sebastián, cuyo interior es, a lo caótico, lo que fue aquella casa de Ravel donde se amontonaban, ordenadísimos, según el carácter y las maneras de su dueño, autómatas, cristales de colores y recuerdos. Zulueta nos recibe vistiendo un albornoz azul del que sobresale una panza sedentaria, y habla y habla, y fuma y fuma, y se abre paso entre cajas y carteles, y señala cuadros, y nos hace subir escaleras para enseñarnos más cosas y, de paso, la vista donostiarra:

Iván Zulueta IvanZ

Cual flautista de Hamelin, Zulueta engancha con su discurso, parece una Norma Desmond encerrada en su mundo de recuerdos pero con mirada chispeante y un caudal verbal generoso, en cantidad y calidad, en el que salpican las ironías y agudezas. Dos hallazgos entre tantos: la figura de la madre, el primero. Llega la madre de Zulueta e interrumpe su discurso inagotable haciéndonos levantar la ceja con pasmo:

-Iván, hijo, hace viento ¿has cerrado las ventanas de tu cuarto?

-Ahora iba a hacerlo, sí.

-Ah, bueno, porque ya lo que nos faltaba, que se nos rompieran también los cristales.

Y entonces nos cuentan a dúo el estado de precario equilibrio de esa casa pero lo hacen con una gracia increíble. ¿Usted sigue pintando?, pregunta Duque tras el objetivo de su cámara. Yo ya no pinto nada, responde la buena mujer con chispa genial. La madre de Zulueta ya no tiene espacio vital entre tanto cacharro, menos mal que le queda su enorme y blando sillón en el que hunde su reúma frente a la tele. Y, como el hijo, nos habla y nos habla mientras Zulueta da vueltas alrededor de ella con su albornoz azul, sus pantuflas y sus cigarros, puntualizando esto y aquello.

Iván Zulueta IvanZ

Iván Zulueta IvanZ

Otro hallazgo: el momento en el que Andrés Duque pone en manos de Zulueta una cámara de vídeo Sony. Grande. Zulueta coge el juguete en sus manos y empieza a mirar por el objetivo y se enfocan el uno al otro en círculos, como si estuvieran retándose.

Iván Zulueta IvanZ

Fascinado por tanto botoncito y tantas posibilidades (del súper 8 y los 16 mm al vídeo digital hay un vértigo) a Zulueta se le abren los apetitos, así lo dice, y de pronto sale apresuradamente a la calle, y nosotros le seguimos. Dónde irá este hombre.

A grabar en la retina del objetivo las hojas:

Iván Zulueta IvanZ

Qué mirarán con tanta insistencia unos ojos como los de Zulueta, qué encontrarán para demorarse tanto tiempo (arrebatado?) mientras la cámara de Duque asiste con una distancia respetuosa a la intimidad creativa del momento.

Y, por supuesto, en IvanZ son impagables los momentos de reflexión. Sobre sus experimentos en súper 8 previos a aquel arrebato y sobre el “Arrebato”, cuando se volvió mayúsculo y la película mágica que es.

Iván Zulueta IvanZ

Precioso trabajo, sin un minuto falto de sustancia.