Big Bang

Una vez exploté y me llevé por delante lo que encontré por el camino.

Hecha esta afirmación, veraz como pocas, conviene ahora hacer una pertinente matización habida cuenta de su contundencia: no hice nada malo ni raro, no le puse a nadie la mano encima, cómo le voy a poner a alguien la mano encima si el mero pensamiento de hacerlo me sobrecoge. No, mi explosión consistió en mandar a la mierda a alguna y a algunos y a casi todas las cosas que hasta ese momento me rodeaban. Eso sí, lo hice con tal contundencia que la onda expansiva todavía debe estar estremeciendo el eter allá por la estratosfera. Visto desde la distancia, me arrepiento en todo caso de las formas pero no del hecho en sí. Motivos no faltaban.

Cuando uno explota de tal manera que es consciente de que a partir de entonces ya nada va a ser lo mismo y con la incertidumbre de si será para mejor o para peor, pasan dos cosas: visto desde fuera, explotas y punto. Pero visto desde dentro, que es como yo lo viví, lo peor viene tras la explosión. Porque lejos de pensar que te liberas, lo que ocurre es que las grietas que se han producido empiezan a supurar y escuecen, y en el intervalo entre el hasta aquí hemos llegado y reunir las mínimas fuerzas necesarias para decir empiezo de nuevo hay un espacio de tiempo dolorosísimo y desconcertante.

El día que me bajé del mundo, empezaron a ocurrir cosas, algunas buenas, otras no tanto. Entre las no tanto está que al detenerte y comprobar que, sin embargo, el mundo no se detiene, descubres con una nitidez cruel que la vida no es reversible. Y en una circunstancia como la mía, en la que desde el final de la infancia has vivido, sí, pero siempre a la espera de poder volver a incorporarte a la vía principal, donde circulan todas las vidas, con sus logros y sus frustraciones, sus esperanzas y sus coscorrones en la pared, ese descubrimiento te agobia. Mucho. Entre las cosas buenas estuvo el descanso y el tiempo para la reflexión, por ejemplo del asunto de la frase anterior y de otros tantos. El paisaje tardó mucho en reconstruirse tras el terremoto pero una vez puesto en pie me puse en contacto con algunas de las personas a las que había afectado la onda expansiva para disculpar las formas, en algunos casos también el fondo. Únicamente pretendía decir: no soy así, no son mis formas. Y que cada cual siguiera su vida. Nada más. Hubo quien lo aceptó pero en líneas generales observé que en el fondo la gente no perdona y mucho menos olvida. Y todavía menos si quien ha sacado los pies del tiesto es el chico formal de toda la vida. Para ellos, sencillamente, ya no eres el mismo. Esto es extensible a los satélites, es decir, a las personas no afectadas pero alineadas con las otras. Como en la guerra, igual. Cada uno de nosotros somos la imagen que los otros se han hecho de nosotros mismos, lo que quieren que seamos: yo toda la vida he sido el chico formal, el modelo a seguir en no se qué, y a alguien así está visto que no se le tolera que mande a la mierda a la gente con una contundencia que dejaría temblando al mismísimo Fernán Gomez.

Mientras tanto, los médicos explicaron la virulencia de la explosión uniendo a las circunstancias ambientales la acción en el organismo de los fármacos anti-TNF, elevando el hematocrito hasta la estratosfera, y la hipertensión, y la ansiedad generalizada por el bloqueo de no se cuántos neurotransmisores y todo ese rollo que quedó escrito y descrito aquí. En contra de lo que pueda parecer, eso no me sirvió de excusa sino que, al contrario, me hizo sentir peor puesto que me encontré a merced de los elementos; vamos, que yo no llevaba el timón. Y si uno va a perder los estribos qué menos que hacerlo a gusto y a sabiendas, digo yo.

Estas personas, ella, ellos, lo supieron. Lo supieron porque no te perdonan, no te miran, te evitan, te cerrarían la puerta de su casa. Pero te leen. Según me pille me parece mezquino o divertido. Como he vuelto a perder el sentido del humor y desde el domingo por la noche se ha apagado la luz y no precisamente por esto, hoy no me parece divertido. Mezquino tampoco. Solamente lo rememoro y, de paso, recuerdo que un blog personal está para dejar constancia de lo que pasa, lo bueno y lo malo, y no para medir las palabras por si te lee uno u otro. Con la mano puesta en el corazón, no deseo ningún mal a estas personas. Pero tampoco me inspiran el menor interés. Uno no explota y manda a alguien a la mierda con mayúsculas porque sí. Allá cada cuál con su silencio y su conciencia, aunque estoy convencido de que la gente se inventa hasta la conciencia y zambulle su insatisfacción vital en una ficción líquida. Quién pudiera, pienso a veces. Otras no.

11 pensamientos en “Big Bang

  1. La vecina

    y al que no le guste que se rasque. que si vamos a estar cada paso meditando si a alguien le sentará mal todo se convierte en cristal y te encierra. ni hablar.

    (preparando una dosis de humor para enviártela)

  2. toni

    es necesario hacerlo, emejota. en serio. es como llorar a moco tendido y sin poder parar de una vez por todas. hay que hacerlo una vez cada par de años. aunque sea viendo una película. o pelando cebolla. y mandarlos a la mierda. usando el blog o el teléfono o el cara a cara. de lo contrario, corroe. poco a poco se hace hueco y va llenándolo todo de nada. las ganas, las sonrisas, incluso a Bach y los bizcochos de la vecina. o cosas como estos dos minutos y veintinueve segundos. http://quemaldad.blogsome.com/2005/11/15/dos-minutos-y-veintinueve-segundos/ y eso sí que no se puede consentir.

  3. emejota Autor

    (me encanta cuando te sale el carácter, vecina)

    (me encanta que seas mi vecina)

    toni: sólo puedo decirte :)

    (y que me encanta que estés)

  4. La vecina

    (yo estoy preocupada porque cada vez me sale más)

    (será la edad :P)

    (un brindis con cocacola por los vecinos)

    (por todos no, por nosotros)

  5. C.

    Leer sobre un bigbang ajeno, sus causas y sus consecuencias, me ayuda a enfocar mejor algunas modestas explosiones, propias o cercanas.
    Siempre ayuda ponerse en el lugar del otro, tanto para controlar fogonazos como para entenderlos.
    Pero, qué quieres, a veces es inevitable -y es bueno- soltar algún que otro cañonazo. Y, además, hay gente que se lo merece mucho, qué leches. Si, además, tienen pasta de voyeurs y se asoman a tu ventana, qué le vamos a hacer, verán lo que tengas a bien mostrar, les guste o no.

    (vecina, lo de la edad se nota, sí -un poco de descolgamiento, alguna canilla y -al fin- lo de “a-quién-leim-por-ta-loooo-que-yo-haga”…)

  6. emejota Autor

    Hay fogonazos incontrolables, C, créeme, dí que tampoco es cosa de todos los días. ¿Ponerse en lugar del otro? Muy poca gente lo hace. Qué pesimista soy con la especie humana, no? umm

    (os tenéis que conocer, la vecina y tú, con la excusa de una de esas infusiones raras de roiboss o como se llame que tanto os pone)

    Un abrazo

    (por cierto, Rachel, me temo que sí que es la edad :P)

  7. arrebatos

    No sé quién lo dijo, que lo importante no es tomar una decisión, sino asumir sus consecuencias. Y en eso estamos. Pero si algo está claro es que son mucho peores los arrepentimientos por aquello que uno no hizo, que por aquello que hizo.

  8. Rachel

    sí sí sí C. quiero recomendación de infusiones que estoy bajo mínimos :D. Qué rica la de roiboiss, aún me queda un poquito

    (reunión/encuentro con infusión y cocacola?¿?¿?)

    (cachis con la edad)

  9. C.

    Me va el plan :)
    Que organice el varón -dandy-, por favor.

    (seguro que hay infusiones con antioxidantes y esas gaitas)

Deja un comentario: