Calor

Ha llegado el calor. De golpe. Golpe de calor. Y esta mañana el paisaje urbano tiene nuevos elementos: la chavalería con la euforia de la liberación vacacional en la cara, el calor y la luz. Hay mucha luz. Tanta que la observación se agudiza y caminaba esta mañana por la calle y me he dado cuenta de que la gente tiene, en general, una cara fatal. La gente está peor de lo que parece, estoy convencido, la gente guarda una inmensa cantidad de secretos, miserias, temores, disimulos, infinidad de cosas que se reflejan en sus rostros. Y cuando llega la primera luz del verano, blanca y azul, y les sorprende por la calle, se les nota. Seguramente a ello contribuye que el calor les aplasta y entonces les hace parecer todavía peor, como descolocados, deambulan como si ese plató no fuera el suyo. A nada que mires un poco te das cuenta, no hace falta ser un lince. Yo, que tanto respeto me inspira el verano, aunque también es cierto que cierta curiosidad para un rato, iba tan tranquilo, y no es porque no se me note nada, es que yo soy el mismo en invierno que en verano, y si toca mal pues toca igual allí que aquí y si toca bien pues lo mismo.

Pero el calor y la luz, sobre todo la luz del verano, son implacables. Si algo se iba torciendo es probable que termine por romperse: una relación que no funciona, la enfermedad de un familiar que se lleva como se puede, la toma de conciencia y el cuestionamiento de lo que verdaderamente uno es, lo que hace, lo que debería hacer. Siempre sale en las noticias de la tele el psicólogo listo que dice que en verano aumentan las separaciones porque las horas de convivencia aumentan. Lo dice todos los años en las noticias y después pasan a los deportes. Los psicólogos van de listos porque dicen cosas que creen que los demás no sabemos y además las dosifican; en las noticias sólo dicen la punta del iceberg para que no cunda el desánimo en la población y la gente siga haciendo lo que hace, las vacaciones, por ejemplo, ser capaces de meterse en interminables retenciones en un horno de coche para llegar a una playa hormiguero y alojarse en una colmena a precio de escándalo y, a pesar de ello, decirse a sí mismos con honda satisfacción que esto es vida.

La gente se engaña. Los psicólogos no sólo lo saben sino que refuerzan el engaño. No lo hacen a mala uva, por supuesto; en el fondo se sienten como una ONG interconectada con dos objetivos comunes: aliviar a los otros y, de paso, aliviar las propias insatisfacciones sintiéndose útiles, que a ver si nos vamos a pensar que los psicólogos están por encima del bien y del mal. Pero refuerzan el engaño, sí, en esto y en todas las demás cuestiones de la vida.

Lógicamente, hay excepciones, gente liberada, afortunada, pero queda la duda de si el programa de su disco duro ha producido un error vertiendo en la corriente neuronal una interferencia en forma de espejismo, un chute hormonal que les hace decir, pues a mí no me pasan esas cosas, pues yo no lo veo así, pues no estoy de acuerdo. Claro, qué si no.

2 pensamientos en “Calor

  1. toni

    lo de que la gente está fatal es cierto. además, salen todos a la calle. pero todos. estaban ahí, escondidos en forma de caracol en sus casitas, y ahora, zas, todos a llenas las avenidas, las plazas, los parques y, sobre todo las playas. a lucir carne, que para eso la tenemos y el sol nos tiene que poner morenos, muy morenos. de lo contrario, eres un bicho raro. ayer vi como una señora se ponía aceite bronceador y luego se tumbaba al sol y se oía un frssshhhh. cuando estuvo de un lado, se dio la vuelta. un frssshhhh con más fuerza. y luego se rebozó por la arena. es curioso cómo las tentencias culinarias se parecen al verano. casi tanto como a los psicólogos.

  2. emejota Autor

    El “aroma” a mezcla de bronceadores y a fritangas corporales, amén de las que llevan los playeros domingueros para no moverse de allí hasta la tarde, es una de las estampas más deprimentes del verano. Me pone las pelos de punta. No sé qué opinará el psicólogo culinario. Habrá que preguntarle si lo mío es normal o si entra dentro de la lógica del telediario.

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