Preliminares

La tienda donde compro el pan el domingo es una tienda trampa. Mientras esperas que una de esas barras tan ricas salga de la nueva tanda que se hornea en un horno cuya contemplación despoja al pan inmediatamente de toda su poética, observas la estrategia de la repostera. Ella quiere que esperes y como sabe que una vez ojeado el infernal aparato los ojos enseguida van a querer cambiar de ángulo, rellena el mostrador, y digo bien, porque lo rellena hasta en las finas cornisas que bordean las vitrinas acristaladas donde están expuestas unas tartas que todas ellas son poesía, de bolsitas conteniendo una infinita gama de placeres que ponen a prueba tu voluntad. Afortunadamente, hay una vía de escape y es mirar el espejo oblicuo que hay arriba, detalle del decorador para agrandar el espacio mediante ilusión óptica, para sacarle miga, qué se yo. Y ahí ves quién entra a tus espaldas, como en las películas del Oeste cuando James Stewart toma tranquilamente su whisky con una mano extendida a lo largo de la barra del Saloon y en el momento de llevarse el vaso a la boca mira por el rabillo del ojo porque ha percibido una turbulencia momentánea en la luz, señal inequívoca de que se acerca, de manera traidora, el malo del western.

Estaba yo ante el mostrador, pero no del Saloon y, por tanto, sin whisky, ni falta que hace, debe dar eso unos calores que para qué, cuando por el espejo he visto entrar abanderado por el cuello, como si fuera la capa de Supermán pero en versión bandera española, acompañado de tres o cuatro banderas andantes más, al mensajero que desde hace unos años ha contribuído a llenar más de un estante y dos de mi filmoteca sin saberlo. A pesar de la confianza que dan los años de entregas, me resulta curioso ver la diferencia entre la cordialidad profesional y la desinhibición fuera de horas de oficina. Y es lógico, por supuesto. Pero me hace gracia. Porque en cuadrilla, en tribu, a ciertas edades, máxime si vas abanderado desde el cuello, la adrenalina o la testosterona, que a fin de cuentas, de eso se trata, de una cuestión de poner huevos, de ver quien los tiene más cuadrados, empieza a bullir, a golpear en las paredes de las arterias y las venas, como los toros que esperan el comienzo del encierro sanferminero y golpean contra las puertas que los separan de la inminente carrera, ahora la cuesta de Santo Domingo, ahora la calle de la Estafeta, y eso se nota en la manera de dirigirte a los otros colegas abanderados, y en la inquietud mostrada por un delator movimiento, ahora te apoyas en una pierna, ahora en la otra, como si te estuvieras meando, y sobre todo en los colores, y no precisamente en los de la bandera, sino en los de las mejillas. Esta noche de final de Eurocopa, la calle será un griterío tribal si hay victoria, una reunión de machos, en vez de portar la tibia del otro portarán la bandera o lo que sea.

El mensajero ha tecleado inquieto en su móvil mientras continuaba oscilando entre la pierna derecha y la izquierda y ha dicho pero vienes o qué cojones te pasa, y yo he pensado dos cosas, una, se lo dice a la novia, dos, definitivamente, de cojones va la cosa. Falta por saber si la novia sacará los suyos también. Un señor mayor a mi izquierda se ha vuelto y ha puesto cara como de decir, qué carácter; ese señor se ha vuelto porque no ha reparado en el espejo panorámico dispuesto discretamente frente a él, algo más arriba, y no será porque no ha visto westerns, que en más de uno y más de dos sale el truco del espejo. Yo creo que la frase del mensajero ha sido más impactante por el timbre testosterónico de su voz que por el mensaje en sí, porque ha sido decirlo y ya no ha dicho más, sólo un ah, bueno, como si acabaran de leerle la cartilla de arriba abajo.

Un euro con cinco vale la barra de pan, que es una barra rara, bastón lo llaman; lo raro no es la barra, es que le llamen bastón a una cosa que no tiene forma de bastón sino que parece una barra de pan pero más rústica. Llevas los cinco céntimos, un momento, sí, los llevo, gracias, de nada, adios, adios, siguiente? Mi proveedor habitual de películas ha reparado en el tipo al que con cierta periodicidad entrega unos paquetes pequeños, de forma rectangular y se ha sobresaltado un poco y ha puesto gesto de lunes y ha dicho un buenos días de miércoles, por poner ejemplos de días en los que suele pasar por aquí. Como yo no tengo nómina fija y no distingo entre laborables y festivos le he dicho sin sobresaltos si preparándonos para la Final, cosa obvia por otra parte pero era una forma de que se recuperara de su sobresalto, que luego me entra complejo de culpa, y él ha respondido sí, sí y le ha sonado el móvil con un politono galáctico. Igual no habían terminado de leerle la cartilla. Me he despedido con el gesto pero él se ha quedado con los ojos fijos en la pantalla, con esa cara que pones cuando no sabes si debes atender la llamada o no.

Un pensamiento en “Preliminares

  1. toni

    ayer fue un día de preliminares, pero de los bonitos. de los muy bonitos. más que nada porque todos estábamos igual. aunque no nos gustara el fútbol. y no lleváramos banderas ni nada.

Deja un comentario: