Alquiler

Viernes (porque esto fue el viernes).

Querido blog:

He vuelto al videoclub. He vuelto por las mismas razones por las que lo abandoné, allá por el mes de Enero: por ninguna en especial; fue de repente, un día va y no vas. Pensándolo mejor, quizá fueron las series, sí, va a ser eso, las series. Descubrí a un tipo que comparte con los demás las series por internet y conmigo la obsesión por el pixel bien definido; vamos, que el tío es un maniático de la definición y domina con virtuosismo el tema de la compresión hasta el punto de convertirme a la causa, a mí, escéptico, mordaz, crítico despiadado hacia esas cosas del divx y demás.

Sí, soy un converso.

Desde entonces, docenas de capítulos, temporadas enteras de a saber cuántas series se almacenan ocupando unas parcelas de las 500 gigas de extensión de un disco duro externo. Series buenas, claro; en realidad, de muy buenas a excelentes. Ese es otro motivo que me alejó del videoclub: con frecuencia me resulta más estimulante lo que me ofrecen las series que lo que me ofrece la pantalla grande, pero eso es algo que comparto con un número creciente de personas, creo, como le pasa al que comprime las series, que las comparte. Aquí la cosa es compartir. ¿De dónde si no, Weeds, Damages, Studio 60, Dexter, y etc, etc?

Y también está el hecho de que lo que más me interesa del cine no lo suelo encontrar en el videoclub. Eso es porque o soy muy raro en gustos o porque los videoclubs de aquí son muy pequeñitos. O por las dos cosas. Pero por alguna razón, el viernes hacia las 9 de la noche (si se le puede llamar noche a las 9 de la noche a mediados de Junio) decidí dar un paseo y fuí a parar al videoclub. Entré y la dueña estaba detrás del mostrador con la cabeza apoyada en una mano y el codo apoyado en el mostrador (¿se podrá resumir lo anterior diciendo simplemente “con la cabeza acodada en el mostrador”? creo que sí pero de repente he visto la cabeza de la mujer en una posición un poco rara) En fin, sigo: entré y estaba en esa postura con la mirada perdida y entonces me reconoció y se le abrieron los ojos pero mucho y se incorporó y salió del mostrador con los brazos medio en alto y el torso un poco ladeado, igual igual que el típico gesto de las actrices del cine mudo cuando exhibían sus dotes dramáticas. Hago esa comparación porque es que la mujer del videoclub no decía nada, como en las películas mudas, bueno, más que eso incluso porque no había hombre del piano acompañando el gesto de las manos en alto, ese gesto que no sabes muy bien si interpretar como que te están diciendo atrás, atrás, o dichosos los ojos, o ande vas o si, simplemente, se están protegiendo de algo que cae del piso de arriba.

Era lo segundo. La mujer me dio un abrazo de esos que comprometen la caja torácica y me plantó sendos besos, de esos besos que no se dan y punto sino que se dan y se quedan un rato y además hacen mmm, como dejando una impronta, como maternales, apresurémonos a precisarlo, que el mmm por escrito y más entre abrazos y besos se presta fácilmente a malentendidos. Sorprendido por la efusividad a mí no se me ocurrió otra cosa que dar unas palmaditas a la espalda como cuando le ayudas a un bebé a echar el aire después de la papilla y justo entonces me sentí muy ridículo y ví por un monitor los ojos exoftálmicos de Elijah Wood mirándome desde Oxford y casi daba miedo y todo. La mujer del videoclub me tocaba el brazo como si no terminara de creérselo y decía madre mía, madre mía, pero chico, pero tú sabes lo que nos hemos acordado de tí, pero bueno, pero qué tal estás, pero fíjate que le preguntaba a fulanito y a menganita pero sabéis que es de emejota y a ver si te veían y, bueno, pero qué cuentas, chico, y qué tal estás, trabajas mucho o qué. Y la mujer del videoclub hacía todas esas preguntas seguidas sin que yo pudiera siquiera empezar a contestar a ninguna.

Iba a contestar finalmente a una cuando de pronto, como si se hubiera acordado de algo esencial guardado desde la fecha de mi último alquiler, me da un codazo y me dice: oye, sabes que siempre siempre siempre te nombramos en casa porque eres igual igual igual que uno de “Operación Triunfo”? Y ahí me quedé como Elijah Wood, con los ojos así, igual igual igual. Y antes de preguntarle (con fundado y confundido temor quién) se encargó ella misma de decírmelo pero no supe a quién se refería. Un profesor pero no sé cuál. Y me dió una rabia. Porque ya que te “pareces” a alguien qué menos que saber a quién. Total, que puestos ambos al día del orden del día, a saber, las tribulaciones del negocio y las personales, me dije que ya que estaba allí iba a echar un vistazo. Todo nuevo, claro, después de tantos meses. Alquilé “Juno”, porque todavía no la había visto, y pasé de largo por “No es país para viejos” porque me da una pereza terrible esa película, y no sé por qué.

No sé, igual retomo las visitas esporádicas al videoclub a pesar de las series y a pesar de lo que se ve en los expositores del videoclub. Deberían abrir un videoclub de series. Lo que pasa que entonces echaríamos de menos al tipo que comprime las series mimando como mima al pixel.

2 pensamientos en “Alquiler

  1. toni

    qué lástima de vídeoclubes. en algunos sitios han cerrado incluso todos los que había. por suerte algunos aún quedan, como el Casablanca, que está frente a la oficina, y que lo lleva el hijo de Toni, que era (porque se murió hace dos años) el dueño del cine de Binissalem, un pueblo de unos cinco mil habitantes del centro de la isla. a mediados de los ochenta, cuando los vídeos no se cargaron a la estrella de la radio sino a las de las pantallas grandes de los cines de pueblo, incluído el del abuelo, también se cargaron el de Toni. así que montó un vídeoclub. supongo que, por eso, su hijo se niega a cerrarlo, porque no quiere que su padre vea como internet se carga otro lugar al que ir cuando quieres que te cuenten historias. qué lástima de vídeoclubes.
    es maja, Juno. y es enorme No es país para viejos.

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