Viaje

En la foto aparece Diego el verano que se fue a Guatemala. Algún día teníamos que ponerle nombre y rostro porque conocerle, le conocíamos. Viene y va de este blog, igual que hace fuera de él, que está aquí y de pronto está allá, así todo el rato.

Va una pista: un día escribí que estando sentado en un banco en una plaza rodeado de edificios ultramodernos muy altos de acero y cristal me acordé del inolvidable Tooru Okada, que en unas páginas de la no menos inolvidable “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” hace lo mismo. Me sentí Tooru Okada pero sin caramelo de limón en la boca y sin la señora enigmática que se para delante de él acrecentando el enigma, que para eso es señora enigmática. Lo que sí ocurrió fue que sonó el teléfono. Era un ex-alumno mío del año de la polka que se fue a la universidad después de hacer incursiones en la música sin saber que lo suyo era en realidad la literatura. Tuve esa convicción cuando él todavía iba al instituto y cayó en mis manos un relato suyo. Pues el del teléfono era Diego que me decía si me acordaba de él y tal. Pues claro, no me voy a acordar. Además de acordarme acordé con él que le daría clase a cambio de un relato. Luego me pasé por una librería y busqué un ejemplar de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y, según mi consulta, resultó que a Tooru Okada se le ocurre sentarse en una plaza a mirar a la gente una mañana de la página 355.

Pues esta tarde estaba leyendo en casa la página 182 de otro libro cuando ha vuelto a sonar el móvil y de nuevo era Diego. Me voy a China, ha dicho. Es normal que el título del libro que estaba leyendo pierda toda su importancia tras haber escuchado eso. Lo escuchas claramente pero repites: ¿A China? Sí, a China. Y yo: ¿Cuándo? Y él: mañana.

(y me he quedado así)

Tanto el paréntesis como el punto y aparte son pertinentes para indicar que me he quedado un poco sobrecogido, porque lo de Diego me parece absolutamente admirable, le da bocados a la vida, le pone ponerse a la aventura y supera las dificultades del camino con la recompensa de la búsqueda. Porque Diego busca, eso está claro, es cuestión suya saber qué y dónde encontrarlo, si allí en la China o acá por dentro. Muchas veces “dentro” está más lejos que la China. Lo de Diego me sobrecoge porque me parece admirable, pero esta tarde al escucharle por el móvil no he podido evitar preguntarle si me aseguraba que iba a volver, puede parecer absurda la pregunta pero es que Diego capaz es de quedarse o de dar otro salto, y eso ha sido quizá un poco egoísta por mi parte porque se lo he preguntado un poco temeroso, un poco entristecido, con la convicción de que no se puede ir del todo porque todavía queda mucho por hablar y por estar. Hay personas a las que extrañarías de una manera especial sin que sepas muy bien por qué, y tampoco hace falta saberlo, lo que hace falta es una vuelta dentro de dos meses, de dónde, pues de allí donde se vive ocho horas por delante a catorce horas de avión.

Si alguien que tiene que hacer 100 kilómetros por la noche para presentarse al punto de la mañana al último examen de la universidad para luego ir a Madrid y de allí volar a Londres y de allí a Pekin, y aún así insiste en pasar por tu casa a las 11 de la noche para charlar un rato y despedirse, ese es un amigo. Es más, es inevitable perdonarle que no haya cumplido con el trato de la entrega del relato. Diego es una de esas personas de las que dices: me importa. Y además lo sabe. Por eso cuando se marchaba le he vuelto a preguntar con ironía si prometía que iba a volver y le he dado un abrazo de esos en los que te sientes, por este orden, amigo, hermano mayor y un poco de padre. El primero le dice que la experiencia va a ser alucinante y enriquecedora, el segundo dice sin decir, como hacen los hermanos cuando se dan un abrazo y uno le desea al otro lo mejor, y el tercero le pide que escriba un mail cuando llegue aunque sea para poner eso: que llegó.

Iba Diego hacia el ascensor y se ha vuelto sonriente para decir con el índice en alto: volveré. Es un alivio saberlo.

6 pensamientos en “Viaje

  1. C.

    Amigos, hermanos mayores y un poco padres. Lo has dicho muy bien. Así somos con algunos alumnos a los que la transmisión mutua de saberes y emociones nos vincula especialmente. Qué suerte.

    Viajar es una experiencia maravillosa a los dieciocho, a los veinte, a los veintipocos… Ahora ya no es lo mismo -no puede ser lo mismo-: se echa de menos la mochila, el tugurio, la aventura (se echan de menos los veinte, para qué nos vamos a engañar).
    De todos modos, el mundo está mucho más cerca ahora, ya lo verás :)

    (De un viaje a China saldrá un buen relato: los lugares muy ajenos -como los propios- llevan también dentro de uno mismo al que quiere mirar dentro de uno mismo, y ahí está el pozo).

  2. toni

    lo que más me gusta de viajar es que te quedas así

    :o
    admirado

    (
    con la ceja levantada

    o
    y la boca abierta

    y luego se te acumulan las palabras y tratas de guardarlas en la cámara de fotos y que quede exactamente cómo lo has visto y cómo lo has sentido. para así, luego, más tarde, en casa, sentado en la terraza, te acuerdes y sepas que ese relato que le va a salir a Diego de China te va a emocionar casi más que las fotos. o incluso igual. como saber que ha llegado. y saber que eres su amigo. y que él es el tuyo.

  3. Diego

    Son las dos y pico de la mañana (esto de charlar un rato a partir de las 11 es lo que tiene…), conduzco, del verbo conducir, que no es lo mismo que ir de Tudela a Pamplona, en algunas ocasiones es mucho más, y esta lo es. Siento como si con mis grandes, lejanas y por otro lado fugaces pretensiones, estuviera perdiendo mi alrededor, como si mirara hacia el otro lado del charco, como de puntillas, a ver que encuentro…
    Me gustan esas visitas, esa habitación, esa ventana desde la que se ve ese alrededor, ese momento por el que digo, cómo no! volveré.
    Un abrazo

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