Toner

Cualquiera que haya asistido al fallecimiento de un cartucho de toner de impresora laser habrá observado con cierto estupor y preocupación cómo empieza a fallar la memoria y los folios que escupe presentan lagunas blancas donde debería haber palabras, o cuatro semicorcheas o una barra divisoria. Recuerda un poco a la lenta agonía de HAL9000 (no lo haga, David, no lo haga) y hasta sobrecoge un poco, sobre todo cuando llega un momento en el que un folio sale con encefalograma plano certificando la muerte cerebral de quien, hasta ese momento, había mostrado un comportamiento óptimo. Si el óbito, además, tiene lugar a las 2:40 de la madrugada la escena adquiere un matiz de recogimiento íntimo, silencioso, un qué le vamos a hacer, un a todos nos llegará la hora, un ay dicho en murmuración, apenas despegado de los labios.

Pero también jode, las cosas como son.

Sobre todo cuando al punto de la mañana tienes que presentar algo, en este caso, el material de clase y unas partituras para llevarle a mi amigo Rafael en una escapada, que su casa me pilla cerca. Así que entre ambas actividades y el análisis de sangre que me han hecho al punto de la mañana, me he entrado en un Hiper un poco raro porque estaba vacío y un Híper vacío con los suelos relucientes a lo largo de sus ya largos pasillos y lleno de pantallas de televisores mostrando la misma imagen muda, inquieta. Que de pronto se materialice una dependienta sonriente a tus espaldas (y te de un susto Híper) también inquieta, como inquieta el precio de los toner de las impresoras laser. Dí que duran. Aunque tampoco tanto. La impresión de música se lleva mucho toner aunque depende de los autores: Schumann, por ejemplo, lo pone todo negro aunque luego suene distinto. Ravel según, aunque las transparencias siempre dejan huella de toner.

Toner no lleva acento porque no es palabra castellana; laser tampoco por lo mismo. No lo había pensado hasta ahora pero es que algo había que pensar durante el trayecto de ese enorme pasillo vacío que atravesaba todas las cajas registradoras hasta llegar a la única que estaba abierta, la última, allá. Después ya me he encontrado en condiciones de ir a lo mío, a lo que estaba previsto, eso que cuando te acuestas repasas mentalmente diciendo, haré esto y lo otro, y que no se me olvide aquello y tal. Y nos pasamos los días así como si la actividad de cada uno, el trabajo, el colegio, ir al dentista, o todas esas cosas juntas, fuera el motivo principal de la existencia. Cuando dudas de que así sea te entra una melancolía espesa o igual no es ni melancolía pero es que el señor que hizo el diccionario no inventó la palabra adecuada porque a él no le pasó jamas algo semejante; él bastante tenía con levantarse cada día y pensar en no dejarse una palabra entre abs- y afl-, por poner un ejemplo. Pero a mí sí me pasa porque no he escrito nunca un diccionario y tampoco lo tengo previsto. Dedúzcase de esto que de pronto me ha entrado una melancolía que por tonta no dejaba de ser espesa, pegajosa, y me he apresurado a salir de allí no fuera a poner esos suelos perdidos, tan brillantes que estaban.

6 pensamientos en “Toner

  1. toni

    los pasillos vacíos también dan para imaginar cosas. a Ben le daban para dibujar, pero a tí a lo mejor te dan para componer alguna cosa. incluso dos. quién sabe, si puedes quedarte con esa imagen de la dependienta sobre los pasillos blancos, y añadirle algo de la melancolía espesa, igual puedes ponerle banda sonora. y contar su historia en notas. siempre y cuando no te quedes sin toner, claro.

  2. emejota Autor

    El primer tomo del drae! Eso son muchas melancolías, amor.

    toni: me temo que mis discutibles habilidades musicales no da para tanto. A Ben la daba para dibujar; a mí me tienen que decir Ven, es por aquí, porque, para colmo, mi sentido de la orientación también es inquietante. Al menos, hay toner de nuevo, eso sí.

  3. C.

    Jam, me lo has quitado de la boca -de los dedos-, pero yo creo que emejota dice esas cosas para despertarme la vena prescriptiva :)

    No sé qué tal será el drae como lectura de cabecera, pero mucho más entretenido es un diccionario etimológico, que te enseña por qué vericuetos nos han llegado palabras como esa, melancolía, bilis negra, y que por eso le van también los adjetivos que le has puesto. Las hay mucho más interesantes, porque esta (que puede ir con o sin tilde) en realidad no ha cambiado mucho… Y claro, sobre la marcha me doy cuenta de que lo bien que encajan juntos la melancolía y el “humor” negro en algunas personas -y no miro a nadie :)- se debe a que en realidad son lo mismo…

    Hace un par de días estuve en un edificio neogótico, con pasillos iluminados con neón y cubiertos de moqueta y montones de puertas a cada lado-. Di un respingo cuando leí restroom, porque me sonó a redrum y eran las dos de la madrugada. Ya me veía al Danny de turno pedaleando a la vuelta de la esquina… Eso también fue inquietante.

  4. emejota Autor

    Seguro que redrum no aparece en ningún diccionario y, sin embargo, es una palabra que significa mucho para mucha gente. El Danny de turno pedaleando por los inquietantes pasillos del Overlock es más inquietante todavía con la música de Bela Bartok de fondo, compositor que lleva en el nombre una tilde pero que nunca me acuerdo si es de las que se inclinan hacia la derecha o hacia la izquierda. Visto que en el diccionario aparecen recogidas láser y tóner, pensaré en ello la próxima vez que transite los pasillos del Híper ;)

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